El conjunto europeo encontró el gol en el inicio del segundo tiempo del suplementario. El equipo de Scaloni nunca logró imponer su juego y sufrió la expulsión de Enzo Fernández y las lesiones de Cuti Romero y Lisandro Martínez.
La Selección no pudo defender la corona ante un España que jugó mejor, lo dominó, le llegó por todos lados y terminó siendo un justo campeón. Y ni siquiera le salió el tiro del final con Simeone reventándola por arriba del travesaño cuando otra vez la hazaña se paseaba en la cancha.
Hubo un partido y hubo una España que quería tenerla y Argentina no se desesperaba. Cuando Argentina la tenía, tampoco España se desesperaba pero presionaba más y mejor. Las cartas en la mesa se pusieron rápidamente con la Selección buscando llevar el partido largo, bajarle el ritmo de un mediocampo español admirable.
Duele como duelen todas las derrotas. Por más que la victoria contra Inglaterra había inflado no sólo el orgullo sino también las esperanzas, Argentina defendió como pudo su título. Argentina marcó la temperatura de un Mundial que ojalá no se recuerde como el último tango del mejor de la historia.


