“En Universos infinitos, cada mirada inaugura un mundo, cada palabra abre una dimensión”

Letras de Fuego / Entrevista / Por Manuel Ernesto Rivas. A dos días de la presentación de su nuevo libro “Universos infinitos”, mantuvimos este diálogo esclarecedor con el escritor tucumano Julio Molina.

Manuel Ernesto Rivas (MER): —¿Cómo surge la idea de este libro “Universos infinitos”?

Julio Enrique Molina (JEM): —La idea de Universos infinitos no surgió como un proyecto deliberado, sino como una necesidad de indagar. Apareció en ese punto donde el lenguaje empieza a quedarse corto frente a la experiencia.
Siempre me inquietó la sensación de que la realidad no es algo dado, sino algo que se despliega según la conciencia que la habita. El libro nace de esa intuición: cada mirada inaugura un mundo, cada palabra abre una dimensión.
No es un libro que intente explicar el universo, sino habitarlo desde múltiples niveles —lo íntimo, lo filosófico, lo casi espiritual—. En ese sentido, ‘universos infinitos’ no habla de lo lejano, sino de lo que ocurre aquí mismo, en la profundidad de cada instante.
Escribirlo fue, en definitiva, una forma de atravesar esa pregunta: si el mundo tiene límites… o si esos límites son, en realidad, los del lenguaje con el que intentamos nombrarlo.

MER: —Te has hecho las preguntas esenciales del ser humano ¿hallaste las respuestas en la poesía?

JEM: —Sí, me hice —y me sigo haciendo— esas preguntas esenciales. Pero no creo haber encontrado respuestas en el sentido definitivo.
La poesía, para mí, no es un lugar donde se resuelven las preguntas, sino donde se las vuelve más verdaderas. No responde: profundiza. No cierra: abre.
Si hay alguna forma de respuesta, es más bien una experiencia. Un instante en el que algo se ordena sin necesidad de explicarse, donde el lenguaje deja de ser un límite y se vuelve un umbral.
En ese sentido, la poesía no me dio respuestas concluyentes, pero sí algo más valioso: una manera de habitar la pregunta sin desesperación, incluso —a veces— con una forma de claridad.

MER: —¿Se puede decir que tu nuevo libro es medio pariente de “Palabras y tiempo”?

JEM: —Sí, hay un parentesco, pero no en términos de repetición, sino de profundidad. Palabras y tiempo fue, de algún modo, el inicio de una búsqueda: una primera aproximación a la relación entre el lenguaje, la experiencia y el sentido.
Universos infinitos nace de ese mismo impulso, pero en otro nivel de maduración. Si el primero exploraba, este intenta habitar. Si antes la pregunta estaba más cerca de la palabra, ahora está más cerca del silencio que la sostiene.
Hay una misma raíz, sin duda, pero el crecimiento fue hacia adentro: menos afirmación, más apertura; menos forma, más fondo.
En ese sentido, sí: son libros emparentados, pero no como copia, sino como transformación.

MER: —¿Qué expectativa tienes con respecto a la presentación del viernes?

JEM: —No tengo una expectativa en términos de resultados, sino de encuentro. Me interesa que la presentación sea un espacio donde algo de lo que el libro propone pueda vivirse, aunque sea por un instante.
Si alguien que escucha o lee siente que algo se le abre —una pregunta, una emoción, una forma distinta de mirar—, para mí eso ya justifica todo.
Más que una presentación, lo pienso como un momento compartido: un punto de contacto entre lo que fue escrito en soledad y lo que empieza a resonar en otros.

MER: —¿Cómo valoras los años que estuviste sin publicar, cómo aprendizaje o tiempo perdido? ¿Por qué?

JEM: —No los vivo como tiempo perdido, sino como tiempo necesario. A veces, lo más importante no ocurre en lo visible, sino en lo que se está gestando en silencio.
Fueron años en los que la escritura no desapareció: se volvió más interna, más exigente, más honesta. No estaba publicando, pero estaba afinando una mirada.
Si algo aprendí en ese tiempo es que no todo proceso creativo responde a la lógica de la producción. Hay etapas en las que uno no escribe para mostrar, sino para comprender —y, en ese sentido, ese período fue más un aprendizaje que una ausencia.
Hoy siento que lo que apareció después no hubiera sido posible sin ese silencio previo.

Manuel Ernesto Rivas y Julio Molina. Foto: Diario Cuarto Poder.

MER: —¿Qué lugar ocupa la literatura en tu vida?

JEM: —La literatura no ocupa un lugar externo en mi vida: es una forma de estar en el mundo. No es solo algo que hago, sino algo desde donde miro, pienso y siento.
Es el espacio donde la experiencia encuentra una forma, donde lo que no termina de decirse en lo cotidiano puede tomar cuerpo. Y, al mismo tiempo, es una manera de interrogar lo que somos, sin necesidad de cerrarlo en una respuesta.
No la vivo como una actividad separada, sino como una presencia constante: una forma de atención, de escucha, incluso de silencio.
En ese sentido, más que un lugar, la literatura es una dimensión de mi vida.

MER: —¿Cuáles son los proyectos para este año?

JEM: —Este año lo pienso como una continuidad del camino que ya se abrió con Universos infinitos. Por un lado, acompañar la vida del libro: presentaciones, encuentros, diálogo con lectores.
Pero también seguir escribiendo. Estoy trabajando en nuevos textos que profundizan esta misma línea, quizás con una exploración aún más depurada del lenguaje y del silencio.
No lo planteo como una acumulación de proyectos, sino como un proceso: sostener la escritura, dejar que evolucione y ver hacia dónde lleva.
Si tuviera que resumirlo, diría que mi proyecto principal es no interrumpir esa búsqueda.

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