Julio De Vido y Kicillof, dos de los artífices de que hoy el país se coma un juicio multimillonario.

Al otro día de la expropiciación (17 de abril de 2012), Clarín tituló: “La Presidenta intervino la empresa y nombró al frente a De Vido y Kicillof” y “Repsol considera ‘ilícita’ la expropiación de YPF y anuncia medidas legales”. Página 12, en tanto, celebró: “Volvió YPF”. Acompañó la imagen una bandera en primer plano y, atrás, la presidente. Una jugada “nacional y popular” que salió mal y que hoy los argentinos, todos, estamos a punto de terminar pagando.

 

Antonio Brufau, el presidente de Repsol, seguramente pensó que se iba a manchar la corbata. Es muy probable, también, que haya insultado por lo bajo. Estaba en la principal sala de reuniones de la torre de YPF en Puerto Madero, negociando la expropiación de la petrolera que había manejado hasta hacía unos días y que el Estado argentino, gobernado por Cristina Fernández, había intervenido.

Le preocupaba su corbata porque el sorpresivo menú que había ordenado para el meeting Axel Kicillof –por entonces viceministro de Economía e interventor junto a Julio de Vido de la empresa– fue bondiola completa para todos los presentes. Mandó a su chofer a comprarlas en los carritos de abajo, en la Costanera. Los españoles de Repsol y los banqueros del JP Morgan, que había contratado la española para negociar los términos de su salida, degustaron el tradicional sándwich como pudieron. “Hubo chimichurri para todos y todas. Les gustó”, resume ahora alguien que estuvo presente en aquella reunión.

Incluso si no le gustó la bondiola o se manchó la corbata, Brufau quedó más que conforme. Luego de esa negociación de días, el Estado le pagó a Repsol USD 4.000 millones en bonos –más del doble con intereses, según algunas fuentes– por el 51% de la empresa que fue “argentinizada” con la aprobación del Congreso. Haber dejado afuera de la negociación a los inversores minoritarios terminó, siete años después, como argumento central del juico en el que ayer la Corte Suprema de EEUU rechazó un recurso de jurisdicción que habían interpuesto los abogados argentinos. Una suerte de “manotazo de ahogado”, luego de dos fallos en contra. Ahora la demanda comenzará formalmente y el Estado nacional podría tener que pagar hasta USD 3.000 millones.

El proyecto que Cristina Kirchner presentó en el salón Juana Azurduy de la Casa Rosada, el 16 de abril de 2012, llevó el nombre de “Soberanía hidrocarburífera de la República Argentina”. “No es de estatización sino de recuperación de la soberanía y control de los hidrocarburos”, dijo la presidenta acompañada de su vice, el hoy detenido Amado Boudou, todo su gabinete y los pasillos y patios colmados de militantes.

Al otro día, Clarín tituló: “La Presidenta intervino la empresa y nombró al frente a De Vido y Kicillof” y “Repsol considera ‘ilícita’ la expropiación de YPF y anuncia medidas legales”. Página 12, en tanto, celebró: “Volvió YPF”. Acompañó la imagen una bandera en primer plano y, atrás, la presidente.

¿De quién fue la idea de la expropiación? “Salió de Economía, del equipo de Kicillof. Él se lo propuso a la presidente, que miró los números, tanto del potencial petrolero como de la falta de inversión de Repsol, y aceptó”, asegura otra fuente que participó de la operación.

La trampa del oso

Hoy, los demandantes sostienen que al momento de la estatización no se cumplió con los estatutos de la compañía, según los cuales quien se quedara con el 51% debía hacerle una oferta al resto de los socios. Por entonces, a los gritos en el Senado, Kicillof daba sus argumentos: “Créanme que si uno quería comprar acciones para entrar a la compañía y pasaba el 15%, pisaba la trampa del oso y tenía que comprar el 100% a un valor equivalente a USD 19.000 millones. ¡Porque los tarados son los que piensan que el Estado tiene que ser estúpido y comprar todo según la ley de la propia YPF, respetando su estatuto!”. Fue el 17 de abril de 2012 en Salón Azul del Senado en la reunión Plenaria de las comisiones de Presupuesto y Hacienda, Asuntos Constitucionales y Minería y Energía en la que el kirchnerismo defendió la expropiación. Lo acompañó De Vido, su “jefe” en YPF.

“Esas palabras usaron los demandantes para justificar que el país no cumplió con las leyes”, aseguran hoy desde la Procuración de Tesoro que comanda Bernardo Saravia Frías.

“Recuerdo la soberbia de Kicillof de esos días: con el dedo decía que no iba a pagar un sólo el peso. Le pagamos a Repsol y ahora vamos a tener que volver a pagar”, refuta la ex senadora María Eugenia Estenssoro.

Una jugada “nacional y popular” que salió mal y que hoy los argentinos, todos, estamos a punto de terminar pagando.

fuente. infobae

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