manzur

Seguramente antes de que termine el verano, el Gobierno Nacional volverá a cambiar el rostro de quien esté al frente de la Jefatura de Gabinete, donde Juan Manzur cumple apenas 120 días en esa función. Una de las razones es que ni el Presidente Alberto Fernánez ni el propio Juan Manzur, está satisfecho con su rol en la jefatura de Gabinete.

Cuando el río suena….

Oficialmente, la información fue negada y desmentida en las últimas horas del domingo. El mismo Manzur declaró: “La relación con el Presidente es excelente. Estoy enteramente dedicado a la gestión como Jefe de Gabinete del gobierno, coordinando y articulando el trabajo con los ministros y mañana (por hoy) como todos los lunes comienzo a la 7 de la mañana mis reuniones de trabajo”.

Perdió brillo y preponderancia

Cuatro meses después de su entrada al gabinete, la figura del jefe de ministros perdió el brillo con el que llegó a Buenos Aires y el gobierno siguió atravesado por las pujas internas entre sus accionistas. Las versiones en torno a un regreso en el corto plazo a Tucumán se incrementaron con fuerza en las últimas semanas y podría concretarse en los próximos meses.

Fuentes muy cercanas al gobernador tucumano, en uso de licencia, admitieron en reserva que su salida del cargo es inexorable.

Hay allí una de las pocas coincidencias entre el Presidente y su jefe de Gabinete: ninguno de los dos está satisfecho con el rol de Manzur. Por distintos motivos, claro.

Intentó “copar la parada”

Alberto Fernández y su grupo más allegado considera que, de alguna manera, Manzur intentó “copar la parada” de la gestión gubernamental tras el sopapo electoral de las primarias.

En todo caso, sería un pecado de origen. Manzur se instaló en la Casa Rosada tras esa derrota y, sobre todo, ante la peor crisis interna que vivió el oficialismo, detonada por los planteos públicos de Cristina Fernández de Kirchner y la presentación de las renuncias de sus alfiles en el gabinete.

La salida no es urgente y será acordada con el Presidente antes del fin del verano.

¿La Campora manda?

El desplazamiento de su antecesor, el hoy canciller Santiago Cafiero, venía siendo una demanda creciente en casi todos los sectores del FdT que no estaban enrolados en lo que simbólicamente se podría llamar albertismo.

El desembarco de Manzur fue seguido de una puesta en escena, que consistía en mostrar hiperactividad en la toma de decisiones, en especial de él mismo. El concepto oficial era que el Gobierno reaccionaba porque había escuchado el mensaje de las urnas.

Hiperactividad

Así, Manzur empezó a convocar reuniones de gabinete a las 7 u 8 de la mañana, un horario prohibitivo en el albertismo. Y su jornada laboral era frenética de reuniones, actos, viajes, audiencias. Con esmerada difusión.

La vorágine incluyó subirse de prepo, vía avión no comercial, a una visita que Martín Guzmán desarrollaba a Nueva York y Washington a mediados de octubre, en el marco de las negociaciones con el FMI por la deuda.

El círculo áulico de Alberto

Al Presidente y a su círculo áulico no les causó mucha gracia ese estilo acelerado y abarcador. No solo porque lo consideraban artificial, sino porque podía exhibir que antes había lentitud, demoras o inacción. “Juancito es así”, explicaban con sorna.

Pero lo que menos gustó, en especial a Alberto F, es que informalmente Manzur dejara trascender sus expectativas de correr la carrera de una candidatura presidencial.

Lo bueno fue breve

El vendaval Manzur duró lo que una brisa tucumana a la hora de la siesta en verano. Pronto, los funcionarios más próximos al Presidente empezó a evitarlo, le vaciaron las reuniones de gabinete (que se terminaron) y sus apariciones públicas se ralearon.

El Presidente lideró, obviamente, esa suerte de boicot. Ello se hizo más evidente luego de la derrota en las legislativas, cuando Alberto F se sintió empoderado pese al resultado, que celebró como si hubiera ganado.

Ya no hubo marcha atrás en el vínculo y el ninguneo hacia Manzur fue in crescendo. En la escalada hubo situaciones cumbre, como cuando no fue subido al viaje presidencial a Roma y Glasgow (por ahora tampoco está previsto que vaya al de Moscú y Beijing), o cuando acompañó a Alberto F y Guzmán en las casi tres horas de reunión con gobernadores provinciales para compartir vagamente en qué situación estaba el diálogo con el FMI y fue el único de los tres funcionarios del estrado que tuvo imagen pero no sonido, como los viejos televisores de nuestros abuelos.

Dentro de su oficina, todo; afuera, nada. En las últimas semanas, Juan Manzur ni siquiera talla en cuestiones centrales, como negociaciones con el FMI o diálogo con la oposición o viajes presidenciales.

Las maldades incluyeron que trascendiera, vía oficiosa, que integrantes del elenco gubernamental concurrían y concurren asiduamente al despacho del canciller Cafiero, convertido en una virtual Jefatura de Gabinete paralela.

Manzur no come vidrio

Lo incomoda mucho este “no lugar” en el que se encuentra desde hace semanas. Lo ha tratado de aclarar con el Presidente, que le niega cualquier inquina en su contra, aunque los hechos reflejen lo opuesto.

El último de ellos ocurrió días atrás. El jefe de Estado lanzó el martes 18 en San Juan un cluster público-privado de energías renovables junto al anfitrión, Sergio Uñac, y quienes gobiernan otras cinco provincias involucradas: Río Negro, Neuquén, Mendoza, Catamarca y La Rioja. Viajaron con él los ministros Guzmán, Kulfas y De Pedro, y el secretario de Energía, Darío Martínez. Manzur, que iba a ser el puente central con las gobernaciones, no fue invitado.

Por eso es que tiene decidido el regreso a Tucumán, en una salida sin premura acordada con Alberto, prevista para febrero o marzo, según los tiempos que marque la negociación con el Fondo.

 

 

 

 

 

fuente: clarín

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