José “Turco” Ahmed.

El ex subcomisario José “Turco” Ahmed integró la infame “Banda de los Comisarios”: fue condenado a perpetua por el secuestro del hoy presidente. Su historia y sus lazos con la dictadura militar.

No fue fácil lograr la atención del mayor secuestrador de la historia argentina. Llegar al ex subcomisario José Ahmed requirió un poco de insistencia.

No alcanzó, por ejemplo, con tocar durante varios días el timbre de la vieja casa de los Ahmed en Parque Patricios; nadie contestaba, aunque era evidente que había alguien ahí. Tampoco bastó con llamar al teléfono fijo. Una anciana del otro lado de la línea, una de sus hermanas, dijo varias veces a modo de evasiva que “José no está siempre acá”, que “viene y va” y que “yo no tengo mucho que ver con él”.

Una carta debajo de su puerta fue lo que logró su interés; eran unas pocas líneas con un teléfono de contacto, invitándolo a contar su historia, preguntándole, incluso, si aceptaría reunirse con el hoy presidente de la República Argentina, el mismo hombre al que, según la Justicia federal, secuestró 25 años atrás en la madrugada del 24 de agosto de 1991, para ocultarlo en un sótano en una vieja casona llena de humedad sobre la avenida Juan de Garay al 2800 y luego liberarlo 14 días después por un presunto pago de 6 millones de dólares. Horas después de que la carta llegó a su puerta, era Ahmed en la línea, desde un número telefónico encriptado: “Buenas tardes, soy José Ahmed. Muy respetuosa su carta, señor. Voy a enmarcarla, como un grato recuerdo de esta última etapa de mi vida“.

O fue una muestra cruda de cinismo o el ex subcomisario lo decía en serio, pero lo cierto es que Ahmed, tras salir de la cárcel, supo agachar la cabeza, desaparecer de vista y seguir adelante. Fue un cabo suelto por más de dos décadas; hoy, varios de los nombres clave en la trama tanto judicial como policial alrededor del caso Macri no saben qué fue del hombre que fue condenado como uno de los cabecillas del secuestrodel hoy presidente. Algunos lo creían muerto, algo que puede pasar perfectamente en el curso de 25 años. En la PFA, el “Turco” es un recuerdo distante; los actuales comisarios jerárquicos promedian los 55 años. En agosto de 2001, el juez Rodolfo Canicoba Corral sentenció a Ahmed a reclusión perpetua, una figura aún más grave que la prisión perpetua; el ex subcomisario ya había pasado los últimos diez años de su vida preso en el penal de Caseros desde su detención tras el caso Macri en noviembre de 1991.

Canicoba no lo condenó solo por raptar al heredero de uno de los mayores industriales del país; lo condenó como miembro de la “Banda de los Comisarios”, la mayor organización de secuestradores de la historia argentina, una agrupación de policías ultraderechistas vinculados a tareas represivas y de inteligencia negra que cometió raptos durante la dictadura militar para hacer caja, o para ellos mismos o para altos mandos del gobierno de facto. En total, sus botines sumaron más de 12 millones de dólares.

Para Ahmed, el juez Canicoba incluyó en la lista para su condena al empresario hotelero Julio Ducdoc, raptado en 1980 y que jamás apareció, al joyero Roberto Apstein, a la joven Karina Werthein, sobrina del titular del Banco Mercantil. Sergio Meller, hijo de Jaime Meller, un acaudalado empresario textil, fue secuestrado en noviembre de 1984, ya en democracia: lo hicieron bajar de un falso operativo policial de su BMW y lo ocultaron durante cuatro meses y tres días en la misma casa que Macri sobre la avenida Garay en 1984. La familia Meller pagó cuatro millones de dólares para volver a verlo. Meller regresó a la casa en 1991, para reconocerla junto a Macri en una recorrida policial. Alfredo “Poroto” Vidal, un viejo conocido de Ahmed en la carrera policial y también un ex subcomisario, participó en varios de los hechos: fue detenido en 2001 luego de estar diez años prófugo.

Ahmed, foto policial, 1991. (Revista Gente)
Ahmed, foto policial, 1991. (Revista Gente)

Con el tiempo, Ahmed salió. Su caso fue revisado por la Sala I de la Cámara Federal en junio de 2004, en ese entonces a cargo de los jueces Gabriel Cavallo y Horacio Vigliani, que redujeron su pena a 25 años de cárcel. Gracias al beneficio del 2×1, el ex subcomisario pudo dejar atrás de las puertas de Marcos Paz, su segundo destino en prisión, para volver a su familia en Parque Patricios. El día que salió, su hermano Ismael, ex comisario mayor de la PFA que dimitió de la fuerza cuando José fue detenido, lo esperaba en un auto para traerlo de vuelta a casa. Hoy, con 78 años y con un prontuario infame, Ahmed no es ni desafiante o displicente en su hablar, no con su mayor víctima sentada en la silla principal en la Casa Rosada. “No puedo decir que mi familia esté orgullosa de lo que hice”, asegura a Infobae.

El ex subcomisario se niega a una entrevista cara a cara. Del otro lado del teléfono, Ahmed entra en un pequeño monólogo que no tiene ganas de romper. Para el hombre que secuestro a Macri, morir fuera del ojo público parece el mayor valor posible: “Volver a 1991 me parece muy triste. No por mí, sino por mi familia. Somos 20, hay muchas criaturas. Me dediqué a ser escritor, escribí diez libros. Sufrí un fuerte cáncer de próstata. Quiero vivir lo que me queda de vida en familia y tranquilidad. Mi conversación con usted será el último recuerdo de este hecho en el camino que me queda“. Luego, casi de la nada, suelta una frase al menos llamativa, un elogio para su vieja víctima: “Mauricio Macri es un hombre admirable”.

-¿Lo votó?

-Sí, lo voté.

El tiempo no se lleva todo

Ahmed dice ser abogado. “Debería haberme metido bastante antes a estudiar”, admite con una suerte de vergüenza. No miente: está habilitado para ejercer la profesión según datos del Colegio Público porteño, con su tomo y folio desde 2007. Vivir con dos hermanas en la vieja casa familiar sin cuentas bancarias ni tarjetas a su nombre parece algo frugal para un hombre que pidió y cobró botines considerables y en moneda americana tras secuestros de extrema violencia. Cuando fue detenido por el secuestro de Macri en noviembre de 1992, la Policía Federal allanó su casa de dos plantas con pileta sobre la calle Luis Sáenz Peña al 1100: había casi un millón y medio de dólares dentro bolsas de consorcio.

Ahmed, por lo visto, todavía trabaja. Para registrarse en el Colegio de Abogados, el “Turco” dejó un número de teléfono fijo: el de la papelera Estrame SA, la empresa familiar que incluyó en el directorio a sus hermanos Benjamín e Ismael entre otros parientes.

“El señor José no vino hoy”, dice una secretaria que atiende el teléfono en las oficinas de la firma, también en Parque Patricios. Estrame SA suele trabajar con el Estado, según datos del Boletín Oficial. En los últimos dos años, participó de licitaciones del Ministerio de Agroindustria y del Ministerio de Defensa; Migraciones le adjudicó una compra de 5 mil resmas A4. En octubre del año pasado, la firma ganó licitaciones privadas para proveer a Presidencia y a la AFIP.

En todo caso, José Ahmed supo cómo ganarse la vida de forma legal a lo largo de su vida, al menos a simple vista. A los 23, tras recibirse de oficial en la PFA, compró un viejo Plymouth para manejarlo como taxi durante seis años, según un artículo del diario Clarín. Llegó a jefe de informes de una empresa de tarjetas de crédito, tuvo una verdulería sobre la avenida Córdoba e incluso una agencia de seguridad privada, San Jorge, que regenteaba junto a su hermano Camilo con oficinas, precisamente, en la casa familiar en Parque Patricios.

Camilo habría sido quien le ofreció a José  ser parte del secuestro de Macri. No llegó a ser juzgado por Canicoba Corral: el menor de los Ahmed murió el 14 de enero de 1992 mientras era buscado intensamente por la PFA con un pedido de captura del juez Nerio Bonifatti. Apareció con un tiro en la cabeza sobre el pavimento en Mar del Plata; se habría suicidado antes de caer de un departamento del piso 12 en el edificio Palacio Edén de la ciudad costera, no muy lejos del Casino. Su muerte es hasta hoy uno de los puntos más oscuros de la trama alrededor del caso Macri: “Mirá vos. Se pega un tiro y después se cae de una baranda”, ironiza una fuente que conoció bien el expediente. La pistola que le quitó la vida apareció con él sobre la calle, una pequeña Smith & Wesson .635. La misma fuente se ríe al recordar: “El arma se cayó de un piso 12, pero no se le movió un solo resorte”.

De vuelta en la PFA a fines de los 70s, en plena impunidad de la dictadura militar, Ahmed llegó junto a “Poroto” Vidal a un puesto jerárquico en una de las brigadas de la Superintendencia de Seguridad Federal de la PFA. En su confesión en el caso Macri, el suboficial Miguel Ángel “Jopo” Ramírez, uno de los condenados por Canicoba Corral como miembro de la “banda de los comisarios”, aseguró según Clarín, sacando algo de pecho: “Para entender en qué asuntitos anduvimos, tendrían que saber que yo trabajé en las brigadas de Seguridad Federal, a cargo del ‘Turco’ Ahmed y del ‘Poroto’ Vidal, en la época de la denominada ‘guerra sucia'”. El 7 de agosto de 1979, luego de haber secuestrado a Karina Werthein, el “Turco” y “Poroto” participaron en la captura por su presa más célebre hasta el momento: el empresario Osvaldo Sivak.   

Un poco más de oscuridad

Sivak, presidente de la Buenos Aires Building Society, ya no vivía en Buenos Aires a tiempo completo. La atmósfera de la dictadura lo había empujado a Montevideo tres años antes junto a sus hijas y su mujer, la abogada Marta Oyhanarte; fue en un viaje de vuelta a la ciudad en dondelo raptaron a punta de pistola en su Dodge Polara, a metros de la intersección de Libertador y Cerrito. Oyhanarte estaba en Uruguay cuando ocurrió el hecho. La familia Sivak, con el padre del empresario, Samuel, y Julio Goyret, vicepresidente de Buenos Aires Building, quedó a cargo de las negociaciones. Los secuestradores pidieron cinco millones de dólares, una cifra que luego se bajó a dos millones en moneda norteamericana que Goyret consiguió en las casas de cambio América y Bayres.

Quienes tenían raptado a Sivak ordenaron explícitamente que no se hiciera la denuncia policial; Oyhanarte, después de varias idas y vueltas, decidió reportar el hecho. La división Defraudaciones y Estafas de la PFA quedó a cargo del caso. Finalmente, el pago se convino: el Dodge Polara de Sivak estaría sobre la avenida Díaz Vélez. Samuel Sivak se encargaría de dejar la plata en el baúl del auto. Vidal y el “Turco” Ahmed estaban en las inmediaciones del lugar, presuntamente para llevarse el pago. Algo salió mal; un policía los interceptó.

El dilema era obvio: federales detenían a federales con un botín millonario. Antes de llegar al Departamento Central de Policía, según constó en la causa posterior, Ahmed y Vidal fueron llevados a un garaje en Sarmiento y Gallo donde se llamó a autoridades de la fuerza. Sivak padre y Goyret esperaron en una sala del Departamento Central: una figura jerárquica más tarde les dijo que se olvidaran totalmente del tema. Ahmed y Vidal dimitieron casi de inmediato de la PFA. Sivak, por su parte, recibió una nueva amenaza antes de volver a su familia: debía pagar un millón y medio de dólares, o algún día la pagaría él mismo. Se negó a entregar el dinero y se fue del país. En el invierno de 1985, Sivak era secuestrado nuevamente por policías para morir de un tiro; su cadáver, ya huesos, fue encontrado dos años después. El caso quedó en manos del Juzgado Federal N°5 a cargo del doctor Martín Irurzun; el hoy camarista Mario Filozof actuó como su secretario. El secuestro de 1979 también fue investigado; Irurzun lo consideró parte necesaria de la trama.

Así, Ahmed y Vidal fueron arrestados en 1986. Ambos negaron ser partícipes del hecho en sus indagatorias, pero lo que dijeron, reflejado en la sentencia de primera instancia firmada por el juez, no dejó de ser revelador. Vidal, un cínico, llegó a decir en una audiencia con Oyhanarte presente un pensamiento típico de quienes participaron en la represión ilegal solían esgrimirle a civiles: “Ustedes están acá porque nosotros nos manchamos las manos con sangre”.

“Poroto” admitió que en ese entonces se desempeñaba en la Superintendencia de Seguridad Federal, más precisamente en el Departamento de Contrainteligencia y que cumplía “una misión encomendada por el comisario Fioravanti quien entonces era jefe de Asuntos Subversivos de la Policía Federal”. Antonio Benito Fioravanti había muerto poco antes, escapando al juicio a las Juntas; su número de legajo en la CONADEP fue el 322. Vidal dijo haber renunciado de la PFA en solidaridad con él. Ahmed, por su parte, relató la situación en términos similares y hasta dijo que había comprado empanadas poco antes en la pizzería Banchero cuando iba a encontrarse con Vidal. Sivak fue interrogado, de acuerdo a la sentencia en primera instancia. “Al parecer su primigenio interés radicó en dilucidar si tales caudales pertenecían al Ejército Revolucionario del Pueblo o a Montoneros, sosteniendo en apoyatura de sus dudas que ‘muchos zurdos hacían depósitos en la firma'”, aseguró el juez Irurzun sobre los secuestradores.

La casa de Ahmed, allanada en 1991: le encontraron casi un millón y medio de dólares. (Revista Gente)
La casa de Ahmed, allanada en 1991: le encontraron casi un millón y medio de dólares. (Revista Gente)

El juez, al fin y al cabo, no les creyó a Ahmed y Vidal: “Demás está decir que si ha resultado difícil reconstruir los hechos ello es debido a que una de las formas con que los procesados buscaron impunidad resultaba ser que no quedara constancia alguna en la dependencia policialinterviniente”, aseveró Irurzun. El magistrado razonó que el aparato policial al que pertenecían “les permitía funcionar indistintamente como representantes de la institución o como delincuentes comunes”, que la Policía pactó “una salida elegante” de ambos subcomisarios y que era absurdo que se encontraran “a medianoche, con un paquete de empanadas en la mano, sin armas ni apoyo logístico alguno”investigando una peligrosa misión subversiva. También, que “ningún subcomisario en misión antisubversiva corre ante la notoria presencia de camaradas”. Ambos fueron condenados a siete años de cárcel. Ahmed cumplió cuatro años y medio, para salir de Caseros en libertad condicional:secuestró a Mauricio Macri semanas después de recobrar su libertad.

¿A quiénes reportaban los subcomisarios al momento del primer secuestro de Sivak? “Esto es mitad trabajo, mitad negocio”, escuchó el empresario al ser secuestrado. Jaime, el padre de Sergio Meller, oyó una frase similar. Algunos de los investigadores creyeron que Ahmed y Vidal estaban detrás del dinero del secuestro de Jorge y Juan Born, pero dentro de la causa Sivak y en los oídos de Marta Oyhanarte todo apuntaba a un solo nombre:el general de división Albano Harguindeguy, ministro del Interior del Proceso.

Osvaldo Sivak: Ahmed fue condenado por su secuestro. (Clarín).
Osvaldo Sivak: Ahmed fue condenado por su secuestro. (Clarín).

Oyhanarte oyó que hubo llamadas a Harguindeguy cuando los subcomisarios fueron detenidos. La sentencia en primera instancia de Ahmed y Vidal así lo afirma, citando un escrito de Cámara que aseguró que la liberación de Sivak tuvo la luz verde “previa reunión entre los generales Sasiaín, Harguindeguy y Saint Jean”. La versión que llegó a los oídos de Oyhanarte y que la viuda de Sivak sostiene en privado hasta hoy es que Harguindeguy preparaba su propio proyecto político, tal como el almirante Massera: secuestrar al empresario era su forma de hacer caja. Ahmed y Vidal se habrían excedido en sus límites, pidiendo plata demás,“mexicaneando” así a sus superiores. “Yo pedí la prisión por un hecho que llevé a cabo en cumplimiento de órdenes recibidas, no se me trató dentro de la Ley de Obediencia Debida”, dijo Ahmed ya preso por el caso Macri.

Más allá de Macri, más allá de Sivak, hay otro secuestro irresuelto alrededor del “Turco Ahmed”: el empresario Rodolfo Clutterbuck, raptado en 1988 y que jamás fue hallado. El abogado Joaquín da Rocha es hasta hoy el penalista de la familia, en un caso que continúa abierto en la Justicia federal. Ahmed estaba preso en Caseros mientras Clutterbuck era secuestrado, pero Da Rocha encontró un detalle que sería crucial en la trama. La firma de seguridad privada San Jorge de Ahmed y su hermano Camilo fue allanada; en el procedimiento se incautó una máquina de escribir Olivetti, modelo Lettera 35. El abogado afirma: “Un peritaje de Gendarmería arrojó que con esa máquina se escribieron las notas del secuestro de Clutterbuck”. Ahmed, sin embargo, jamás pudo ser vinculado directamente al hecho.

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