Por suerte terminó. Sí, estamos vivos, podemos contarla. La panza duele. Tenemos taquicardia. Ya está, es historia. Argentina le ganó a Brasil (111-107) el clásico más olímpico de los últimos tiempos. Hubo que esperar hasta el segundo suplementario. Hasta la última pelota. Paremos de sufrir, por favor.
Y dejemos descansar al Chapu y a Facu. Los clásicos se juegan con Nocionis, con Campazzos. Con huevos. El Chapu es el tipo más cojonudo del universo del básquet, no se discute. Pero nunca nadie imaginó que llegaría a tanto. Facu es un talento en potencia, sin embargo lo de esta tarde de sábado en Río de Janeiro superó sus propios límites. Uno anotó 37 puntos (más diez rebotes), el otro sumó 33 (más 11 asistencias). Uno y otro se agrandaron en la brava. ¿¡Qué más podían hacer!? Nada…
Nada le quedaba por dar a Chapu. Y a tres segundos del final sacó un triplazo desde el fondo del alma. Nada le faltaba a Facu para redondear un día excelente. Y no se conformó: desde el último cuarto su injerencia en el tablero y en el juego fue total. La Argentina se alimentó de la nafta de los gladiadores. Y de a poco se contagió el resto.

Lo mejor de los tiempos suplementarios.
Con la cancha llena, con camisetas argentinas por un lado y brasileñas pegadas, con mucho grito, primero fue la hora de la chapudependencia. Nocioni calentó la mano con cuatro triples. La Selección corrió en ese rato a su ritmo. Mezcló posesiones cortas, buen porcentaje de media distancia y marca muy cerrada. Garino le puso el moño a ese tramo con un robo y volcada para el 28-19.
Argentina confió demasiado en el tiro externo. Y, cuando la bola dejó de entrar limpita, perdió el control que había tenido en el inicio. Brasil bombardeó en el segundo cuarto con tiros de tres desde las manos de Alex García y Guillerme Giovannoni. Los papeles se dieron vuelta. Así, la Selección se fue al descanso 44-52.
Desde ese momento, hubo que pedalear siempre desde atrás, con el marcador en contra. Lo positivo es que la Argentina nunca se rindió ante un Brasil que no se animaba a cerrar el juego. El bajón de Manu (13 puntos, y errático en los libres: 4 de 14) y Scola (15 puntos) en esa segunda mitad se compensó con esfuerzo de conjunto. El empuje grupal resultó vital para salir de situaciones adversas. Ejemplo: los ocho puntos de diferencia cuando que quedaban a poco más de dos minutos para el final del partido.
El triple de Dios (de Nocioni) cambió todo; 85-85. La Selección llegó a los suplementarios cansada pero con otro espíritu. Y pudo cerrar el primero con un tiro de Manu. Un Manu que reconocería que esta vez les debió dejarle la pelota a Chapu y Facu. Porque esto es un equipo. Un gran equipo de roles. Un equipo que lleva tres victorias sobre cuatro en los Juegos Olímpicos. Y que ya tiene que empezar a pensar en España, en la previa a los cuartos.
Ahora sí, paremos de sufrir y a disfrutar este triunfazo ante ¡Brasi! Partidazo. Una tarde épica de Chapu y Campazzo. Jugaron con el alma, muchachos.

Fuente: Oé

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