Deportes / Actualidad / Comentario / Por Rubén “Gringo Suárez*. Quiero agradecer a todos mis fieles lectores por el apoyo brindado y sus mensajes de aliento. Comparto el último capítulo de esta saga de recuerdos de tiempos dorados del motociclismo tucumano.

Qué rápido pasó un año. La verdad es que no estuve sobre la moto, que estuvo guardada y tapada, en una pieza con las ruedas en el aire. La saqué faltando unos días, vacié el bultaco que me lo hizo el mejor chapista, otro amigo el popular “Gordo” Valdez. Con eso mejoró bastante.

En mis vacaciones, compré unas bujías frías especiales de platino, en Paraguay, por donde pasaba obligadamente para ir a Brasil. Le consulté al maestro, El “Negro” Roberto Montenegro, con la bujía que había probado.

Me dijo que como ya había puesto un chicler de 10 puntos más que sacara el difusor y agrandara los orificios. No me quise jugar mucho por lo que solo los agrandé 5 puntos más y los avellané con un escareador.

También me conseguí un venturi de la medida y lo hice tornear una rosca que me lo hizo mi amigo “Miguelito” Reginato, también en el carburador. La moto mejoró y mucho, pero en la revisión me quitaron el carburador y no me dejaron tocarlo para sacar los componentes.

Aduciendo que había extraído material del cuerpo con la rosca exterior del venturi, que me lo había regalado otro de los entrañables amigos, Rino Arghitu, y con el cual daba más seguridad al conjunto y no afectaba el rendimiento. Estuve discutiendo como media hora.

Me dirigí a los boxes desmoralizado y sin carburador, cuando me crucé con Miguel Quintana que, al enterarse, gentilmente se ofreció a conseguirme un carburador cuando terminara la clasificación que él estaba corriendo.

Esperé hasta el final. No había podido rodar ninguna vuelta. Miguel me llevó a la casa de una clienta suya, la señorita Cicio, que tenía una RZA, y le pidió prestado el carburador. Lo coloqué a la noche. Ya no estaba la moto como era.

El domingo me tocó largar en la última fila. Se me acortaban las chances de entrar entre los primeros, para colmo pusieron una chicana en la recta de la banana de atrás porque decían que las motos desarrollaban mucha velocidad. La estupidez total.

Rumbo a los boxes .

En la primera vuelta toqué la primera cubierta de la chicana para reducirla un poquito. No mucho, porque la volverían a abrir. Allí pude ganar un poco al pasar rozando las cubiertas y escalar unos cuantos puestos.

Pasé de los últimos lugares a salir entre los primeros 20. Eran más de 50. Claro que las otras motos volaban, con casi 20 Km/h más. Cuando terminó la carrera, mi hijo Franco se subió a la moto para llevarla a los boxes. Los miré y le dije “¿te gusta?” Y muy contento me dijo: “siii”.

“Ya llévatela porque le prenderé fuego si la veo de nuevo”, le dije. La bronca principal era porque desde la fábrica de Zanella había unos tres cilindros de distintos cruces. Uno 3 o 4 pistones y uno cuántos escapes por supuesto todos estándar, pero todos distintos.

Durante las primeras vueltas.

Ellos les dieron esa información a los concesionarios “amigos”, lo que ellos desarrollaron en los laboratorios de prueba. No era la moto, no era yo. Me timaron y creo que fui demasiado Ingenuo. Es imposible competir contra una fábrica que tiene los caballos del comisario.

Gracias a Dios, a los pocos días vino a verme Carlos Mendoza “la Burrita”, que lo había mandado Miguel. Sabiendo de mi calentura le pregunté: ¿cómo me la podés pagar? Me dijo que en 6 cuotas y le dije que sí. Y compró la RZA.

Yo la había comprado de contado. Le regalé todas las trasmisiones y todos los componentes del carburador y varias bujías especiales. A mi hijo lo compensé comprándole una Vespa, modelo Cosa. Y después una Derby 50, toda una máquina veloz, que la usé yo más que él.
Más tarde lo recompensé con un Renault 9, 0 Km.

Con la barra brava: mi señora, mi gran amigo y hermano de la vida, el “Japonés” Arnado Quinteros, Heraldo Cuellar, mi hijo Franco, chocho con su regalo y el Dr. José Suárez, con sus 9 añitos.

Mi bronca se me Aumentaba cuando me acordaba de mi Kawa 550cc. y claro que terminé con la cola entre las patas. Esto, fue mi final.
Y también es el final de esta saga. Vaya mi homenaje para todos los nombrados, muchos de los cuales están corriendo en los circuitos celestiales y con los que me juntaré y disfrutaré. Un gran abrazo para todos. Nos veremos con los que todavía puedo compartir.

Mis más Sincero agradecimiento por estar siempre presentes.

*Jefe de Fotografía de Diario Cuarto Poder. Reportero gráfico. Ex corredor de motos y, según sus propias palabras, “neófito del periodismo escrito”.

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