Letras de Fuego / Entrevista / Por Gustavo Díaz Arias*. Compartimos la entrevista realizada al escritor jujeño radicado en Tucumán, Miguel Ángel Figueroa, cofundador del Espacio de Epicuro y autor de la novela “Raros”, presentada recientemente.

—Hay un momento, muchas veces sucede en los primeros años de escuela, en los cuales uno se descubre como lector, se enamora de los libros, y la vida cambia para siempre. Luego, hay otro cambio, cuando uno se descubre escritor, ¿en qué momento supiste que te gustaba escribir?
—Querido amigo y capitán del Mundial de Escritura, Gustavo Díaz Arias. Te cuento que me descubrí como lector a los 13 años cuando ingresé en el Colegio Nacional de Jujuy, a esa edad por primera vez sentí una atracción fatal por los libros. El primer libro que me impactó fue “Decir amigo” de Elisa Roldán, que la profesora Viviana Diez de Fascio había propuesto para el primer examen de Lengua y después fueron llegando a mis manos otras obras de literatura infantil que estaban en el programa de la materia. En cambio me descubrí como escritor después de los 30 años, en realidad nunca imaginé que iba a terminar escribiendo y contando mi experiencia en las escuelas de Tucumán. Tarea que me gustaría llevar a Jujuy. Espero que se cumpla este sueño porque allá hay grandes escritores y la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) Filial Jujuy está haciendo un gran trabajo. Este proyecto me gustaría llevarlo a cabo con la profesora y escritora Nancy Olivera, quien siempre me mantiene informado sobre los eventos que organiza la SADE.
—Es obvio que hubo apoyo de tus padres para tu educación, ¿te apoyaron de igual modo para ser escritor?
—Mis padres, Leandro Figueroa y Olga Andrade siempre me apoyaron. Ellos financiaron el primer libro del taller literario El Espacio de Epicuro. Les pedí el dinero porque era y es difícil que alguien apueste por un proyecto literario, nadie apuesta por la literatura ni en Tucumán ni en Argentina. Un día los llamé y les dije que necesitaba una cierta cantidad de pesos y a la semana estaba en el cajero del Banco extrayendo el dinero para dárselo al editor Rodfer. En la segunda publicación del grupo Epicuro también pusieron el dinero. La única vez que no les pedí nada fue para la publicación de algunos textos macabros, el dinero lo puse yo, trabajé arduamente dictando talleres literarios en las escuelas tucumanas y dando clases particulares de latín en mi casa. Quiero contarte algo más, mis padres me compraron los primeros libros que me formaron como lector, poco a poco fui armando una biblioteca modesta (si se me permite el adjetivo), no creo que tenga una biblioteca borgeana, pero estoy seguro de que he conseguido los mejores títulos, que releo porque son los llamados clásicos, que todo escritor tiene que tener y leer/releer. Volviendo al tema de las publicaciones, este año vamos a publicar varios libros, creo que será el mejor año para nuestro espacio literario. Con la profesora Noelia Mónaco nos propusimos alentar a nuestros amigos escritores (no me gusta la palabra alumnos) para que publiquen porque están escribiendo demasiado. Estamos trabajando en una antología que estará dedicada a la escritora tucumana María Belén Aguirre, quien en el Mayo de las Letras del año 2022 habló de un tema del que nadie se anima a escribir. En esa antología participarán las profesoras Laura Lafuente, Susana Noé y María Lilia de la Rosa “Maruli”, y la Dra. Cristina Guerrero de Bozñak. También estamos buscando un editor para la novela “El encuentro” de Javier Albornoz, escritor tucumano que durante el verano escribió tres novelas. Y con la ayuda del profesor J. Miguel Dietrich, Juan Carlos Mon, autor de “San Palito”, está terminando de escribir una novela que publicará en el 2024. Como verás es un grupo comprometido, que trabaja mucho; en la intimidad yo los llamo devoradores de libros. Incluso a veces aprendo de ellos, me sugieren libros que no he leído.
—Un resumen de cómo fue tu paso por la facultad. Si te sentiste feliz, era lo que esperabas, tus compañeros, tus profesores, todo lo que quieras contarme.
—En todas las instituciones por las que he pasado, he sido feliz. En la escuela Evita Perón, en la escuela N° 223 Arz. Mendizábal, en el Colegio Nacional y en la Universidad. En las dos primeras escuelas, que he nombrado, no era consciente de lo que hacía, era un autómata que iba a estudiar. Como saben todos, a los niños no les gusta estudiar, les gusta jugar y lo compruebo con mis sobrinitos Leandro Figueroa e Isabella Mónaco. Tengo muy pocos recuerdos de la escuela primaria, lo que sí recuerdo es que siempre iba a clases, mis maestros no hacían paro, lo cual me ayudó muchísimo para rendir el examen de ingreso al Colegio Nacional; mientras mis vecinos jugaban en la calle, yo aprendía geometría, sintaxis, el universo cultural de los aztecas, de los mayas y de los incas, la vida de los animales y de las plantas. Sin embargo en el Colegio Nacional y en la Universidad, sobre todo en Filosofía y Letras, institución que he elegido, yo quise estar en ese lugar, pasé los mejores años de mi vida. Del Colegio Nacional recuerdo a todos mis profesores (no voy a decir ningún nombre porque tengo miedo de olvidarme de alguien), los campamentos, los campeonatos internos, yo vivía en el Colegio, pasé toda mi adolescencia en ese templo del saber. En Filo y Lé me recibieron con los brazos abiertos, mis compañeros siempre fueron amables conmigo, en especial mi querida amiga Pamela Nanterne (Rip). A algunos los sigo viendo porque me invitan a dar talleres literarios, que en este momento es mi ganapán. No quiero olvidarme de los docentes de la Universidad, si bien no había una relación amistosa porque vivíamos en otra época, no nos hacíamos amigos de los profesores de la Facultad, como es ahora, pero aprendí todo de ellos, incluso tengo audios que más de uno querría tener para estudiar.
—Compartimos en un par de ocasiones el Mundial de Escritura, me gustaría que me cuentes ¿Qué te dejó el mundial?
—El Mundial de Escritura me dejó grandes amigas, Inés Cortón, Nancy Olivera, Ita Fabris, Silvia González, Marita Pilán, Susana Noé, María Angélica Ballent, María Angélica Montero “Pochi”, Emma Llano, Susana Gianfrancisco, Cristina Guerrero, a algunas las conozco y a otras las conoceré pronto porque me gusta viajar. Tuve la suerte de recorrer todo nuestro hermoso país. Trabajo desde los 20 años y pude pagarme esos viajes (a veces también pedía dinero a mis padres, no te voy a mentir). Nunca he ganado un Mundial pero eso no tiene importancia porque es un juego y el juego es una lotería. Gracias a las consignas que nos daban tengo un libro de cuentos inédito que pienso publicar en el 2024.
—Cuéntame de tu trabajo en Radio Universidad.
—El mes pasado recibí una buena noticia con respecto a mi trabajo en Radio Universidad, existe la posibilidad de tener mi propio programa radial. Pero primero quiero mencionar a mi amiga Débora Zorrilla, a quien conozco hace 19 años. Éramos vecinos y nos veíamos en la Facultad de Filosofía, yo estudiaba Letras y ella, Ciencias de la Comunicación. En los pasillos fríos de la facultad charlábamos de todo, recordando los tiempos felices como escribe el Dante. La vida nos separó y una tarde del año 2021 me llamó y me dijo que quería hacerme una entrevista para un programa llamado Frecuencia Solidaria (en ese momento creí que me haría famoso). Hablamos como 45 minutos, la entrevista está en mi Canal de YouTube (no quiero escucharla de nuevo porque no me gusta mi voz), a la semana siguiente me volvió a llamar y me propuso tener un espacio de 10 minutos en el programa para que comentara las actividades del Espacio de Epicuro o Susana Gian (es el nombre que actualmente tiene el espacio en Radio Universidad). He elegido ese nombre como un homenaje a la gran escritora Susana Gianfrancisco que falleció por Covid. Volviendo al tema de la radio, acepté inmediatamente porque me acaban de despedir de mi trabajo y pensé que sería una buena forma de esquivar a la nefasta depresión. En otra entrevista te contaré (les contaré) las palabras de aliento que me dijo Débora y aunque no lo crean, se están cumpliendo. Por eso hace un momento escribí la palabra famoso, porque ella me lo dijo.
Por último quiero mencionar a la profesora de Biología Beatriz Elena Páez, egresada de la UNT, que también me ayudó bastante. Desgraciadamente nos dejó este año. Le estaré infinitamente agradecido porque fue una de las pocas personas en Tucumán que me dijo que estudiar me salvaría la vida. El último recuerdo que tengo de ella es mostrándole mi trabajo por la televisión. La profesora Elena sonrió, esa sonrisa me acompañará en el Paraíso.

*Escritor. Colaboración para Diario Cuarto Poder.

Datos del autor

Miguel Ángel Figueroa nació en San Salvador de Jujuy, a orillas del Río Grande. Cursó sus estudios primarios en la Escuela “Eva Perón” y en la Escuela N° 223 “Arzobispo J. M. R. Mendizábal”.

Su adolescencia la pasó en el Colegio Nacional de Jujuy, el cual le brindó la preparación necesaria para facilitarle el acceso a los estudios superiores. Allí conoció a adolescentes aventureros y perspicaces, como su tocayo Miguel Cané, autor de “Juvenilia”.

Cuando culminó el nivel secundario, decidió viajar a Tucumán para estudiar la carrera de Letras en la Facultad de Filosofía y Letras (UNT).

Finalmente obtuvo el título de Licenciado en Letras (Clásicas).

Publicó varios libros: “4 poemas y 1 cuento falaz” (2017), “Cinco miradas sobre El Alto” (2019), “Algunos textos macabros” (2020), “Cuentos poemados” (2021), “Para qué sirve el latín en el siglo XXI” (2023).

Actualmente trabaja como escritor, coordina el Taller de Lectura y Escritura Creativa “El Espacio de Epicuro” en la Biblioteca Nicolás Avellaneda y recorre las escuelas de la ciudad de San Miguel de Tucumán difundiendo la obra de los autores tucumanos.

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