Deportes / Actualidad / Por Fabián Seidán*.- A los 81 años de edad falleció en nuestra provincia, Juan Roberto Seidán (h), siendo el último integrante de la comisión directiva de la Mutual del Futbolista de Tucumán, entidad que exhibe entre sus logros, erigir el primer monumento al futbolista del país, hecho que se logró en 1989 en Tucumán.
Pasión de multitudes
El fútbol, ese deporte que apasiona tanto a los argentinos como a millones de personas en todo el mundo, no podía no tener un monumento en el país. Y si bien la idea de erigir una estatua que representara a estos deportistas surgió en Rosario de Santa Fe; fueron los tucumanos quienes se animaron a llevar adelante tan magna tarea.
Es que la Mutual del Futbolista de Tucumán, presidida por uno de sus fundadores, don Juan Roberto Seidán, luego de contactarse con sus colegas rosarinos, se animó a realizar todas las gestiones, buscar los fondos necesarios, y levantar en San Miguel de Tucumán el primer monumento al jugador de fútbol.
Luego de sortear distintos obstáculos, se logró que la obra, plasmada por el escultor Herman Langlouis, fue inaugurada el 8 de diciembre de 1989, emplazándose en la zona sudeste del Parque 9 de Julio: avenida Benjamín Aráoz al 1.000.

Un refugio para los ex jugadores
La Mutual del Futbolista de Tucumán fue fundada en 1962, en la casa materna de don Juan Roberto Seidán, ubicada en 9 de Julio 1.328, tras el fallecimiento del crack Eduardo Leoncio, quien murió en la absoluta pobreza.
La idea era crear un espacio para que, tras retirarse de la práctica activa del fútbol, los exjugadores tuvieran donde recurrir y no estuvieran desprotegidos. La Mutual brindaba un servicio social a los futbolistas veteranos enfermos, ayudándolos con medicamentos, sillas de rueda, etcétera.
El primer presidente fue don Santiago Rodríguez, quien al poco tiempo, por razones de salud, fue sucedido por el reconocido “Maestro Luna“; y más tarde por otro crack: “Canguro Robles“. Hasta que llegó el turno de don Juan Roberto Seidán, quien fue elegido por los socios durante 40 años consecutivos para guiar los destinos de la institución. En 2005, lo sucedió Federico Akemeier.

El último de la vieja guardia
De aquellos visionarios deportistas, que por amor al fútbol muchas veces debieron relegar horas con sus familias por horas de entrenamientos, concentraciones o viajes, solo quedaba uno: Juan Roberto Seidán hijo (81 años).
Él hablaba con orgullo del fútbol que lo supo cobijar por estas tierras, de los colegas con los que compartió vestuarios y aquellos feroces contrincantes a los que debió enfrentarse.
Seidán (h) jugó en Tucumán Central, en la época de gloria del “Bombero de Villa Alem” (que hoy nuevamente se reactivó); luego en el Club San Juan, Instituto de Córdoba, Sportivo del Norte (club ya desaparecido) y Obras Sanitarias de Tucumán; y Atlanta (su último club, el cual dejó a los pocos meses para volver a su provincia natal a casarse).
El olvido que duele
Sobre el monumento al futbolista recuerda todo lo que debieron trabajar y las decenas de puertas que debieron golpear para poder erigirlo. Y con dolor dice no entender cómo los nuevos dirigentes mutualistas y también los de la Liga Tucumana de Fútbol, no los tienen en cuenta, ni los mencionan a la hora de un acto o al encarar un nuevo torneo.
En la placa de granito que reluce debajo de la estatua se pueden apreciar los nombres de los dirigentes, exglorias del Santo, del Decano y del Cuervo, entre otros clubes, quienes hicieron lo imposible para que el futbolista argentino, como un verdadero héroe de la patria —pero sin capa, espada ni corcel—, tenga hoy su estatua, a costa de gambetas, garra y goles.
Una anécdota de Seidán con Seidán (h)
El fútbol tiene millones anécdotas, pero una que siempre recordaba Juan Roberto Seidán (h) fue una vivida con su padre a principios de los sesenta.
Mientras don Juan Roberto Seidán dirigía técnicamente a Cruz Alta, le tocó enfrentar a San Juan, equipo donde jugaba de defensor su hijo, a quien familiarmente le decía “Tito”.
Esa tarde, el número 7 junto al 10 de Cruz Alta, le hacían el “2 a 1” a su hijo, dejándolo siempre mal parado y con peligro de gol latente.
En determinado momento, don Roberto se paró del banco de suplentes de Cruz Alta y le gritó a su hijo: “¡Tito, pegátele al wing!“; ante la mirada desconcertada del presidente de su club y de toda la hinchada, que no entendían nada.
Seidán padre miró entonces a la tribuna y, dándose cuenta de lo que había hecho, dijo con las manos en forma de súplicas: “Qué quieren, es la sangre…”.
Ese día Cruz Alta ganó 1 a 0 y, al final, se alzó con el campeonato.
* Fabián Seidán es hijo de “Tito“, y nieto de don Juan Roberto Seidán.


