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El FMI apoyó el ajuste que quiere llevar adelante el futuro gobierno, pero por ahora no habrá ayuda para rescatar el excedente de pesos. Se viene un fuerte ajuste del dólar oficial, aunque no desaparecerá la brecha cambiaria.

 

Rodrigo Valdez y Luis Cubbedu escucharon con satisfacción en boca de Luis Caputo el plan de ajuste fiscal que quiere llevar adelante el gobierno de Javier Milei desde el 10 de diciembre. Los encargados del FMI de seguir el plan argentino comprobaron que es verdad lo que dice el libertario: se trata de un ajuste mucho mayor respecto a cualquier plan de estabilización que el organismo le haya exigido a un país miembro en los últimos 15 años.

 

Sin embargo, la buena recepción que tuvo en Washington la nueva orientación del futuro gobierno argentino no es suficiente para destrabar fondos frescos y mucho menos en la magnitud que requiere la endeble situación argentina.

El futuro ministro de Economía había sugerido a través de informes de su consultora Anker que la Argentina estaba en condiciones de acceder a una suma cercana a los USD 20.000 millones en los mercados internacionales. ¿Habrá sido ése el plan que le acercó a Mauricio Macri, quien luego le sugirió esa posibilidad a Milei? Todo indica que así fue.

El saldo, por favor

En ese esquema de Caputo aparece la posibilidad de conseguir un desembolso del FMI por alrededor de USD 10.000 a 15.000 millones. Es un monto no desembolsado por el organismo, que en 2016 aprobó un paquete de USD 57.000 millones (el monto exacto varía según el momento que se considere, pues los créditos están nominados en DEGs, la “moneda” del Fondo, que fluctúa levemente respecto del dólar) a favor de la Argentina. Ese monto no se llegó a gatillar en su totalidad, porque en el medio Alberto Fernández ganó las PASO en agosto de 2019 y cambió totalmente los planes.

A eso se suman otras posibilidades, como vender las acciones que posee el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la Anses, por alrededor de USD 4.000 millones. Claro que luego de la última suba ese monto podria llegar a USD 5.000 millones.

A eso podría agregarse, en el “plan Caputo”, una estructura que cuente con colateral de deuda argentina, que está en poder del FGS y del propio BCRA. De esta manera podrían obtenerse otros USD 12.000 millones “como máximo”.

Semejante ingeniería financiera requiere de mucho tiempo para ser implementada. Aún cuando se trata de una propuesta viable (FMI+acciones FGS+estructura con colateral de deuda), es imposible instrumentar de la noche a la mañana. Llevaría no menos de tres meses y posiblemente hasta seis meses.

Ver para creer

Pero en el FMI no dieron una sola señal sobre la posibilidad de liberar fondos frescos a favor de la Argentina. Primero quieren ver si el plan de estabilización es o no exitoso. El primer requisito pasa por la recepción del Congreso y las chances de avanzar con los recortes necesarios para lograr el objetivo: llegar en un año al equilibrio de las cuentas públicas, dejando atrás un déficit fiscal (primario y financiero) de 5% del PBI.

Semejante recorte en tan poco tiempo tiene pocos antecedentes. Lo más cercano son los ajustes que tuvieron que hacer varios países europeos en la crisis desatada a fines de la década del 2000, como consecuencia de la crisis hipotecaria en Estados Unidos. Países como Grecia, Portugal e Irlanda se vieron obligados a reducir sus rojos fiscales y lo lograron. Claro que no es lo mismo estar dentro de la zona del euro que en la Argentina.

La casi total certeza que Milei arrancará sin dinero fresco para apoyar su plan de estabilización implica, por lo tanto, agudizar el ingenio para llevar adelante el sinceramiento de las principales variables y sobre todo empezar a desandar el camino de las restricciones cambiarias.

Las reservas netas negativas del Central complican el panorama. La entidad tiene una escasa capacidad de intervención y la cosecha de trigo aportará pocas divisas a fin de año. Por eso, las fichas están puestas a ofrecer un tipo de cambio más competitivo y alentar las exportaciones a partir de la próxima cosecha de soja. Pero para eso habrá que esperar hasta mayo.

El lunes 11 de diciembre habrá que tomar una decisión sobre el tipo de cambio oficial. ¿Habrá o no maxidevaluación? En el entorno del futuro equipo económico dejaron trascender que no ven con malos ojos un arranque a $650, lo que implicaría un ajuste del 80% del tipo de cambio oficial. Claro que el impacto sobre los precios se sentiría casi de inmediato.

La brecha se achicaría notoriamente, teniendo en cuenta que el dólar MEP cerró el viernes a $900. Pero existe un enorme peligro: al mantenerse el cepo cambiario la brecha puede volver a aumentar, tal como le sucedió a Sergio Massa cuando decidió el ajuste del dólar oficial en agosto, desde 290 a 350 pesos.

Ajuste, confianza y demanda de pesos

Para que eso no suceda, el plan de ajuste fiscal debería ser lo suficientemente convincente como para que se recupere la confianza y que los argentinos no sigan huyendo al dólar. O, lo que es lo mismo, que aumente la demanda de pesos y ayude a remonetizar la economía.

Aquí aparece el desafío de hacer algo con las Leliq, que ahora se transformaron en pases pasivos (colocaciones de los bancos en el BCRA a un día de plazo). Pero sin dólares frescos, resulta imposible trabajar en un rescate de los pesos excedentes, al menos en el corto plazo.

En principio, estaría decidido que esos títulos cambiarán de manos y sería el Tesoro el que efectuará un megacanje para sacarle la responsabilidad al Central. Pero nada de fondo cambiará si esos pasivos siguen existiendo, por más que se haya producido un cambio de deudor.

Caputo ya dio su veredicto en diversos trabajos que elaboró en los últimos meses. En su opinión, es muy riesgoso abrir el cepo cambiario apostando exclusivamente a un programa fiscal que regenere la demanda de pesos. Lo hizo con un juego de palabras: “No decimos que no funcionará, sino que puede no funcionar”.

El riesgo de un aumento abrupto del dólar, buscando reducir la brecha, se transmita de inmediato y plenamente a los precios, como pasó en agosto con la devaluación post-PASO
FOTO: DYN/L. THIEBERGER/ARCHIVO.El riesgo de un aumento abrupto del dólar, buscando reducir la brecha, se transmita de inmediato y plenamente a los precios, como pasó en agosto con la devaluación post-PASO FOTO: DYN/L. THIEBERGER/ARCHIVO.

Mientras tanto, Milei se ocupó de advertirle a la gente que se vienen meses difíciles, al dar como un hecho que en los próximos meses la economía se encamina a una estanflación.

La realidad es que el estancamiento con alta inflación ha sido la constante de por lo menos los últimos 15 años de la economía argentina. Solo hubo breves intervalos de recuperación, como en 2017 o en 2021, por el rebote post pandemia.

Posiblemente la referencia tenga que ver con un fuerte salto inflacionario que se espera para los próximos meses. El ajuste del dólar oficial, el aumento de los combustibles, ajustes tarifarios y el reacomodamiento de precios relativos provocarán un pico inflacionario que podría llegar a niveles récord.

¿Hasta cuánto de inflación?

Noviembre habría terminado en alrededor del 12%, pero para diciembre la suba del índice podría ubicarse entre 15 y 20 por ciento. Todo dependerá del ritmo de sinceramiento de las distintas variables.

El nivel de actividad se verá muy resentido en los primeros meses del 2024. En primer lugar, porque la suba de precios tomará tal velocidad que será imposible que los salarios se ajusten al mismo ritmo, provocando una importante caída del poder adquisitivo y del consumo interno.

Pero además la estructura productiva de las empresas se encuentra muy afectada por la falta de acceso a insumos importados. Ya hay muchas plantas que están al borde de dejar de producir por ese motivo. La normalización del comercio exterior llevará muchos meses. Esta semana la UIA estimó que el stock de la deuda del Central con importadores ya es del orden de los USD 60.000 millones.

Los mercados, por lo pronto, siguen con optimismo la llegada de Milei. El índice que sigue a las acciones líderes subió 40% en dólares en noviembre y los bonos volvieron a niveles superiores a los USD 35 por cada 100 de valor facial, marcando máximos anuales.

Pero no hay cheques en blanco. El “festejo” de los inversores coincidió con la derrota del kirchnerismo en las urnas, pero también con un mes excepcional para los activos de riesgo, que coincidió con la caída de las tasas de largo plazo en EEUU.

Solo en parte la suba de los papeles argentinos está relacionada con las ideas libertarias, la promesa de equilibrio fiscal o el plan de desregulación de la economía. Eso es lo que se empezará a observar recién a partir del 10 de diciembre. La primera impresión será decisiva para mantener la “onda positiva” que generó la victoria -inesperada para muchos- de un outsider de la política que despertó la atención en todo el mundo.

fuente: infobae

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