En Quito, perdía y quedaba afuera del torneo pero en la última bola Lautaro Martínez puso el 2-2 que le da esperanzas al equipo de Ubeda. El sábado se juega su futuro ante Venezuela.

La última bola fue la de la esperanza. Un centro desde la izquierda, casi por inercia, a modo de intento final, cuando el rumbo ya estaba perdido y Argentina empezaba a hacer las valijas para volverse del Sudamericano Sub 20 con otra frustración en el equipaje. Pero Lautaro Martínez puso la cabeza. Ganó arriba, metió el 2-2 y le dio una última vida al equipo de Claudio Ubeda.

El sábado ante Venezuela, la Selección se jugará su futuro. Debe golear a la Vinotinto o ganarle y esperar que Brasil no supere a Colombia. Pero ahora es tiempo de respirar. Argentina estaba con un pie afuera de la competencia. Se quedaba sin chances de ir al Mundial de Corea del Sur. Pero nuevamente golpeó en el último suspiro. Y aún respira.

El clásico contra Brasil siempre es un partido importantes. Pero en este caso, el valor se incrementó más de lo previsto. Es que Argentina quedó sin margen. La victoria de Venezuela 3-0 ante Uruguay en la previa, la obligaba al menos a no perder para seguir con vida en el Sudamericano y con chances de obtener una de las cuatro plazas para el Mundial de Corea del Sur.

Con esta presión, el conjunto de Claudio Ubeda salió al estadio Atahualpa de Quito. Y encima recibió un golpe de arranque. Cuando apenas iban 9 minutos y el juego era muy parejo, sin chances claras de gol, llegó el avance punzante de Brasil, la pelota bombeada al medio para la entrada de Richarlison y el toque al 1-0 ante la salida de Facundo Cambeses.

La Selección estaba aturdida y el travesaño la salvó de un nuevo golpe que podría haber sido de nocaut. No encontraba la pelota. Y cuando lo hacía no sabía cómo atacar. Una pelota parada lo devolvió al partido. Córner desde la derecha, Cristian Romero la peinó en el centro del área y Brian Mansilla la empujó para clavar el empate.

La igualdad cambió el trámite. Ahora era la Argentina la que tenía las riendas, con la saludable intención de abrir el juego y explotar las bandas con Tití Rodríguez por derecha y Mansilla por izquierda.

En una contra casi llega el segundo, con un buen desborde del mediocampista de Estudiantes, que conectó bien el de Racing pero la pelota salió besando el palo.

El segundo tiempo arrancó muy parejo. Ninguno quería arriesgar, El empate le sentaba mejor a los brasileños y la Argentina buscaba pero sin descompensarse, sabiendo que una caída era la eliminación.

Y el baldazo de agua fría llegó de la manera menos pensada. Un penal de esos que hay miles, un pequeño agarrón de Tomás Belmonte a Felipe Vizeu en el área mientras la pelota caía desde el córner derecho y el árbitro cobró penal. El centrodelantero de Brasil se olvidó de la polémica y la tocó contra el poste derecho del arquero argentino que voló hacia el lado opuesto.

Los chicos de la Selección no lo podían creer. Tampoco Gerardo Salorio, el experimentado preparador físico, que desató su furia contra el juez chileno Roberto Tobar.

Los minutos que quedaron fueron de pura impotencia. Sin ideas y con nervios, el combo parecía letal para el conjunto de Ubeda.

En la última bola llegó el inesperado y agónico empate con el cabezazo de Lautaro Martínez. Y ahora Argentina estiró su esperanza. En la última jornada, el saábado y con horario a definir, se jugará todo contra Venezuela: deberá ganarle por cinco goles para no depender de nadie, o tendrá que vencerla y esperar que Brasil no lo haga ante Colombia.

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