El Frente de Todos, de Alberto Fernández, considera que las personas que reciben planes sociales se dividen en tres grupos: los que si la economía arranca, entran a trabajar; otro sector que aunque la economía arranque tiene problemas de capacitación; y un tercer sector que está con problemas de adicciones, que es muy difícil de insertar en el mercado laboral. Una idea sería dar créditos blandos para que beneficiarios de planes puedan comprar herramientas para trabajar por su cuenta.

Para esos tres grupos de beneficiarios de programas sociales, si Fernández gana en octubre este es el plan: “Hay que armar un esquema de traspaso de planes sociales a trabajo que tenga tres dimensiones. Una, armar una red de 20.000 tutores (el cura, el pastor, la maestra) para generar el vínculo entre escuela y trabajo, entre planes sociales y trabajo. Hay que hacer una red, acompañar y construir un mecanismo para ayudar en la capacitación”.

Insertarse en el mercado

Las áreas de la industria en las que estas personas se pueden insertar en el mercado del trabajo son los “sectores masivos como construcción, textil, comercio, metalmecánica, frigoríficos”, entre otras.

Una segunda dimensión del plan es la más parecida a lo que el macrismo llamó el “Empalme”: Se buscará que puedan convivir el plan social y el trabajo en blanco. Si una persona consigue un trabajo en blanco, que pueda mantenerse 24 meses en el plan, hacer un empalme entre ambos, un esquema conjunto.

“Lo estatal es seguro, y si uno toma un trabajo formal tiene el riesgo de quedarse sin las dos. Entonces la persona que consigue trabajo continúa en el plan durante 24 meses y se va quitando progresivamente. Es un proceso importante de acompañamiento y seguimiento”, analizan la gente de Fernández.

Hay otra idea: dar créditos no bancarios con una tasa muy baja, de 2% o 3% anual, para la compra de herramientas y máquinas, para que gran parte de la gente genera su propio trabajo. “Esto apunta a artesanos, a pequeños emprendedores y a empresas recuperadas. Los créditos tienen una doble lógica: capitalizar, pero también desendeudar, porque muchos tomaron deuda a 200% anual en la financiera de la esquina. Esto permite que la gente saque la cabeza afuera del agua y vuelva a respirar”.

Esa parte le demandaría al Estado alrededor de $20.000 millones que, sumado al programa de tutores, implicaría sumar otro gasto a un presupuesto que ya funciona con déficit fiscal en el marco de una recesión que no cede.

La idea busca vincular a las personas que tienen planes sociales con el trabajo asociado al mercado interno. ¿Se podrá?

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