Deportes / Actualidad / Anécdotas / Por Rubén “Gringo” Suárez*. Cuento estás historias como catarsis y para espantar al temible “alemán” (El Alzheimer). Agradezco a los lectores que me alientan a que siga contando estás anécdotas de un deporte casi defenestrado en Tucumán.
Era otro fin de semana de carreras.
Muchas motos en la categoría. Ya había hecho los trámites para comprar dos motores RK. 175cc. refrigerado por agua.
Andaban mejores porque se podía ajustar más el pistón. En los motores de dos tiempos ese ajuste es la válvula principal de llenado de gases.
Ya lo había comprometido a Don Pedro Medicci, del Concesionario Oficial Zanella para todo el Noroeste, y con la ayuda cómplice de Margarita Colomar, cajera y personal de mucha Confianza del negocio y el socio de Don Pedro, el señor Rino Arghitu.
Lo convencieron para que trajera los motores a precio de costo. Como ya dije, éramos corredores muy pero muy pobres “Tin” Noguera y yo. Cada día era más difícil sacarles velocidad a nuestros decadentes fierros y “Lito” Mohamed hacía lo imposible de inventar cosas para seguir desarrollando más potencia.
Como no teníamos ni un peso y ya había contraído un compromiso busque un gran amigo que me pidió que no lo nombre. Tenía una imprenta y me hizo los talonarios gratis de un Bono Contribución para recaudar algo de dinero.
Le di la mitad de los bonos a “Tin” y el resto los traté de vender a todo el que me saludaba. Recuerdo, con mucha gratitud, que Rubén Salim y Luis Salim me compraron unos veinte bonos.
Para ayudarnos Rubén corría con una Berlina Fiat 125 que le preparaba “Lito” Mohamed. Esto hacía que compartiéramos todos los días el taller y así forjamos una gran amistad. Pasó casi un mes y medio y llegaron los motores número 170 de “Tin” y el 172 que era mío.
Traían un cartel que advertía que le sobraban los HP y que no los tocáramos para no perder la poca garantía de Kissling, cuando probamos los motores después de acondicionar los cuadros.
Como dije ya reiteradas veces éramos muy pobres y yo pude conseguir, juntando monedas tras monedas, comprar los caños de acero sin costuras de alta presión de 1/2 x 3 mm de pared. Como eran muy delgados los reforzamos poniéndoles pañuelos en todas las uniones.
Junto a “Lalo” Medina, que hizo casi todo el trabajo de medir, cortar y soldar, todos los caños, fuimos haciendo realidad la nueva moto. La verdad es que quedó de película. “Tin” no pudo reunir más recursos y terminó acondicionando el cuadro Viejo.
Cuando probamos los motores, que venían equipados con un carburador Yurt de 32mm. los que usábamos era Dellorto de 28mm. andaban con una diferencia de casi 2 segundos más lentos que los nuestros.
Entonces dijimos chau a la garantía. “Lito” y todos juntos desarmamos los motores. “Lito” procedió a medir todos los cruces y los cambió reorientando las lumbreras, dándoles formas distintas y puliendo, una por una, dejó a los dos motores exactamente iguales.

Como yo era el “tester” del taller, probé las dos motos y la de “Tin” era un poco más veloz que la mía. Cuando “Lito” vio eso, me dijo que desarmaría la mía para que anduvieran iguales. Le dije que no la toque, que la dejara tal cual estaba.
En realidad, la mía tenía mucha más fuerza. Me aferraba a mi teoría, que decía que la carrera termina a la salida de los mixtos. Y era acertada, ya que “Tin” nunca me pudo bajar el tiempo en clasificación.
Como yo era más desordenado, necesitaba esa potencia extra de fuerza para no visitar el pavimento. Esa era mi última carrera con el motor viejo, el cual estaba con mucho uso y muy desinflado. No se lo reparó por falta de presupuesto.
Había largado muy bien y estaba solo en la punta. En la segunda vuelta iba con Juancito Lara Empujándome de atrás con una moto mucho más veloz.
Cuando llegué al curvón, toqué la palanca de freno delantero y no la encontré. Se había bajado porque se aflojaron los tornillos. ¡La encontré al fin! Cuando frené, no tenía todo el recorrido y entré muy desacomodado. Creo que zafé de pura suerte.
Fue cuando Juan me pasó. Traté entonces de hacer una estrategia distinta. Fue la de ir ajustando en las rectas el manillar. Eso me permitió ponerme detrás de Lara. No lo molesté durante toda la competencia.
Juan, ya muy confiado, se descuidó en la última vuelta y aproveché, con la manija más apretada, para jugarme en el frenaje y pasarlo en la entrada de los mixtos. Terminé ganándole por menos de dos metros la carrera.
Me felicitó como gran deportista que era y me dijo que se confió demasiado, que no esperaba ese zarpazo. Así son las carreras, tenés que tratar de aprovechar lo que te depara el destino para hacer tu mejor papel.
Esa fue la despedida de mi viejo y maltrecho motor.
*Jefe de Fotografía de Diario Cuarto Poder. Reportero gráfico y es corredor de motociclismo. Según sus propias palabras, neófito del periodismo escrito.

