“Cidade maravilhosa, cheia de encantos mil; cidade maravilhosa, coração do meu Brasil”.
Habían omitido el himno de Río de Janeiro en la ceremonia inaugural porque se lo guardaron para desatar el carnaval carioca en la despedida de los Juegos Olímpicos. Y entonces, tal como había sucedido en la apertura de los Juegos Panamericanos de 2007, no hubo nadie que se quedara quieto ni que se fuera del Maracaná sin tararear el ritmo universal de la alegría. La música, ese maravilloso arte que transporta, fue la gran protagonista de la fiesta inolvidable con la que Río, Brasil y Sudamérica le dijeron chau, gracias por todo, al mundo del deporte. Ahora será el turno de Tokio 2020.
Una tormenta de aquellas que paró poco antes del comienzo le dio un tono de preocupación a lo que vendría, pero la música popular brasileña se encargó de vestir la noche en un estadio con muchos claros, aunque el público acompañó moviendo las caderas.
Eran las 20.14 cuando entraron los abanderados y en la fila de la derecha quedó Paula Pareto, oro en aquel lejano primer día de competencia. Un acto de justicia para quien nunca había podido asistir a una ceremonia inaugural por competir al otro día. Cuando ingresaron las delegaciones y dieron media vuelta, se juntaron de celeste y blanco y Cecilia Carranza Saroli quedó sobre un par de hombros, mientras que Santiago Lange, su compañero de oro en el Nacra 17, charlaba abajo. Por ahí andaban los velistas María Sol Branz, Victoria Travascio y Bautista Saubidet Birkner, la palista Alexandra Keresztesi y Germán Lauro, entre otros.
A las 20 en punto, pájaros humanos de colores anticiparon el tono bien brasileño que tendría la ceremonia y formaron el Cristo Redentor, el Pan de Azúcar y los arcos de Lapa. Y los anillos olímpicos, claro. El arte continuó con el canto de Martinho Da Vila, la danza del Grupo Corpo, los bailes tradicionales que levantaron al Maracaná y el poema “Saudade” con una estrofa que resumía lo que se respiraba: “No extraño lo que experimenté, porque ya se ha convertido en parte mía”.
En un compacto de los Juegos Olímpicos se pudo ver a Yamila Nizetich, la capitana de Las Panteras, y a Ezequiel Palacios, del seleccionado de vóleibol, Las imágenes se cerraron con Michael Phelps y Usain Bolt. Y cuando se pasó de la pantalla a los mástiles, debajo de las banderas se presentó a los nuevos integrantes de la Comisión de Atletas del COI. Allí estaba Yelena Isinbayeva, muy aplaudida después de que la IAAF le impidiera competir por una sanción masiva a los atletas de ese país.
Llegó un momento de lujo cuando Eduardo Paes, el prefecto de Río de Janeiro, le pasó la bandera olímpica a Bach y éste, a la gobernadora de Tokio, Yuriko Koike. La capital japonesa dejó su sello con imágenes de la ciudad mezcladas con los Supercampeones, el Pac Man y Mario Bros. De repente, Shinzo Abe, primer ministro japonés, se preguntó cómo podría llegar rápido a Río y un Mario Bros hizo un túnel hasta el piso del Maracaná. Y de allí salió… el mismísimo Shinzo Abe. Todo un golpe de efecto.

Fuente: Clarín

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