El reconocido fiscal habló con la doctora Marcela Losardo sobre la polémica por Luis Chocobar, los riesgos de la doctrina garantista, y cuál es el problema con la Policía en Argentina.

—¿Existe en el sistema judicial lo que se conoce como “puerta giratoria”?

— Sí, en muchos casos sí.

—¿Y esto a qué se debe?

— Yo estoy convencido que se refiere más al criterio con que los jueces y fiscales interpretan la norma. A partir de cierto punto de la legislación, estoy convencido que no se arregla la cuestión con cambiar las normas. En realidad, lo que tenemos, quiero tratar de explicarlo poniéndome arriba de la grieta, pero es el garantismo la fuente de mayor responsabilidad en esto de la puerta giratoria. Porque no le prestan atención a los antecedentes que tienen, si puedo certificar el domicilio y me parece lógico que con una caución de mil pesos esté en libertad. Y la Policía te lo dice, “estamos hartos, a éste lo detuvimos la semana pasada, lo detenemos ahora robando en la misma calle, en el mismo lugar, a la misma hora, y lo van a volver a largar”.

—Es un desaliento también para la Policía, y es un desaliento para ustedes, para la investigación…

— Totalmente. Y esa pequeña delincuencia, que a tus hijos les roben el celular, les roben las zapatillas, es el comienzo de todo el proceso para el chico que empieza a delinquir.

—¿Qué opinión le merece lo sucedido con el agente Luis Chocobar?

— A mí en un primer momento me sorprendió la polémica que se armó con el caso. Después cuando lo empecé a pensar profundamente, dije, claro, es lógico. Porque la sociedad no es la primera vez que tiene un caso, si uno recuerda los secuestros extorsivos, este chico de 17 años que salió corriendo de una casilla y nadie lo defendió y lo mataron, todos esos casos siempre, el caso de Blumberg.

Luis Chocobar junto al presidente Mauricio Macri
Luis Chocobar junto al presidente Mauricio Macri
—Sí, que no subió al taxi porque el taxista a la noche tuvo miedo.

— Exactamente. Y se instala de vuelta esta discusión en una antinomia que es absolutamente falsa, que en lo único que sirve es para no avanzar en una solución, que es entre lo que denominamos “garantismo” y lo que denominamos “mano dura”, los dos nombres son artificiales, es ponerle un rótulo para entendernos entre nosotros.

—¿Pero nos entendemos entre nosotros o hacemos bandos?

— Hacemos bandos. Exactamente. Y el “garantismo” a mi juicio termina siendo muchas veces abolicionismo. El núcleo del “garantismo” es pensar que es culpa de la sociedad que el delincuente delinca porque nosotros no le dimos una oportunidad, con lo cual, cualquier pena estatal está deslegitimada, éste es el gran problema, y por eso que dicen que lleva al abolicionismo, porque no importa qué pena le quieran imponer, siempre va a ser injusta porque es culpa nuestra y no del delincuente.

—En realidad no tiene que ser ni uno ni otro.

— Exactamente.

—¿Y que sucede con los derechos humanos cuando tratamos estos temas?

— Nadie está hablando de terminar con eso, pero bueno, entonces lo ponen arriba del delincuente, se lo sacan al policía, porque esto es lo que yo veo más allá del caso, en esta discusión, al policía le estamos exigiendo que trate de impedir el delito, que trate de impedir la consumación del delito, o sea, si está pasando algo todavía en curso tiene que evitarlo, nos tiene que defender a nosotros. Ahora le estamos exigiendo muy finito, a cuántos centímetros tiene que estar de un órgano vital la bala, si debería enfrentarse a un delincuente sin sacar el arma, hasta dónde tiene que poner en riesgo su vida para cumplir el deber. Y la Policía no llega. Y si llega y se enfrenta, tiene un problema.

—Porque está en la naturaleza.

— Porque esa es la vocación del policía.

fuente: infobae

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