Una cumbre bilateral en Córdoba, un acto en el anochecer porteño y una cita, con agenda tóxica, en el conurbano oeste. Las tres postales, a simple vista desvinculadas entre sí, son las piezas de un mismo puzzle: los sacudones y ardores que atraviesan al peronismo.

Los tres movimientos tiene una matemática similar: intentar dejar en minoría, en los armados del PJ, a Cristina Kirchner que se encamina en estos días a lanzar, como contó Clarín la semana pasada, su nueva marca electoral: Convocatoria Federal Kirchnerista, que abraza una sigla autoreferencial, CFK.

Veamos cada caso.

1. El chaqueño Domingo Peppo​, el más inquieto de los gobernadores post K, se arrimó al cordobés Juan Schiaretti para invitarlo a que se integre al bloque de caciques que ubican a Cristina en la vitrina del pasado. “Los gobernadores renovadores buscan acercar posiciones con Schiaretti y Mario Das Neves” dijo a Clarín un operador de esa liga. La visita, formal pero simbólica, del chaqueño (que la semana pasada se vio con Florencio Randazzo) es el primer paso para ampliar el bloque peronista que se ordena lejos de la jefatura de la ex presidente. Es la segunda foto conjunta, en pocos días, de Schiaretti y Peppo. La semana pasada, junto a otros gobernadores, se vieron con Mauricio Macri por la reforma electoral que impulsa la Casa Rosada. “El Gringo recibe y habla con quien lo llame” dicen en Córdoba, enfocados en el tema provincial. En 2017, Schiaretti debe ordenar dos expedientes: si José Manuel De la Sota reaparece como candidato a diputado o si confrontará o irá a un acuerdo con el PRO. “En Córdoba, Macri ya no es lo que fue para la elección”, dice un peronista cordobés que da por hecho que De la Sota irá por otra aventura: emerger como ganador peronista en 2017 para sentarse en la mesa del 2019.

2. El jueves pasado, el ex jefe del PJ porteño, Juan Manuel Olmos presentó oficialmente el Nuevo Espacio de Participación (NEP), que en dialecto PJ debería leerse como “Nuevo Espacio Peronista”. Olmos fue, durante la última década y media, socio de Víctor Santa María, el titular del gremio de Suterh y actual jefe del peronismo porteño. La fractura entre los aliados históricos tiene como componente primordial la mirada sobre Cristina. Santa María la reinvidica como jefa, la invitó a hablar (por teleconferencia en el acto por el 17 de octubre) y forma parte de la mesa K que se junta en “Los Gurises” y arma el encuentro cristinista del 7 de diciembre en el microestadio de Ferro. Olmos cree que la ex presidente no puede volver a mandar al peronismo. El jueves mostró su esquema, entre los cuales estaban los apoderados del PJ porteño y un número grande de congresales. Datos: los apoderados son los que firman las boletas de candidatos; el Congreso es el que define el esquema de alianzas electorales. Traducción: lo que Olmos puso en marcha abiertamente es una maniobra para intentar arrancarle a Santa María el control del peronismo de la Ciudad que implicará, por derivación, arrancárselo a Cristina, además aislar a La Cámpora. Para ello, Olmos necesita sellar un pacto de reciprocidad con Andrés Rodríguez, del gremio de UPCN, el otro “dueño” de una porción importante de la estructura porteña. En números, Olmos y Rodríguez controlan 116 de los 204 congresales del PJ.

​3. Un enredo similar se gesta en el PJ bonaerense que preside Fernando Espinoza. Los intendentes, casi sin distinción de tribu, quieren modificar el staff de apoderados para que representen la nueva realidad territorial. Espinoza prometió convocar a un congreso para hacerlo y mañana se reúnen en 3 de Febrero, como un gesto a Hugo Curto, ex intendente que preside la junta del PJ, para discutir sobre el presupuesto bonaerense y además ensayar nombres y cantidades sobre el tema apoderados del PJ. Aunque Eduardo “Wado” De Pedro sobreviva a la razzia, lo que se perfila inevitable es que la representación K quede en franca minoría. Espinoza será el que pueda darle número y firma a la ex presidenta quien, ante un escenario adverso, podría quedarse sin “manos” en el PJ para resolver candidaturas. Esto responde a una lógica que puede sintetizarse así: los intendentes, aun aceptando a Cristina como candidata a nivel provincial -lo que a algunos les gusta mucho y otros nada-, querrán tener el control sobre las listas de legisladores provinciales y las boletas locales para evitar intromisiones de La Cámpora como ocurrió en estos años. Es decir: también en el PJ bonaerense, Cristina quedará más aislada.

Fuente: Clarín

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