Ada Rizzardo, frente al féretro de su hija, María Soledad Morales, en el cementerio Valle Viejo, de Catamarca. Foto Mario Quinteros

El crimen de la adolescente catamarqueña conmovió al país y desnudó las maniobras políticas y judiciales para tapar todo. A 29 años, buscamos a los personajes del caso.

La imagen es muy distinta a la de aquel día hace 21 años en el que salió con cara de derrota, de traje y corbata, esposado y fuertemente custodiado de los Tribunales de Catamarca. Los ojos del país estaban sobre él. Ahora Guillermo Daniel Luque (53) viste una chomba azul y bermudas salmón. Va con zapatillas deportivas y una bolsa en la mano. Se acaba de bajar de su camioneta negra y cruza la calle despacito bajo el sol del mediodía hacia su casa, despreocupado. Se mueve por su barrio con naturalidad y aunque todos saben quién es y qué hizo, anda como un vecino más.

Clarín se cruzó con Guillermo Luque (de chomba) en pleno centro de Catamarca. Estuvo 14 años preso por el crimen de María Soledad Morales. Foto Mario Quinteros

Guillermo Luque (de chomba) en pleno centro de Catamarca. Estuvo 14 años preso por el crimen de María Soledad Morales. Foto Mario Quinteros

El de María Soledad Morales (17) fue uno de los crímenes más conmocionantes de la historia argentina, símbolo de la impunidad y del encubrimiento del poder político y judicial (que nunca se juzgó).

La adolescente desapareció el 7 de septiembre de 1990 cuando fue a un boliche en Catamarca y su cuerpo apareció tres días después, mutilado en una zanja.

El caso derivó en la intervención de la Provincia, la remoción de la cúpula policial y la realización de dos juicios, luego del que el primero terminara en escándalo.

Guillermo Luque, hijo del entonces disputado nacional Ángel Luque (PJ) fallecido en 2011, fue declarado culpable por la violación y homicidio de María Soledad, casi ocho años después. Luis Raúl Tula fue sentenciado como partícipe secundario del crimen.

Si los 21 años de prisión a los que fue condenado en 1998 por la “violación seguida de muerte agravada por el uso de estupefacientes” de María Soledad realmente hubieran sido 21 años de prisión, Luque recién ahora estaría dando sus primeros pasos en libertad. Pero “El Gordo”, como le dicen, solamente estuvo preso 14 años. Salió de la cárcel de Catamarca en abril de 2010, bajo “libertad condicional” por “buena conducta“.

María Soledad Morales (17) fue asesinada en la capital catamarqueña por dos «hijos del poder» y devino en una crisis política de repercusión nacional.

María Soledad Morales (17) fue asesinada en la capital catamarqueña por dos «hijos del poder» y devino en una crisis política de repercusión nacional.

Aquel 28 de febrero de 1998, Luis Tula también salió con cara de amargura, de traje y corbata, esposado y custodiado de los tribunales de Catamarca. Ese día lo condenaron a 9 años de prisión por ser “partícipe secundario” del crimen de María Soledad, que terminaron siendo cuatro y medio.

Cronología del caso María Soledad

7 de Septiembre

El 7 de septiembre de 1990, María Soledad Morales celebraba una fiesta para recaudar fondos para el viaje de egresados en el boliche “Le Feu Rouge”, en Catamarca. De allí la llevan al boliche “Clivus”, donde estaba Luis Raúl Tula, un amigo de él, Guillermo Luque, y otros “hijos del poder” de Catamarca. Testigos afirmaron que la chica fue manoseada durante la fiesta. Ese fue el último lugar donde la vieron.

10 de Septiembre

El cuerpo de María Soledad Morales (17) apareció mutilado en un zanjón al costado de la ruta 38, en las afueras de Catamarca. Lo encontraron empleados de Vialidad Nacional que recorrían la zona.

14 de Septiembre

El 14 de septiembre de 1990 comenzaron las “Marchas del Silencio”, encabezadas por la monja Marta Pelloni, rectora del colegio al que iba María Soledad. Se mantuvieron durante el desarrollo del caso, todos los jueves. En la séptima alcanzaron un pico de concurrencia de 33.000 personas.

1990


Guillermo Daniel Luque, hijo del entonces diputado nacional Ángel Luque, se entregó a la Justicia. Testigos lo habían visto en Clivus la noche en que desapareció María Soledad y de allí se habría llevado a la chica.

Diciembre


En diciembre echaron al jefe de Policía de Catamarca, comisario general Miguel Ángel Ferreyra. Se detectaron irregularidades en la investigación, como por ejemplo, la orden de Ferreyra de lavar el cadáver de María Soledad para ocultar pruebas. Ferreyra era socio comercial de Luque.

Abril


Las sospechas por el crimen de María Soledad apuntaban a los “hijos del poder”. Una versión sostenía que había más implicados en el caso. En abril de 1991 el Gobierno nacional al mando de Carlos Saúl Menem intervino la provincia de Catamarca que hasta ese momento era gobernada por Ramón Saadi, ante las sospechas de encubrimiento. También envió al ex policía Luis Patti a investigar el caso.

Marzo


El primer juicio por el asesinato de María Soledad terminó en escándalo. En marzo de 1996, durante el primer juicio por el asesinato de María Soledad, las cámaras de TV detectaron gestos sospechosos entre el juez Juan Carlos Sampayo y la jueza María Alejandra Salazar. El debate fue suspendido.

1998


En 1998 Guillermo Daniel Luque y Luis Raúl Tula fueron condenados a 21 y 9 años de prisión, respectivamente, por el homicidio de María Soledad Morales. Aunque la hipótesis de los investigadores sostenía que de la violación seguida de muerte habrían participado entre 3 y 4 personas.

1998


El tribunal que condenó a Luque y Tula ordenó investigar el encubrimiento del crimen de María Soledad. Entre los acusados estaban el ex gobernador Ramón Saadi, varios de sus funcionarios, el ex jefe de Policía Miguel Ángel Ferreyra, funcionarios municipales, personal médico y falsos testigos. Las causas quedaron en la nada.

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Tula ahora tiene 58 años. Sigue vistiendo traje y corbata y recorriendo fiscalías, juzgados y cárceles de la zona. Es abogado penalista y también se mueve sin mucho problema por Catamarca, a pesar de ser, junto a Luque, protagonistas de las páginas más oscuras de la historia criminal de la ciudad.

Ada Mercedes Rizzardo vive en la misma esquina de siempre del barrio Santa Rosa, en el departamento de Valle Viejo, desde que todo el mundo la conoce como la mamá de María Soledad. Ada tiene ahora 70 años y se acuerda de ese viernes 7 de septiembre de 1990 como si hubiera sido el último. De alguna manera lo fue.

Ada Morales, a 29 años del crimen de María Soledad Morales, en San Fernando del Valle Catamarca. (Mario Quinteros)

Ada Morales, a 29 años del crimen de María Soledad Morales, en San Fernando del Valle Catamarca. (Mario Quinteros)

“Es como si todo hubiera sido ayer. Ella se despidió, el papá la llevaba, y ella estaba contenta, feliz, alegre. ‘Mañana nos vemos, ma‘. Me dio un beso y se fue. Yo me quedé con esa imagen de felicidad y alegría de que iba a compartir esa noche con sus compañeros. Pero que por el egoísmo de los hombres le arrancaron su vida. Lo que sí siempre recuerdo es la alegría que tenía porque iba a egresar y se iban a ir de viaje de fin de curso”, cuenta Ada y sus ojos se llenan de las mismas lágrimas de hace 30 años.

El crimen

A María Soledad Morales la encontraron asesinada el 10 de septiembre de 1990 en un zanjón, al costado de la ruta provincial 38, muy cerca de los puentes que cruzan el Río del Valle, y a 900 metros de su casa. Le habían desfigurado la cara, arrancado los aritos y cortado la piel de uno de sus brazos.

El viernes anterior la chica había ido al boliche Le Feu Rouge, donde junto a sus compañeros organizaban una fiesta para recaudar fondos para el viaje de egresados. A “Sole”, que estaba por cumplir 18, le había tocado hacerse cargo de la venta de entradas. Pero en un momento de la noche, la adolescente desapareció.

Durante la investigación se logró reconstruir que Luis Tula, que en ese momento tenía 29 años, pasó a buscar a María Soledad por el boliche con su auto. De allí la llevaron al boliche Clivus, ubicado en la Ruta 1.

Frente del boliche al que fue María Soledad 7 de septiembre de 1990 cuando desapareció. Su cuerpo aparecería mutilado en una zanja, tres días después. (Mario Quinteros)

Frente del boliche al que fue María Soledad 7 de septiembre de 1990 cuando desapareció. Su cuerpo aparecería mutilado en una zanja, tres días después. (Mario Quinteros)

Clivus, que ahora se llama “Muana”, era una discoteca identificada con el poder, donde solía verse a hijos de millonarios y políticos. Jesús Muro, el ex barman de Clivuso, declaró que en la madrugada del sábado 8 de septiembre de 1990, vio a Tula junto a su esposa Ruth Zalazar y amigos. Entre ese grupo estaban Guillermo Luque, el hijo del diputado, y Luis Méndez y Hugo “Hueso” Ibáñez. Estos dos últimos estuvieron detenidos por el crimen de María Soledad, pero las acusaciones terminaron quedando en la nada.

El barman Muro contó que esa madrugada María Soledad estaba “mareada” y que era manoseada por Tula y sus amigos. Lo que vino después, según la versión de la fiscalía, es que a la adolescente la drogaron y la llevaron a “Los Álamos”, un albergue transitorio ubicado en el cruce de las rutas 1 y 41 y que todavía funciona, donde fue violada por entre dos y cuatro personas.

El frente del motel Los Álamos, hoy. Foto Mario Quinteros.

El frente del motel Los Álamos, hoy. Foto Mario Quinteros.

María Soledad murió por sobredosis de cocaína, aunque intentaron reanimarla en un centro de salud. Fue decisiva una pericia realizada en 1991 por un equipo de forenses integrado, entre otros, por Osvaldo Raffo, fallecido la semana pasada.

Para encubrir el crimen de María Soledad, terminaron descartando su cuerpo en un zanjón sobre la ruta 38. Las pericias comprobaron que las heridas que la chica recibió fueron post-mortem. Tenía la mandíbula fracturada en tres partes, le faltaban todos los dientes y le habían diseccionado la piel de uno de sus brazos, posiblemente para ocultar que había recibido tratamiento intravenoso.

El encubrimiento

No fue fácil saber lo que pasó con la chica. La investigación transitó por varios pasajes oscuros desde el principio. Tula fue detenido y liberado, se lanzaron varios nombres como sospechosos y cuando apareció el de Luque se intentó hablar de internas políticas.

Tras múltiples irregularidades, entre las que se intentó ensuciar el nombre de María Soledad, el Gobierno nacional -a cargo del entonces presidente Carlos Menem- intervino la Provincia, que era gobernada por Ramón Saadi. También echaron al jefe de Policía, comisario Miguel Ángel Ferreyra, que casualmente era socio comercial de Luque. Tenían una rotisería.

Más adelante se supo que luego del hallazgo, el cuerpo fue lavado con una manguera para borrar pruebas. Menem también envió al ex policía Luis Patti -luego condenado por delitos de lesa humanidad- para investigar el crimen, pero fracasó.

Ada Morales con una de las fotos de su hija, una de las más emblemáticas del caso. (Mario Quinteros)

Ada Morales con una de las fotos de su hija, una de las más emblemáticas del caso. (Mario Quinteros)

“Se buscaban chivos expiatorios. Y hay una familia, los Vargas -el matrimonio ya falleció- que viven acá cerquita que sufrió horrores. Como coincidía la marca y el auto de ellos con el de Luque, un Ford Falcon, esa familia sufrió horrores. A nosotros nos extrajeron dos veces sangre y ustedes se preguntarán ¿para qué? El auto de los Vargas apareció con sangre de mi hija. Esa sangre que a nosotros nos sacaron la pusieron en el auto de ellos, sospechamos. Pero gracias a Dios el abogado de ellos los ha podido defender, pero han queda traumados para toda la vida”, denuncia Ada.

Un testigo clave de los más recordados fue el colectivero Antonio Ponce. El chofer declaró que la mañana en la que encontraron el cuerpo de María Soledad, en su primera vuelta del día, vio al costado de la ruta algunas luces, un patrullero y varias personas. El colectivero bajó y se arrimó a ver. “Le dijeron: ‘Andá, no hay nada. Fue un accidente‘”, recuerda Ada.

Santuario en memoria de María Soledad Morales, en Valle Viejo. Foto: Mario Quinteros

Santuario en memoria de María Soledad Morales, en Valle Viejo. Foto: Mario Quinteros

Meses después, el colectivero reconoció a las personas que estaban ahí, lo que terminó de revelar las maniobras de encubrimiento. Cuando Ponce, en otra vuelta con el micro, volvió a pasar por el mismo lugar, vio que los policías seguían allí. Se sospecha que el cadáver de María Soledad fue mutilado en ese mismo lugar.

Ese hombre ha sufrido las mil y unas porque lo perseguían. Tenía que cambiar de casa. De un lugar a otro andaba, le ofrecían el oro y el moro, como uno dice. Que le iban a dar trabajo en España, que cambiara la declaración de lo que había visto y se fuera”, cuenta Ada.

La mujer recordó que 16 años después del crimen de su hija, un día a Ponce se le rompió la moto y tocó el timbre en su casa para ver si Elías, que sabía cómo arreglarlas, lo podía ayudar. “Elías me contó quién era él. Yo nunca había conversado con los testigos. Le pregunté y me comentó que lo vivían molestando todo el tiempo para que cambiara la declaración. Me contó todo lo que sufrió, que le tiraban piedrazos en el colectivo, que se subían en los últimos viajes, cuando el micro estaba vacío, para amenazarlo y me contó todo lo que vio esa mañana. Fue al centro, volvió y seguían trabajando. Ahí es donde se dice que la desfiguraron”, cuenta Ada.

Ponce falleció hace alrededor de cinco años a raíz de un ACV. “Él me dijo que no iba a vender su conciencia. ‘Creo en Dios y voy a seguir firme con lo que he visto ese día‘, decía”, señala Ada, emocionada.

"A mi casa vino Ramón Saadi con otros diputados, también el jefe de Policía. Nos querían convencer de que se iba a hacer Justicia caiga quien caiga", dijo Ada. (Mario Quinteros)

“A mi casa vino Ramón Saadi con otros diputados, también el jefe de Policía. Nos querían convencer de que se iba a hacer Justicia caiga quien caiga”, dijo Ada. (Mario Quinteros)

El poder feudal de los Saadi quiso callar a los Morales como fuera. “A mi casa vino Ramón Saadi con otros diputados, también el jefe de Policía. Nos querían convencer de que se iba a hacer justicia cayera quien cayera, que se iba a esclarecer. Esta sala estaba llena de autoridades”, dice Ada en el living de su casa.

La madre de “Sole” dice que nunca recibió amenazas directamente, pero sí recuerda personas vigilándolos con handies. “Nos ofrecían vales de nafta, trabajo para mi hijo mayor. Pero nosotros no aceptamos nada. Siempre digo y hasta el último día de mi vida, que Elías y Ada Morales lo único que buscamos fue verdad y justicia de lo que pasó con nuestra hija porque no quedamos satisfechos. Nuestras manos quedaron vacías. Porque no solo fueron ellos dos en la violación. Y en la desfiguración no tuvieron piedad, le arrancaron el pelo, todo. ¿Qué pasó ahí? Y después vino la difamación. A mí no me importa Elías y Ada. Nosotros estábamos vivos los dos y nos podíamos defender. Pero ella no y no tuvieron piedad”, manifestó Ada, y sus lágrimas de siempre se mezclan con otras más recientes.

Elías Morales falleció el 1° de agosto de 2016, a los 71 años. “Lo más feo de todo es que perdí a mi hija y ahora se me fue mi compañero que era mi sostén”, expresa la mujer.

“Yo a Elías lo tengo muy presente porque él fue el sostén mío. Siempre me decía que yo tenía que estar fuerte. Yo sé que sufrimos, sufrió y sufriremos siempre la muerte de nuestra hija porque fue algo muy injusto, pero él estuvo siempre presente al lado mío acompañando. Lo más triste de todo es que él la vio a su hija cómo quedó, lo dejaron verla. Imagínese usted, llevarla feliz y contenta y después tenerla que ir a reconocer y ver el estado en el que está”, dice Ada.

“Yo le preguntaba qué vio y él se hacía el que recordaba cualquier cosa y se iba para que yo no sufra”, agrega y sostiene que lo que más lo afectó a Elías fue haber visto el cuerpo de su hija. “Él se mostraba fuerte, pero eso lo fue destruyendo por dentro”, asegura.

Ada Rizzardo frente al féretro de su hija, María Soledad Morales, en el cementerio de Valle Viejo. Foto Mario Quinteros

Ada Rizzardo frente al féretro de su hija, María Soledad Morales, en el cementerio de Valle Viejo. Foto Mario Quinteros

Los papás de María Soledad nunca dejaron de reclamar justicia. El matrimonio no solo no quedó conforme con las penas que terminaron recibiendo los dos condenados, sino que siempre pidió que se investigue el encubrimiento del caso, por el que estaban apuntados policías y políticos, entre ellos el ex gobernador Ramón Saadi y el ex jefe de Policía Miguel Ángel Ferreyra. “Todo eso quedó impune“, dice la mujer.

El living de la casa de los Morales está repleto de cuadros con fotos ampliadas de “Sole”. También hay poemas, pinturas y adornos que allegados a la familia obsequiaron. Todo forma parte de un homenaje que mantiene latente la memoria de su hija.

Afuera ese recuerdo también está vivo. Para ir desde los Morales, en Valle Viejo, hacia el centro de Catamarca, hay que tomar la Ruta 38. Después del lugar conocido como Tres Puentes, a la derecha del camino, justo en una curva, aparece en letras gigantes de hierro el nombre de “María Soledad”.

En este lugar, que era un zanjón, hace casi 29 años apareció el cuerpo de la adolescente. Ahora la tierra fue nivelada, hay sombra, bancos para sentarse y estacionamiento. Allí hay un monolito repleto de placas recordatorias y, más atrás, una escalera que conduce hacia una estatua con la figura del tronco de un árbol del que surge una adolescente de uniforme escolar y una antorcha en una de sus manos.

Santuario en memoria de María Soledad Morales. (Mario Quinteros)

Santuario en memoria de María Soledad Morales. (Mario Quinteros)

María Soledad, que Dios te dé el don para que ayudes y sanes a los que creen en ti y en Dios“, dice una placa colocada en febrero de 2016. “¡Soledad! Gracias por los favores recibidos“, se lee en otra. Y así hay decenas, con nombres y apellidos de personas de todo el país. Además de las placas, quienes se acercan a visitar “El santuario”, dejan como ofrenda alrededor de la estatua flores, plantas, velas, cruces, gorros, zapatillas, pañuelos, ropa, broches de pelo, llaveros, cuentos infantiles, cuadernos y apuntes de colegio. Quienes se acercan hasta aquí le agradecen a María Soledad por realizar favores y aliviar dolores.

Las marchas del silencio

“Mi hija salió el viernes 7. El 10 a la madrugada se la encuentra, el martes es el sepelio y el jueves 14 comienzan las marchas. Las compañeras de “Sole” salen con apenas 17 años. Ellas fueron las iniciadoras junto a cuatro padres de familia que las acompañaron”, recuerda Ada.

María Soledad Morales iba al colegio religioso Del Carmen y San José, ubicado en el centro de Catamarca. Conmovidas por el crimen y, por los rumores que circulaban en la ciudad sobre otros casos de violación similares que no habían terminado en muerte, las compañeras de la adolescente -junto a cuatro padres- decidieron salir a marchar.

Frente del colegio Carmen y San José, de donde salían las marchas encabezadas por la hermana Martha Pelloni. (Mario Quinteros)

Frente del colegio Carmen y San José, de donde salían las marchas encabezadas por la hermana Martha Pelloni. (Mario Quinteros)

“Pero, ¿quién estaba en la puerta del colegio impidiendo? El jefe de Policía (Ferreyra). Porque siempre hay infiltrados en todos lados y alguien le avisó. Entonces el comisario le habló a la hermana Martha Pelloni que era peligroso (salir a marchar), que todo era parte de ‘una secta que no se sabe de dónde vino‘ y que las chicas corrían ‘mucho riesgo‘. La hermana les habló a las chicas, que le dijeron: ‘Vamos a salir a pedir Justicia por nuestra compañera‘. Y ella respondió: ‘Pero en silencio‘. Y salieron. Así se fueron sumando, en silencio, los colegios, los padres, los profesores y después el pueblo”, cuenta Ada.

Las marchas del silencio se repitieron todos los jueves y tuvieron réplicas en otros puntos del país; se convirtieron en un símbolo nacional que embanderó a Catamarca en contra del encubrimiento y los abusos de poder. Hubo 82 en total y la más concurrida convocó a 33 mil catamarqueños. Encabezadas por la hermana Martha Pelloni, los manifestantes salían de la puerta del colegio Del Carmen y San José, daban vueltas a la plaza 25 de Mayo.

Elías y Ada Morales junto a la hermana Martha Pelloni en el 15° aniversario del crimen de María Soledad.

Elías y Ada Morales junto a la hermana Martha Pelloni en el 15° aniversario del crimen de María Soledad.

“La primera marcha fue muy emocionante y muy triste. En la primera y la segunda sonaron las campanas de la Catedral cuando doblaban. Después prohibieron eso y fueron prohibiendo muchas cosas más. Se dejó de salir de la puerta del colegio y entonces se salía de la Iglesia del Corazón de María. Después se prohibió la parada frente a la Catedral y se lo hacía en el Monumento a la Bandera. Fueron 82 las grandes en el centro, todos los jueves a las 19. Y los martes se hacía una caminata de nuestra casa al monolito. También había en el interior de la provincia y después se fue sumando Buenos Aires. Con Elías asistimos a una de ellas muy grande”, relata Ada.

Los juicios

Después de cinco años de investigación, el primer juicio por el crimen de María Soledad arrancó el lunes 24 de febrero de 1996. Un mes después lo tuvieron que suspender por un escándalo: las cámaras de televisión habían registrado el momento en que dos jueces se hacían gestos sospechosos en el momento en que debían decidir si detener o no a una testigo por “falso testimonio”.

Primer juicio por el asesinato de María Soledad. Los jueces Alejandro Ortiz Iramaín Juan Carlos Sampayo y María Alejandra Azar.

Primer juicio por el asesinato de María Soledad. Los jueces Alejandro Ortiz Iramaín Juan Carlos Sampayo y María Alejandra Azar.

Los magistrados eran Juan Carlos Sampayo y María Alejandra Azar. En la imagen se pudo ver cómo Sampayo hacía un gesto de negación con la cabeza, mientras el presidente del tribunal, Alejandro Ortiz Iramaín, consultaba sobre el tema a Azar.

Las imágenes fueron advertidas por los televidentes de Telenoche que llamaron a Canal 13 para denunciar lo que vieron. A la mañana siguiente, el entonces abogado de los Morales, Luis Segura, pidió que los dos jueces fueran apartados. Pero ese no fue el único escándalo: durante el juicio hubo denuncias cruzadas de presiones entre los acusados, testigos que se desdijeron varias veces y más actitudes sospechosas entre la defensa de Luque y los jueces.

El segundo juicio empezó el 15 de agosto de 1997, con jueces distintos. Los acusados, otra vez Guillermo Luque y Luis Tula. Durante el debate se logró establecer que María Soledad fue violada y murió por sobredosis. Los investigadores descubrieron una compleja cadena de encubrimiento.

David Olmedo de Arzuaga, presidente del tribunal del juicio por el caso María Soledad, y los vocales Jorge Alvarez y Edgardo Rubén Alvarez.

David Olmedo de Arzuaga, presidente del tribunal del juicio por el caso María Soledad, y los vocales Jorge Alvarez y Edgardo Rubén Alvarez.

Finalmente, el 27 de febrero de 1998, “El Gordo” Luque fue condenado a 21 años de prisión por “violación seguida de muerte agravada por el uso de estupefacientes” y Tula fue considerado “partícipe necesario“. Fue sentenciado a 9 años de cárcel.

Para los Morales, la noche de las condenas es una de las más recordadas. “Nosotros estábamos en casa. Ya a la tarde se sabía qué iba a suceder esa noche. Nuestro abogado vino y nos avisó que por miedo a que se fugaran, los jueces resolvían dictar condena esa noche. Pero ya en la calle empezaron a poner vallas por precaución desde temprano. Mi casa era un mundo de gente”, cuenta Ada.

Segundo juicio por el caso María Soledad y la condena para Guillermo Luque.

Segundo juicio por el caso María Soledad y la condena para Guillermo Luque.

“Estábamos sentados en el fondo, en el patio. Había gente por todos lados, hasta en la calle y los costados de la casa esperando la sentencia. Recuerdo que yo exclamé cuando a Tula le dieron 9 años y, ahí sí, dije algo. ¿Por qué 9 años si le corresponde lo mismo que a Luque? Él es el responsable directo de lo que le pasó a mi hija. Porque él la enamoró para después dejarla y burlarse de ella. La dejó en manos de estos culpables de lo que pasó. Y él no tuvo piedad de mi hija. Como hombre deja mucho que desear porque él salía en los medios a decir que no era mala chica, pero la declaración que él dejó en la Policía y en el juzgado es tremenda. No es de un hombre. Es de un ser diabólico“, dice Ada.

Segundo juicio por el caso María Soledad y la condena para Luis Tula.

Segundo juicio por el caso María Soledad y la condena para Luis Tula.

Luis Tula

Tula fue condenado a 9 años de prisión por ser “partícipe secundario” del crimen de María Soledad. En la práctica, lo acusan de haber engañado y entregado a la chica a sus violadores, entre los que estaba Guillermo Luque. En la Catamarca del ’90, se decía que era una práctica habitual llevarles mujeres a los “hijos del poder”.

María Soledad conocía a Tula porque vivía cerca de su casa y, en ese momento, el joven era muy popular. Estaba a la onda, frecuentaba boliches, andaba en moto y trabajaba en la pileta del club Obras Sanitarias. Un día “Sole” se esguinzó el tobillo y ahí conoció a Tula, que estaba como cuidador y la ayudó.

Después del crimen, Tula negó ser el novio de la adolescente, y uno de sus argumentos era estar casado con Ruth Zalazar. Pero ese matrimonio, contraído en secreto, nunca le cerró a nadie. Al poco tiempo se separaron. También se decía que Tula se hacía el “novio” de varias adolescentes como María Soledad.

El recuerdo a María Soledad en el frente del del colegio Carmen y San José de donde partían las marchas del silencio. (Mario Quinteros)

El recuerdo a María Soledad en el frente del del colegio Carmen y San José de donde partían las marchas del silencio. (Mario Quinteros)

A Tula, libre hace 16 años, se lo suele ver caminando por la zona de los tribunales catamarqueños. De hecho, muy a menudo pasa por la puerta del colegio Del Carmen y San José, al que iba María Soledad y donde hay una placa en homenaje a ella. En la cárcel estudió derecho, se recibió en La Rioja, y ahora es abogado penalista. Por su profesión, defiende a delincuentes, violadores y a acusados por narcotráfico.

Tula trabaja en el estudio de otro abogado, en el primer piso de una galería ubicada en Rivadavia 970. Allí atiende por las tardes, excepto los viernes. También se lo suele ver en la cárcel de Catamarca, esa que tanto conoce, donde visita a sus clientes. Es esquivo con la prensa y más de una vez amenazó con demandas judiciales por la publicación de sus imágenes.

Guillermo Luque

Guillermo Daniel Luque, condenado por el crimen y violación de María Soledad Morales en Catamarca.

Guillermo Daniel Luque, condenado por el crimen y violación de María Soledad Morales en Catamarca.

Cuando le preguntaron a Guillermo Luque si se arrepentía del crimen de María Soledad, el condenado solamente se limitó a repetir: “No doy notas“. No gratis. Desde el principio, “El Gordo” sabía que lo estaban buscando. Sabía que Ada Rizzardo había dado una entrevista y que ahora el equipo del diario lo estaba esperando cerca de su casa en el centro de Catamarca, en Salta al 400.

Luego de varias horas de guardia en las que suspendió sus movimientos habituales, Luque mandó a decirle a los periodistas que daría una nota a cambio de 500 mil pesos. Minutos después del “no” rotundo al pedido del hijo del ex diputado, Luque apareció. Bajó de su camioneta Ford EcoSport negra, que estacionó en un playón frente a su casa, y cruzó la calle acompañado de un albañil que trabaja en la reforma de unos departamentos de su propiedad, ubicados en Junín al 100.

Guillermo Daniel Luque, condenado por el crimen y violación de María Soledad Morales en Catamarca.

Guillermo Daniel Luque, condenado por el crimen y violación de María Soledad Morales en Catamarca.

Un poco se sorprendió Luque cuando vio al reportero gráfico y al cronista. Aceleró el paso, repitió varias veces que no daría notas y se metió en su casa. Antes de llegar había dado varias vueltas con su vehículo, para asegurarse de que no lo esperaran. Les preguntó a sus buchones cómo eran y cómo estaban vestidos los periodistas. Al final no pudo evitar el encuentro.

Luque, que llegó a trabajar en la Biblioteca del Congreso de la Nación, nunca pudo terminar una carrera universitaria. Ni siquiera con el tiempo que “le ganó” a la cárcel, al salir siete años antes. Su rutina es bastante básica: sale todas las mañanas a comprar comida y a la tarde a buscar la merienda, casi siempre facturas. Dicen los vecinos quecada tanto se junta con Tula a tomar café en un bar ubicado en Salta y Esquiú.

El imputado del homicidio Guillermo Luque, sorprendido frente a su domicilio de Catamarca. (Mario Quinteros)

El imputado del homicidio Guillermo Luque, sorprendido frente a su domicilio de Catamarca. (Mario Quinteros)

Divorciado de su anterior esposa, con la que tuvo un hijo, Luque ahora convive con otra mujer Hace poco se fueron de vacaciones a Río de Janeiro. Sus vecinos se dividen entre quienes lo odian por saber sobre su pasado y los que son indiferentes.

Él con algunos se muestra amable, mientras que a otros ni saluda. Algunos se enteraron por pequeñas incidencias sobre su identidad, como por ejemplo, una discusión por el lugar de estacionamiento. Dicen que Luque es muy celoso de sus vehículos, al borde del ridículo.

Tanto Luque como Tula fueron condenados a pagar un resarcimiento de 250.000 pesos (equivalentes a 250 mil dólares) a la familia Morales, por el crimen de su hija. Pero los culpables se declararon “insolventes” y el dinero, que iba a ser donado a un hospital de Catamarca, nunca se pagó.

Hace poco a Luque lo escracharon en un grupo de compraventa de Facebook en Catamarca. Alguien le hizo un comentario sobre eso y “El Gordo” respondió: “Eso fue hace mucho. Yo ya pagué“.

“Sole”

"Por más que pasen los años, las heridas nunca cicatrizan", asegura Ada Morales. (Mario Quinteros)

“Por más que pasen los años, las heridas nunca cicatrizan”, asegura Ada Morales. (Mario Quinteros)

Es difícil imaginar lo que hubiera sido de la vida de una persona que ya no está. Pero Ada Rizzardo mantiene así vivo el recuerdo de su hija. “Yo pienso que almorzaría acá conmigo. Siempre represento a mi hija como que está sentada en la mesa, que ya hubiera sido abuela y habría tenido un nieto de parte de ella. Ella quería ser maestra jardinera, sus hermanas más chicas -mellizas- tenían cinco años cuando ella murió y me ayudó a criarlas. Siempre estoy representándola, pero trato de disimular y que mis hijos no se den cuenta porque no quieren que yo sufra. Pero para mí la alegría de un Día de la Madre y una Navidad es distinta y uno sigue. Por más que pasen los años, las heridas nunca cicatrizan“, dice Ada, la mamá de María Soledad, con la misma sencillez y entereza que hace casi tres décadas.

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