Rubén "Gringo" Suárez calentando y reconociendo el circuito de Altos Hornos Zapla.

Actualidad / Deportes / Comentario / Por Rubén “Gringo” Suárez*. Compartimos una nueva anécdota de esta exitosa serie que refleja los tiempos dorados del motociclismo tucumano. Esta vez una carrera en Jujuy, con una revoltosa invitada, la lluvia.

Dentro del Campeonato del Noroeste corríamos en distintas Provincias y nos tocó viajar a Jujuy. Era un sábado como a las diez de la mañana. La carrera era en un circuito cuadrero, en Altos Hornos Zapla.

“Lito” Mohamed habló con el “Terrible” Huguito Pérez, para que nos lleve en su automóvil. Cuando llegó Hugo y nos dijo que él no podría viajar, casi nos desmayamos. Tenía que acompañar a su suegro, Don Mac Gibon a Santiago del Estero a un torneo de tenis.

Sin embargo, nos dejaba el Peugeot 504 Radiante con cuatro ruedas impecables, con unas llantas Proto con el centro de magnesio y todas cromadas, recién puestas. “Lito” me mandó a buscar en el taller de Chapa y Pintura de al lado un paragolpe viejo. Encontré uno que le iba al auto.

Ya estaba en marcha el ingenio mecánico argentino de Mohamed. Me pidió que le cortáramos las puntas. Junto con “Lalo” Medina, ayudante de “Lito” comenzamos a trabajar mientras él terminaba los detalles en las dos motos.

También me pidió que consiguiera unos caños del diámetro de los ejes de las ruedas delanteras de las motos. Me dijo que los hiciera soldar con los chapistas. Colocamos el paragolpes y pasó el tiempo.

Terminamos de acomodar las motos sin las ruedas delanteras y atornilladas al paragolpe, después de hacer una instalación para las luces traseras, fuimos a merendar. No habíamos comido nada al medio día. Salimos y el invento funcionaba de maravilla.

Sacamos las cadenas de trasmisión y controlamos las motos. Partimos como a las 19 a Rosario de la Frontera. Llegamos y cenamos, con todo el trabajo y la tensión. Apenas arrancamos, “Lito” estaba muy agotado y como “Tin” no manejaba autos, me pidió que me hiciera cargo.

La noche estaba tranquila y el auto con calefacción y una música tenue, hizo que se durmieran los dos. Todo marchaba de maravillas, hasta antes de llegar a Metan, en donde había una curva amplia a la izquierda y luego una más cerrada a la derecha para desembocar en un puente de unos 50 metros de largo.

La verdad es que venía muy fuerte, por arriba de los 130 km/h. Cuando encaré el puente, un camión con acoplado venía de frente. Le hice el cambio de luces y traté de bajar al máximo la velocidad. El peso de arrastre de las motos no me dejó mucha opción.

Pensé: “si me pego bien al puente tenemos que pasar los dos”. Miré y apunté al barandal que estaba pintado con pintura reflectiva y entré arriba de los ochenta Km, cuando sentí una explosión.

Rubén “Gringo” Suárez calentando y reconociendo el circuito de Altos Hornos Zapla.

El auto saltó casi al mismo tiempo que pasaba junto al camión con los gritos de los pasajeros, los ruidos y medio abombado por el shock. Terminé de pasar el puente y paré. El auto estaba con la rueda delantera derecha destrozada y la trasera toda doblada. Nunca me acordé que los puentes tienen una pequeña vereda.

La velocidad no es una buena compañera, pero en este caso nos sirvió para salir vivos porque el auto saltó, pero no cambió de carril. Muy parecido casi al accidente en otra ruta de la misma zona con un colectivo que le costó la vida a 41 gendarmes por chocar la vereda que le reventó la rueda y cambió de carril cayendo del puente al río Balboa.

Después del susto y de sermón que me dieron, arreglamos como podíamos para llegar a una gomería. Por supuesto que ya no durmió ninguno y no me dejaron tocar el volante por peligroso. Menos mal que venían durmiendo si no se hubieran muertos infartados.

Después de desayunar llegamos a Zapla. Probamos las motos. “Lito” les retocó la carburación por la altura y “Tin” salió para reglar bien la trasmisión y decir qué tipo de piñón poner. Él era el más canchero de los dos.

Cuando estábamos en la línea de largada, comenzó a gotear un poquito. Se me mojaron las antiparras y no veía bien. Traté de secarlas, pero el comisario Deportivo apurado por la lluvia largó.

Hasta que me pude bajar las antiparras arranqué al último. Era una recta de unos 100 mts. aproximadamente. Cuando salí, todos estaban ya en la mitad y con un diluvio de agua encima y fue cuando vi un desparramo de motos dando vueltas en el suelo.

Eran más de 10 motos. Las fui esquivando, una por una. Era una curva a la izquierda, de un retome a una platabanda de unos tres metros de ancho y una recta de 60 mts. Cuando vi otros 6 o 7 en una curva de 90° a la derecha recta de unos 150 mts.

Curva 90° izquierda, otros 4 o 5 en el suelo, recta de 120 mts. curva 90° derecha y de nuevo 3 o 4 danzados por el suelo, recta de unos 150 mts. y solamente “Tin” Noguera adelante en una curva de 90° a la derecha. Entró “Tin” y le patinó feo la moto, aproveché para pasarlo y me bajaron la bandera.

Pero no la cuadriculada, sino la roja. Se suspendió la carrera por la lluvia. El circuito estaba muy mojado y había mucho gasoil que derramaban los camiones que cargaban en Altos Hornos Zapla. Se hizo una reunión y nos pagaron los viáticos del viaje. Nos dieron casi el doble porque repartieron la plata de los premios, por las roturas de las motos.

Menos mal que nos alcanzó para comprar dos llantas y cubiertas. Por supuesto que Huguito nunca supo lo cerca que estuvo de perder su “Yeyo”, como él lo llamaba.

*Jefe de Fotografía de Diario Cuarto Poder. Reportero gráfico, ex corredor de motos y, según sus propias palabras, neófito del periodismo escrito.

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