La Selección Argentina está obligada a hablar en el verde césped, donde según los filósofos de la redonda está desde siempre la verdad. Lo demás, sobra. Tal vez no sea tan así, pero lo concreto es que el equipo argentino volverá a jugar después de 128 días, los que habrán pasado tras aquel 3-0 sobre Colombia en San Juan en el que tras la goleada los jugadores decidieron dejar de hablar con el periodismo.

¿Seguirán firmes con esa postura? Ayer los jugadores que arribaron al país no hicieron declaraciones y los que en días anteriores ofrecieron notas no respondieron sobre la Selección. Hoy llegarán Messi y Mascherano y se verá si la medida continúa, aunque nada hace pensar que se revierta en el corto plazo.

Un síntoma de un plantel enojado, golpeado, urgido. Puede sonar a lugar común, entonces, pero la realidad de la tabla empuja y aprieta: Argentina tiene que hablar en la cancha este jueves, desde las 20.30, de regreso en la cancha de River. Hablar fuerte, gritar, hacerse escuchar. El partido ante Chile es decisivo y así lo ha hecho saber el técnico Bauza en cada declaración (el Patón aclaró que respalda la postura del plantel con respecto a la prensa, aunque no la comparte y de hecho, habla).

La cuenta es simple: Chile ocupa el último escalón que clasifica en forma directa al Mundial de Rusia, el cuarto, con 20 puntos, y Argentina (tiene 19 y está en el incómodo renglón del Repechaje) lo desplazaría con una victoria, invirtiendo las posiciones. Es la gran oportunidad. Pero desaprovecharla complicaría mucho el panorama, porque además Colombia (18 unidades) recibe a Bolivia con grandes chances de sumar de a tres.

Así estamos: el choque con Chile, ya un clásico moderno tras la dos finales de Copas América seguidas perdidas, tiene todos los condimentos para que el plantel argentino convierta su furia en juego, tome el necesario envión hacia la clasificación y consiga algo de estabilidad como equipo. O todo lo contrario.

Hasta aquí, bajo la conducción de Bauza, la cosecha es pobre: dos triunfos (1-0 a Uruguay y 3-0 ante Colombia), dos empates (con Venezuela y Perú, ambos 2-2) y dos derrotas (0-1 frente a Paraguay y 0-3 en la visita a Brasil). Ocho goles a favor y ocho goles en contra.

El Patón tiene desde hace rato todas sus fichas puestas en este partido, mucho más que en el posteriorviaje a LaPaz (el martes enfrentará a Bolivia, completando la doble jornada). “Con cuatro puntos quedamos a un paso del Mundial”, insiste el técnico, fiel a su cuenta: está convencido de que ganando los tres partidos que restan como local será suficiente. Sin embargo, las matemáticas no ofrecen tantas garantías y aún sacando puntaje perfecto ante Chile, Venezuela y Perú sería importante raspar algo más como visitante. Y en ese mapa Bolivia parece lo más accesible, incluso con sus 3.650 metros de altura, porque después hay que ir al Centenario para chocar con Luis Suárez, Cavani y Uruguay y, en la última fecha, viajar a Quito para jugar con Ecuador, que hoy es un rival directo ya que está en el tercer puesto.

Está dicho: Bauza tiene a Chile entre ceja y ceja. Y lo repitió, por ejemplo, la semana pasada en una nota con el diario La Nación: “Este es un partido para que el equipo y la gente se reencuentren. Ganarle a Chile será fundamental, y no me importa cómo se gane, pero que se gane”. Sabe, también del impacto anímico que tendría en el plantel, aunque no sea una revancha de las finales.

Imaginando el mano a mano con Chile, es casi seguro que el técnico argentino no podrá cumplir con su deseo de acompañar la buena química que tienen Higuaín y Dybala en la Juventus, nada menos que con Messi y Di María. La idea es atacar, claro. El zurdo cordobés está casi descartado por una lesión muscular y habrá que buscar variantes desde los entrenamientos de hoy. Del lado de Chile llegan malas noticias para el técnico Juan AntonioPizzi y buenas para Bauza: a la suspensión de Arturo Vidal se suman las dudas por GaryMedel y Alexis Sánchez, ambos con molestias. Se trata de la columna vertebral del campeón de América.

Entre las últimas declaraciones de Bauza se puede recortar la siguiente: “Sé que soy responsable, también, de lograr armar un equipo que despierte a la gente”. Esa es otra deuda que comparte con los jugadores: seducir al hincha, recuperarlo más allá de la necesidad de triunfos, convencerlo desde el juego. Llegó la hora: Argentina tiene que gritar que es uno de los mejores equipos del mundo.

Fuente: Clarín

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