El periodista Rafael Henzel, uno de los sobrevivientes de la tragedia del avión del Chapecoense, relató detalles del desastre que dejó 71 víctimas. El locutor de radio y TV, que seguía la campaña del equipo brasileño, continúa internado en el hospital San Vicente de Rionegro, aunque su recuperación va muy bien.

“El vuelo desde Bolivia transcurría con normalidad hasta que hubo una turbulencia y saltó una alarma, que a la postre sería la única alarma que hicieron sonar los comisarios de bordo. Cuando comenzamos a preguntar si ya era hora para aterrizar, los tripulantes siempre nos respondían que faltaban 10 minutos para llegar”, dijo Henzel en entrevistas con el diario Marca y el programa Fantástico.

“De pronto, las luces del avión se apagaron sin que nadie nos haya informado de alguna anomalía que estuviese ocurriendo. En ningún momento alguien de la cabina o la tripulación nos dijo ‘ajústense los cinturones’. No avisaron lo que iba a suceder y tampoco que podíamos realizar un aterrizaje de emergencia. Esa información nunca, nunca nos la dieron”, informó el periodista.

“No recuerdo cuanto tiempo pasó desde que se apagaron las luces y el avión se estrelló. Sólo me acuerdo de que miré hacia mi lado izquierdo, ya que estaba en la penúltima fila del avión, y vi a un comisario de a bordo que tenía el cinturón de seguridad bien extendido. Por esa imagen, imagino que ni esa persona sabía exactamente lo que estaba ocurriendo en ese momento”, recordó.

“Cuando el avión quedó a oscuras, el silencio que hubo fue sepulcral. Aterrador. Porque todos los motores dejaron de funcionar. Después de ese silencio tan atroz, el avión chocó. Tuve la suerte de despertarme cuando unos socorristas pasaban cerca de donde había caído y comencé a gritarles para llamarles la atención para que me atendieran”, continuó Henzel.

“Mi asiento había quedado atrapado entre dos árboles y mis piernas estaban atrapadas entre las ramas. Cuando desperté vi a mis dos colegas (Renan Agnolin y Djalma Neto), con los que iba sentados, junto a mí, ya que se habían despegado los tres asientos a la vez. Yo iba en el medio de los tres. Ellos dos fallecieron. Fue muy impactante”, explicó.

“A partir de ese momento comenzó un problema muy serio y demasiado complicado para que pudieran sacarme y ponerme a salvo. Ellos andaban sin camillas, en el suelo había muchas piedras y no estaba firme por el agua que había. Además, para completar ese momento de angustia, mi cuerpo estaba en la parte alta y para bajarme y ponerme a salvo era demasiado empinado. Pero el esfuerzo que hicieron esos socorristas para sacarme de allí sin que me agravara alguna lesión fue tremendo y lo lograron hasta llevarme a una zona en la que había ambulancias. Desde ese momento pasaron 40 minutos hasta que llegué al hospital”, indicó.

“Cuando llegué al hospital, pedí hablar con mi familia en Chapecó para informarles que había sobrevivido. Esa llamada fue un alivio para mi familia, ya que las primeras informaciones que les había llegado era que había dos pasajeros con el nombre de Rafael y que uno de ellos había fallecido, pero nadie podía precisaba a qué Rafael mencionaban. Me marcó mucho cuando mi hijo de 11 años me dijo que él sabía que yo no había muerto porque él me sentía vivo dentro suyo y que mi respiración estaba presente en su corazón. Esas palabras fueron una inyección de vida en mi cuerpo”, dijo Henzel.

“Por un milagro de Dios, ahora mismo estoy relatando esta tragedia tan dolorosa. Ahora lo que quiero es regresar a Chapecó para continuar con mi recuperación y poder retomar mi vida cotidiana y profesional. Esta tragedia unirá por siempre a Colombia y a Brasil. Ojalá una al mundo entero y pueda entrar en el corazón de todos los hinchas y recordar que el fútbol es eso: hermandad entre todos y bajo ningún concepto en el fútbol tiene que haber peleas, violencia o muertes”.

Para finalizar, sentenció: “Le agradezco enormemente al pueblo colombiano lo que hicieron por todos nosotros”.

Fuente: Clarín

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