Por Manuel Rivas* de Diario Cuarto Poder / Literatura comprometida. En unos días se presentará en Libertador San Martín el libro de cuentos “Selva urbana”, de la escritora Nancy Olivera. Te anticipamos este evento en una esclarecedora charla con la autora.

 

—¿De qué se trata esta “Selva urbana” que presentará en breve?

―”Selva urbana” es un libro de cuentos breves que refieren temas candentes, dolorosos, tristes, casi horrorosos tomados de esta sociedad actual un tanto salvaje que ha desarrollado una generación de humanos alejados de su humanidad, en muchos casos.  Son cuentos realistas. Aunque no está de más decir que, por lo general, la realidad supera, en muchos aspectos, a la fantasía.

La escritora Nancy Olivera y su libro “Selva urbana”.
—¿Cómo surgió la necesidad de reflejar ese contexto urbano salvaje?

―Cuando lo que sucede alrededor de nosotros afecta hasta tocar los más íntimos rincones del alma y el corazón, una persona sensible no puede mirar para otro lado, hacerse la distraída y pasar cerca del dolor ajeno como si esos seres dolientes no existieran o fueran de otro mundo. ¿Qué nos queda? ¿Gritar pidiendo auxilio? ¿Llorar? Tal vez, por lo menos, advertir lo que está pasando porque no reconocer que hay problemas, que existen los conflictos que hacen caer al hombre en las adicciones o el delito será muy cómodo y sencillo, pero impide pensar en la solución. Por eso, para mí, visibilizar ese dolor a través de la escritura literaria es no sólo un modo de consuelo y alivio sino también la forma que encontré para que otros abran sus ojos ante ese submundo de bajezas. Tal vez, si muchos lo vemos, podamos, entre todos, cambiar algo.

—¿Cuáles son los personajes que prefieres que se visibilicen?

―Te diría que todos los sufrientes ya sean adultos, ancianos, niños, y más precisamente los adolescentes. Considero que son el grupo etáreo más afectado por la globalización mediática, por la frivolidad del consumismo y el facilismo. Ellos, los adolescentes, están casi indefensos, ponen su pecho desnudo, sin coraza, ante tanto bombardeo de estupidez y de intereses económicos. Por supuesto, caen derrotados.

—¿Encuentras alguna conexión entre este libro y “Tuka”, tu anterior obra?

―Sí, muchos de estos nuevos personajes comparten con Tuka el mismo origen de adicción y miseria humana. Pero, a diferencia de Tuka, que se salva y muestra un mensaje de esperanza, algunos de estos personajes no pueden salir a la luz de una vida digna y mueren o, mejor dicho, se dejan morir sin dar batalla o reciben un justo castigo por las maldades cometidas. Otros, como los ancianos, por ejemplo, dan testimonio de lo que podemos sufrir cualquiera de nosotros cuando lleguemos a esa edad. Con esos personajes apelo directamente a la juventud, llámense hijos o nietos, a cuidar de sus abuelos. Cuando presento la construcción de personajes femicidas o asesinos, lo que pretendo no es dar mensaje de esperanza de que esas personas logren algún cambio de conducta porque ya se sabe que eso es imposible, sino pegar un cachetazo en pleno rostro a aquellos que tienen el poder de sancionarlos. Bueno, eso del “cachetazo” es metafórico, quiero decir, dar un sacudón de conciencia a los que ostentan autoridad para que dejen de perdonar lo imperdonable, de justificar lo injustificable, en fin, de convertir en víctima al victimario. Para que los que tienen que implementar justicia lo hagan con equidad, es decir que den a cada quien castigo o premio según corresponda que es la única manera de hacer justicia. De otro modo, siempre es castigado el inocente.

Una confesión. Cuando construía al personaje prototípico del político me divertí mucho sintiendo que hacía justicia literaria, pero justicia al fin. Presiento que con el cuento titulado “Bendita alcantarilla” muchos de los lectores empatizarán con mi narrador y dirán: “recibió lo que merecía, ¡bendita alcantarilla!” Te diría que ese cuento sí tiene un guiño de esperanza.

—Con esta materia prima tan sensible, ¿cómo fue tu metodología de trabajo?

―En este aspecto me ayudó inmensamente pertenecer al grupo de los Eslabones, un equipo de amigos escritores capitaneados por Gustavo Díaz Arias y asesorados por Inés Cortón con los que participo en el Mundial de escritura desde julio de 2020. Muchos de los textos surgieron en función de las consignas diarias, que a lo largo de 14 o 12 días, los organizadores del mundial nos dan en las distintas versiones del mismo. Con los Eslabones ya participamos de cinco versiones del mundial. La metodología que se usa es maratónica porque debemos escribir un texto por día, respetando la consigna. Cada día un nuevo desafío que desconocemos de qué se tratará. El nivel escritura alto que mantienen mis compañeros de equipo me obliga a esmerarme cada vez un poco más. En todos los casos, los cuentos surgieron en el marco de la soledad y la pesadez de sufrir el encierro por la pandemia. Escribir estos cuentos me salvó de la depresión, el pánico, el aburrimiento. También, me ayudó a superar tristeza. Pensar en mis personajes como otro cercano y doliente me ayudó a mí a crecer como persona. En algunos casos, los temas y los personajes que necesitaba crear me obligaron a estudiar sobre ellos, buscar información. Si bien la literatura es básicamente ficción, ésta se debe sostener y partir de una base digamos científica para ser creíble, para lograr la verosimilitud propia del cuento realista. Sintetizando, en este tipo de cuentos no todo es cuento.

—¿Cuál es la clave para despertar conciencia a través de seres marginales?

―La verdad, yo no sé si hay alguna clave. Al escribir, yo trato de mostrar realidades, en este caso complejas, presentar seres marginales, opacos, ocultos, socialmente “incorrectos”. Lo hago con una intención concreta, sí. Con los conflictos de los personajes adolescentes apelo a los adultos para que no se olviden de educar en los valores tradicionales de bien, esfuerzo, trabajo, honradez, amor al prójimo, respeto al otro, a su cuerpo y a la naturaleza, por ejemplo. Pero, que mi intención se cumpla no depende precisamente de mí sino de los lectores. Ruego que mis cuentos sean leídos por muchos y que puedan tocar en ellos sus fibras más humanas. Tanto con las aventuras de Tuka como con los cuentos de Selva urbana la idea es sembrar semillas de paz, cordura, conciencia. Ojalá, las semillitas caigan en tierra fértil y florezcan pronto.

—¿Sientes que estás alineada a una literatura de compromiso social?

―Sí, seguro que sí. Con la palabra escrita intento poner mi granito de arena en la construcción de sociedad más pacífica y equitativa. Duele profundo ver cómo los seres humanos se están destruyendo unos a otros. Lastima hasta las lágrimas ver, por ejemplo, cómo en la guerra en Ucrania se destruye una escuela o se bombardea un hospital de niños. Ese horror en pleno siglo XXI es inadmisible. El título de mi libro refiere a la selva, pero me pregunto si los animales harían algo así y creo que no. La verdadera selva monstruosa con cemento en tierra y corazón es la creada por ciertos humanos deleznables.

Creo que la Literatura siempre ha sido útil como contrapeso de la barbarie.

—¿Qué rol le das a la mujer en este libro?

―En mis cuentos, los personajes femeninos, en muchos casos, no responden al ideal de mujer convencional. Un ejemplo son las mujeres que desempeñan el rol de madre. La madre del cuento “Como la madre de Judas” es la que denuncia a su hijo y sus amigos por una violación en manada, como le dicen ahora, brutal y monstruosa, le digo yo por cuanto las manadas de animales no violan. La madre del cuento “La casa en donde los demonios del odio silenciaron un celular” es la que encubre el robo del hijo, le sostiene la mentira; de ese modo, crea al futuro delincuente creyendo que así se comporta como una buena madre cuando, en realidad, es lo contrario. Los personajes de las mujeres víctimas del maltrato, las adicciones, el femicidio son mujeres casi reales de carne, hueso, corazón palpitante y destrozado. El rol de la mujer, en mis cuentos, es un rol protagónico pero que se ve sobrepasado por una sociedad sumida en las bajezas, el descontrol, la violencia y por qué no decirlo, la inmoralidad. Hay, entre las mujeres protagonistas de mis cuentos, una que hace un “clic” y toma conciencia o por lo menos abre los ojos, es la escritora del cuento “Miserias enquistadas”, que logra ver su propia miseria.  Tal vez, algún día, su novela se concrete.

Las mujeres de mis cuentos son fuertes pero su valentía, en muchos casos, es socavada por la tremenda realidad.

—¿Cuáles son los cuentos que a tu criterio cumplen con tu objetivo con creces?

―Yo siento que muchos, pero hay una historia que debo destacar y me parece que define al libro y es la de “Fran triste”. Tanta potencia tiene ese cuento que muchos de mis compañeros del equipo de Eslabones lo eligieron para que representara al grupo en una de las versiones del mundial. Cecilia Espinosa, la artista plástica que ilustró las tapas del libro, se inspiró en ese cuento para hacer su tinta, como dice ella. Además del mencionado, creo haber logrado mi objetivo con la escritura de “Chabón de quince”.  Y, si pienso en el que más me costó escribir, me viene a la memoria, en primer lugar, “Si no es tuya… “ no sólo por el uso de la técnica narrativa del monólogo interior, que no es fácil de lograr, sino por el trabajo de construcción del personaje del femicida. Escribir desde el punto de vista de la mente del asesino con ese tipo de obsesión es como tratar de descifrar jeroglíficos. Me llevó mucho trabajo su escritura.

Bueno, ya te lo dije con la historia del político me divertí mucho y, después de su lectura, quedé con una íntima sensación de satisfacción. Ja.

—¿Te sientes optimista o pesimista ante esta sociedad indiferente e indolente ante el sufrimiento de los demás?

―Me siento optimista. Tengo la certeza de que, así como hay personas que pueden ser muchas, que son indiferentes, ciegas y sordas ante tanta bajeza, corrupción y miseria humana, también hay muchas, (ojalá sean muchas más cada día), que no se hacen las distraídas ante el dolor del otro. No hay que perder la esperanza. Un detalle que creo, puede dar fe de ese optimismo es que he dedicado este libro, tan lleno de temas dolorosos y tristes, a mis nietas, Mía y Jana, de tres y un año, respectivamente. Tal vez, suene contradictorio, pero pensar en ellas me da mucha esperanza y fuerzas para apostar por una sociedad más sana.

—Tus últimos trabajos fueron narrativos ¿estás preparando algo de poesía?

―Sí, la poesía es mi primer amor. Nunca la olvido. Ella me marcó la vida en muchos sentidos. Tengo una selección de poemas de amor y erotismo que, tal vez, se conviertan en un libro en un futuro no tan lejano. Cuando junte coraje para mostrar lo erótico en poemas.

—Integras dos antologías, una de cuentos y otra de narrativa, ¿sientes un vínculo de hermandad en ese tipo de propuestas?

―Sí, el año pasado tuve la alegría inmensa de estar entre los poetas y los narradores de Jujuy en las Antologías, “El cuento en Jujuy, narradores de comienzos del Siglo XXI” y “Voces de Jujuy”, una antología de poesía compilada por Ernesto Rojas, escritor tucumano, a quien seguramente conozcas. Mis escritos, también, integran otras antologías. Destaco las tres del GRADA (Grupo Cultural Amigos del Arte), un grupo de Libertador Gral. San Martín del cual formo parte desde su creación en 1984, actualmente, soy su asesora en Letras.

Ahora, respondo la pregunta. Sí, a veces, ese vínculo puede ser más distante por cuanto no conoces, en persona, a todos los escritores que integran la antología, pero a los que te une la pasión por la escritura; en cambio, otras el vínculo es de amistad, de cariño surgido en el transcurso de compartir el trabajo, de andar sorteando dificultades un tiempo largo hasta ver concretado el proyecto de tener el libro en la mano.

—Si te concedieran un deseo a través de tu actividad literaria, ¿qué pedirías?

―Es simple mi deseo, pediría que mis textos sean leídos y disfrutados. Pediría no aburrir nunca a mis lectores. Odiaría que se aburrieran leyendo lo que escribo. Y, pensándolo bien, creo que no es un simple deseo sino uno muy pretensioso.

—¿Qué satisfacciones te dio “Tuka”? ¿Se viene una segunda parte?

―La primera satisfacción que me dio fue el haberme animado a escribir textos narrativos, antes de “Tuka” sólo había escrito poesía. Además, que el personaje, su historia y sus aventuras hayan quedado en la memoria de quienes leyeron el libro es el mayor premio que un escritor puede tener. Por otro lado, el libro sin la inversión en difusión y distribución que pueden llegar a tener los libros editados por grandes editoriales ha logrado trascender las fronteras de la provincia de Jujuy y ese pequeño gran detalle me llena de orgullo.

Sí, estoy trabajando en más aventuras de Tuka que, tal vez, salgan a la luz el próximo año.

*Periodista, profesor de Letras e Historia y escritor.

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