Roberto Legue es uno de los cazadores autorizados. Foto: Santiago Hafford

Es una decisión inédita en la provincia; se estima que en lalocalidad, hay 30.000 animales que provocan daños millonarios en los campos.

Su pelea contra el jabalí ya no es pareja. Eso siente Francisco Escoda, de 73 años. Él no puede montar y le cuesta caminar desde hace 10 años, cuando un caballo lo tiró con tanta fuerza que al caer le estalló la tibia de la pierna derecha. A pie y rengo, no puede espantar a los jabalíes, que este año le comieron seis ovejas y, con el hocico, en busca de semillas, le arruinaron 30 hectáreas recién sembradas con cebada. Sonríe cuando ordena mirar dos burros que juegan entre ovejas. “Se hicieron tan amigos que cuando atacan los jabalíes, le hacen frente”, dice.

Hasta esta decisión, la caza de jabalíes estaba prohibida o limitada a cotos, como ocurre en toda la provincia, aunque en esta ciudad había cierta actividad informal. Pero la disposición provincial N°54, firmada el 26 de junio, habilita oficialmente a que 31 personas puedan cazar jabalíes en 33 establecimientos agrícolas o ganaderos de la ciudad, un listado que en la municipalidad planean ampliar rápidamente porque el partido suma 900 productores distribuidos en una superficie de 1,3 millón de hectáreas. “La posibilidad de cazar al jabalí es un reclamo generalizado”, afirma Agustina Saldías, directora de Producción municipal.

La amenaza

Roberto Legue es uno de los cazadores autorizados para matar jabalíes, una especie considerada por el Grupo de Especialistas en Especies Invasoras (ISSG) como una de las 100 más dañinas del mundo. “Maté 21 jabalíes en 30 días”, dice Roberto después de acompañar a un equipo de la nacion a que reconociera los destrozos que habían hecho en el campo que administra y en el que sobresalía la matanza de unas 20 ovejas.

Pisotean la cosecha, levantan la siembra, rompen mangueras de agua, contaminan bebederos, vacían comederos, rompen bolsas de granos, se comen ovejas y terneros, y provocan accidentes en las rutas. “Es dañina para la producción agropecuaria”, concluye la subdirectora de Fauna bonaerense, Mónica Rodríguez.

“Aunque estaba prohibido, en Patagones ya hay cazadores informales que viven de la caza de jabalíes. Son contratados por productores que necesitan proteger sus campos o simplemente aprovechan la carne”, señala Sebastián Hechenleitner, productor ganadero e impulsor de un club local de cazadores, que según señala ya tiene la adhesión de 270 cazadores dispuestos a formalizar la actividad, algo que no será sencillo. En primer lugar, porque la autorización provincial es hasta el 31 de diciembre y para extender el permiso habrá que evaluar si el jabalí sigue siendo plaga. Mientras que la modalidad de caza es otro punto de debate porque lo habitual es hacerlo con jauría de perros, un método cuestionado por proteccionistas, pero que el Código Rural no prohíbe expresamente. Usan entre cuatro y seis perros -generalmente, una cruza de galgo con dogo- para olfatear el rastro hasta ubicar el jabalí y morderlo durante el tiempo necesario que le demanda al cazador llegar hasta el lugar y matar al animal de un disparo o de un cuchillazo. En esa pelea previa, hay perros que pueden terminar lastimados por los colmillos del jabalí o, incluso, muertos.

En acción

La modalidad con jauría es la que empezaron a usar los cazadores autorizados por la provincia. Legue aceptó ser acompañado por la nacion durante una de las primeras salidas de caza después de la habilitación. Recorrió el campo El Olfato junto a sus cinco perros y armado con un revólver calibre .38. Después de tres horas y de que sus perros siguieran rastros sin poder dar con los jabalíes, dio por terminada la salida con una frase con la que buscó graficar la situación: “Si fuera tan fácil cazarlo, el jabalí no sería plaga”.

La desesperación de los productores hizo que muchos incursionaran en métodos prohibidos, como trampas y jaulas con cebos. Estas modalidades están vedadas porque permiten atrapar varias presas a la vez o porque pueden lastimar a animales protegidos, como el puma.

Es habitual ver por la ruta 3 camionetas que llevan jabalíes muertos en la caja trasera. Parte de la actividad es aprovechar su carne para hacer chacinados, una acción que la autorización actual no habilita, porque no refiere a la caza comercial. En el municipio no desconocen esa situación y hasta evalúan elaborar alguna reglamentación que permita establecer normas de higiene y bromatológicas para el consumo de de carne de jabalí, algo que deberán consensuar con la provincia.

 

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