El ex jugador de Boca percibirá casi lo mismo que cobran los cracks de Barcelona y Real Madrid juntos por su vínculo con Shanghai Shenhua; entretelones detrás de su partida.

Podrán existir mil razones y otros tantos motivos para explicar desde lo futbolístico y lo contextual la partida de Carlos Tevez de Boca a China. Que la motivación. Que la búsqueda de la paz para él y su familia. Que no soportó la presión de ser el gran ídolo xeneize. Que lo afectó el hecho de no jugar la Copa Libertadores en 2017. Que la relación con el plantel y con el cuerpo técnico está astillada. Que el vínculo con Daniel Angelici ya no es el que era. Pero el principal, el que resultó irresistible y determinante para su decisión, fue el factor económico.

La oferta de casi 80.000.000 de dólares por dos años de contrato que puso sobre la mesa el Shanghai Shenhua desacomodó al Apache. Fue algo que no esperaba al borde de los 33 años (los cumplirá el próximo 5 de febrero). Superador a aquel intento de Juventus por retenerlo, cuando a mediados de 2015 sus directivos le propusieron un cheque en blanco, en el que el jugador pusiera lo que quisiera cobrar. Percibir US$ 110.000 por día, como lo es este contrato con el club chino, moviliza a cualquiera.

Más allá de sus cualidades dentro de la cancha, el título de “El futbolista mejor pago del mundo” resulta muy seductor para el ego. Es más: el Apache (40.000.000 de dólares) cobrará casi lo mismo que lo que percibieron en 2016 Lionel Messi (US$ 22.500.000) y Cristiano Ronaldo (US$ 23.000.000) juntos de sus clubes. Impactante.

Resulta curiosa la comparación entre los tres. Más allá del ingreso que perciben en sus respectivos clubes, la imagen de Cristiano y de Messi representa a empresas de diversa índole (ver Pág 3). En el caso de Tevez -hombre de Nike y Pepsi-, desde su retorno a la Argentina fue contratado por marcas nacionales, como La Serenísima. Los spots del Apache luchando contra el personaje animado Pachorra con un yogur Yogurísimo en mano ya forman parte de las piezas de colección de las publicidades de nuestro país. Y también le aportó su espontaneidad a los auspicios de la cadena de supermercados Vea.

Una partida anunciada

En realidad, Tevez se había ido de Boca hacía rato. Las postales de su última noche en la Bombonera (en el 4-1 a Colón de hace 11 días) delataban su inminente despedida. Sólo era cuestión de tiempo. Pese a la goleada, aquella jornada ante el conjunto santafecino se vivió en medio de un clima nostálgico, como si todos los protagonistas supieran que el Apache ya no jugaría más con la casaca xeneize y nadie se animara entonces a decirlo.

Este desenlace era impensado, incluso para el propio Tevez, cuando hace un año y medio regresó al club y dijo haber vuelto más preparado que nunca para el mundo Boca. Pero una vez más, como en 2004, no supo manejar la histeria, el acoso, la locura del fútbol argentino.

No fueron sólo los millones chinos los que impulsaron a Tevez a tomar esta resolución y a romper aquella promesa que le hizo a los 40.000 hinchas que llenaron la Bombonera en julio de 2015 para recibirlo con los brazos abiertos.

Tevez había vuelto para quedarse con las llaves del club. En tiempos del Vasco Arruabarrena como entrenador, y de Daniel Angelici como candidato a la reelección, sus deseos eran órdenes y sus opiniones, palabra santa. Así fue que el preparador físico Gustavo Roberti viajó a Turín para interiorizarse acerca de cómo eran los trabajos físicos y tácticos de la Juventus, para incorporar más información a sus conocimientos. Lo mismo ocurrió con los pedidos de mejoras para las inferiores, para la pensión xeneize e, incluso, para el plantel profesional. Antes de Tevez, en el complejo Pompilio no existía un gimnasio de primer nivel, a la altura de un club como Boca. Ahora sí.

Pero una vez que Angelici logró la reelección, y tras la salida de Arruabarrena, nada fue igual. A través de su representante, Adrián Ruocco, Tevez quiso que el reemplazante del Vasco fuera Jorge Sampaoli. No lo logró y llegaron los mellizos Barros Schelotto, una vieja debilidad de los presidentes (Angelici, y de la Nación, Mauricio Macri). Ante la falta de un Nº 9, habló maravillas de Ramón “Wanchope” Ábila. Tampoco pudo sumar al ex Huracán, que emigró a Cruzeiro. Y el tira y afloje en la lucha de poderes se hizo insoportable.

“Los últimos partidos fueron brillantes, pero es lo mejor que pudo hacer. Ahora Boca se olvida de Tevez y va a ser realmente un equipo”, confiaron a la nacion desde las entrañas del plantel xeneize.

No es determinante, pero sí influye en toda esta historia la falta de incentivos: el hecho de no clasificarse a la Libertadores 2017 fue un golpe duro a sus aspiraciones. Y este año también aparecieron algunos roces con sus compañeros, que lo miraron de reojo por aquella licencia que se tomó apenas el equipo quedó eliminado frente a Independiente del Valle, por la Copa de este año, y hasta le cuestionaron su capacidad de liderazgo por no demostrar una postura más rígida ante actos de indisciplina de algunos integrantes del grupo.

La salida del ídolo tampoco lo afecta políticamente a Angelici. El “efecto Tevez” le sirvió al dirigente para dejar atrás el papelón del gas pimienta ante River en la Libertadores 2015 y para ganar las elecciones hace un año.

¿Cómo queda el equipo?

Tevez comenzará su aventura en China el 8 de febrero próximo, en un partido válido por la clasificación a la etapa de grupos de la Champions League de Asia. El rival del Shanghai Shenhua aún no está definido. Un equipo que ya tuvo en sus planteles a otros ex Boca como Lucas Viatri y Rolando Schiavi, y a Sergio Batista como entrenador.

Ahora bien, ¿y Boca cómo queda? En el plano futbolístico, si tuviera que jugar mañana mismo, formaría con Werner; Peruzzi, Vergini, Tobio o Insaurralde y Fabra; Pablo Pérez, Gago y Bentancur; Pavón, Benedetto o Bou y Centurión. Adiós al 4-2-3-1 o al 4-3-1-2 y bienvenido el 4-3-3. Sin el as de espadas, es cierto. Pero más agresivo en el plano ofensivo y más equilibrado en el medio campo, con un Gago que lo ordene todo. Por eso, la inquietud de los Mellizos para que le renueven cuanto antes el contrato al Nº 5, que en esta nueva era será fundamental.

La segunda etapa de Carlos Tevez en Boca duró 17 meses y 11 días. Mucho menos de lo que el propio Apache imaginaba, cuando en julio de 2015 anunció que volvía para retirarse en el club de sus amores.No cumplió. Llegó con bombos y platillos y se fue en silencio.

Fuente: Canchallena

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