De defensores de los cambios electorales se tornaron en críticos de las acciones transformadoras.

Cual si fueran panqueques en el aire, dos de los referentes del Acuerdo para el Bicentenario (ApB), justamente no se ponen de acuerdo entre lo discursivo y las acciones propias y de sus funcionarios. Aunque parezca una situación sacada del viejo sketch del “indeciso” protagonizado por el ilustre Carlitos Balá, el actual titular del Plan Belgrano, José Cano, y el intendente de San Miguel de Tucumán, Germán Alfaro, no definen si son reformistas o quieren que sigan vigentes aquellas prácticas que criticaron con dureza en las elecciones provinciales de agosto de 2015. Cabe recordar que las denuncias por fraude se multiplicaron y generaron la realización de marchas, en las que las cabezas visibles fueron las de la fórmula opositora, José Cano y Domingo Amaya, además de otros referentes, entre los que se encontraba Alfaro.

Críticas y aprendizaje
Lo curioso es que en ese momento se criticaba la utilización de innumerables acoples, el traslado de votantes y las dádivas, o sea las mismas metodologías que llevaron a asegurar la intendencia capitalina para el ApB. En ese triunfo no hubo objeciones, ni críticas, ni denuncias. Es más, el adversario oficialista, Pablo Yedlin, reconoció la derrota sin hacer ningún berrinche. Eran las reglas de juego establecidas de antemano.
Luego a Cano y sus referentes en la interna radical, no les dio calor echar mano a esos artilugios, que siempre habían sido achacados a la picardía peronista. En medio de denuncias de fraude, Julio César “Cola” Herrera llegó a la presidencia del centenario partido, justo en el año en que se conmemoraba la elección de Hipólito Yrigoyen, de la mano del voto libre y tras un largo período de fraudes electorales que caracterizaron el final del siglo XIX y el principio del siglo XX.
Más allá de lo que podría ser anecdótico, el ApB tiene una pata peronista de la cual seguramente se aprendió mucho, pero justamente no es ese aprendizaje el que reclama la sociedad tucumana y que ese espacio supo representar hasta no hace mucho tiempo.

La hora de la verdad
Pero cuando llegó la hora de la verdad, los referentes del “Cambio”, se opusieron a la lista de nombres que debían conformar la Comisión de Reforma Político Electoral. Objetaron que fuera presidida por el presidente de la Cámara, Osvaldo Jaldo, quien es el impulsor de la reforma y que, para ello, dio muestras de certeza con un paso que nadie se hubiera animado a dar: la eliminación de los gastos sociales en la Legislatura y la bancarización de todos los movimientos del Poder Legislativo, a fin de otorgarle transparencia al manejo de recursos. O sea que mientras que a la oposición política se le ha dado por declamar, el oficialismo se ha tomado en serio la necesidad de dar respuesta a un reclamo de la sociedad tucumana.
Los legisladores que responden al “canismo” y al “alfarismo” pusieron de relieve en la última sesión de conformación de la mencionada comisión de reforma política, esa postura ambivalente de querer y no querer que se avance en las transformaciones necesarias para que en 2019 se tengan comicios transparentes y confiables.

El archivo los incomoda
Pese a que desde adentro hacia afuera el ApB trata demostrarse sólido y unido, hay cuestiones que no se pueden olvidar. Desde el campo tienen fresca en la memoria la imagen desencajada y con la camisa fuera del pantalón del entonces subsecretario de Gobierno del municipio capitalino y actual legislador, Alfredo Toscano, quien se había trasladado con su gente al aeropuerto para golpear a los productores que iban a protestar por la votación en contra de los intereses productivos de los representantes tucumanos en el Congreso de la Nación. Entre ellos se hallaba, el entonces diputado y actual intendente, Germán Alfaro, quien, obediente al “alperovichismo” y al “kirchnerismo” había votado en contra del campo. Ahora comparten espacios y se miran de reojo, pero persiste esa ambivalencia, la misma que se respira cuando se habla de reforma política.

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