El Gobierno intenta contener al sindicalismo peronista y alinear a sus dirigentes detrás del objetivo de la moderación salarial en las paritarias 2020. No es fácil. Por eso Alberto Fernández, en persona, encabeza los contactos que comenzaron en las últimas 48 horas con distintos dirigentes gremiales y que podrían incluir la semana próxima un encuentro con la CGT, las dos CTA y otros sectores.

Al Presidente le preocuparon algunas señales de malestar que surgieron en las últimas semanas entre los gremialistas en materia salarial: es que necesita paz sindical para que las paritarias no se desboquen y así desalentar las expectativas inflacionarias en medio de las negociaciones con el FMI.

Esa estrategia explica la reunión de anteayer de Alberto Fernández y Hugo Moyano, el almuerzo de ayer entre el Presidente y el cosecretario general de la CGT, Héctor Daer, además del encuentro que se estaría planificando para la semana próxima con la conducción cegetista, las dos CTA y otros sectores.

La inflación de enero que se anunció ayer (2,3%, la más baja desde julio) causó alivio en el Presidente en esta jugada sindical, ya que con un índice descendente se aliviana la presión salarial y la tentación de recurrir a una herramienta que desalentó públicamente Alberto Fernández: la cláusula gatillo de actualización automática de los sueldos, decisiva cuando el costo de vida sube sin freno.

El Presidente necesita mostrarle al FMI que los sindicatos están alineados con la estrategia de moderación salarial que impulsa el Gobierno: es clave la foto de los principales caciques gremiales en el palco de la Cámara de Diputados, anteayer, para escuchar al ministro Martín Guzmán hablar sobre la renegociación de la deuda. De la misma forma, políticamente es fuerte la imagen de un “aliado díscolo” como Hugo Moyano entrando a la Casa Rosada para reunirse con Alberto Fernández.

La resistencia del gremialismo en seguir la sugerencia del Gobierno en el plano salarial (pactar sumas fijas como anticipos y postergar las paritarias hasta junio) derivó en un virtual estado de rebeldía de algunos sindicatos que se negaban a seguir esta “recomendación”.

La tensión llegó a un nivel tan elevado que el 30 de enero debió reunirse de urgencia la mesa chica de la CGT para discutir este tema y tampoco hubo un acuerdo en sintonía con el pedido oficial: sólo se pudo acordar que la central obrera dejaba en libertad de acción a los gremios y que cada uno decidiría si negociaba un porcentaje o una suma fija. Gusto a poco para la Casa Rosada.

Para colmo, a las paritarias fuera de la pauta oficial se sumaron declaraciones que confirmaban el pésimo ánimo de algunos dirigentes gremiales. El cosecretario general de la CGT Carlos Acuña, del sindicato de trabajadores de estaciones de servicio, se endureció: “Yo estoy viendo que en vez de preocuparse en recuperar el poder adquisitivo de los trabajadores, nos están diciendo que hay que ser responsables y que no hay cláusula gatillo”, dijo este sindicalista enrolado en el barrionuevismo.

fuente: infobae

Comments

Comentarios