crimen

Violencia de género, consumo de drogas, peleas, traiciones, abandono. Son muchos los secretos que se cobijan entre las paredes de la vivienda ubicada en calle Chacabuco 59, y comienzan a desvelarse a medida que avanza la investigación por el crimen de la mujer que apareció sumergida en una cisterna dentro de ese inmueble.

Los encargados de la pesquisa creen que se trata de Laura Gabriela Picciutto, dueña de casa, de quien hace más de un mes que no se tienen noticias. Más allá de las reservas, están seguros que la identificación del cuerpo confirmará esa sospecha y terminará de encaminar la instrucción del caso.

Todos los que aparecen en la lista de sospechosos tienen algún vínculo con la vivienda de Chacabuco primera cuadra. La única detenida, junto a otra joven y dos hombres, arrendaban un departamento. La peluquera hacía lo mismo. Mientras que la ex pareja de “Gaby”, como la conocían en el vecindario, pretendía vender la propiedad.

“Hace no mucho tiempo hubo una fuerte pelea entre la dueña, una de las parejas de hippies y la peluquera. La estilista los acusó a ellos de haber ingresado a su local para robar un televisor y otros elementos de valor”, confió Flor, quien trabaja en un comercio de la zona.

La joven contó otro episodio en el que quedaron apuntados la chica que fue detenida y su pareja. “Ocurrió el sábado anterior a que encontraran el cuerpo. Parecía que él la estaba matando a golpes. Alguien llamó a la Policía y se armó un enorme revuelo”, recordó.

Por otro lado se supo que la mujer por ahora desaparecida, tenía un largo enfrentamiento con su ex esposo, hijo de los propietarios originales de la casa que, tras el juicio de divorcio, quedó en manos de Picciutto, con el argumento de que tenía a su hija a cargo, pero poco después la menor se fue a vivir con su abuela al interior de la provincia.

El hombre se presentó ante los inquilinos para exigirles que se retiraran porque su ex mujer había viajado. La Justicia ordenó el allanamiento de las viviendas del ex marido. También la de la peluquera y de una de las parejas que vivía en la vivienda. Tratan de identificar a por lo menos otras dos personas que, confían, podrían entregarse en cuestión de horas.

Los inquilinos y la dueña de casa, tienen un factor común: todos estaban marcados por el consumo problemático de drogas. La detenida, por caso, fue llevada a Homicidios, donde estuvo durante varias horas en observación porque se encontraba bajo los efectos de las sustancias que había consumido.

Ante este cuadro, la justicia decidió postergar para este miércoles la audiencia en su contra ya que el estado en el que se encontraba le habría impedido expresarse con coherencia. Está continuamente bajo vigilancia, ante el temor que sufra un síndrome de abstinencia.

Numerosos testimonios de vecinos dan cuenta que la dueña de casa solía presentarse en idénticas condiciones en los locales comerciales de la zona, donde estaban lamentablemente habituados a presenciar escenas desagradables ocasionadas por su fuerte adicción a las drogas.

María Laura Hernández, una vecina, reveló una situación particular que protagonizó la supuesta víctima del crimen. “En febrero una amiga vino a buscarla porque hace un mes que no podía comunicarse con ella. Ella me decía que consumía pastillas y tomaba alcohol puro”, recordó.

Los vecinos aseguraron que los inquilinos eran muy extraños. “Estaban muy limados. Vivían generando problemas por las drogas”, dijo Luis Martínez, estudiante universitario que compartió una que otra noche con ellos. “Siempre la gente los terminaba corriendo porque eran muy garrones”, añadió.

Un dato no menor es el problema familiar que tenía la propietaria de la vivienda de Chacabuco 59. En un primer momento no se sabía por qué sus seres cercanos, incluida su hija, habían dejado de tener contacto con ella. Ahora los investigadores sospechan fue que por sus problemas de adicción.

Con el correr de las horas fueron descubriéndose algunos detalles del hallazgo del cuerpo. Finalmente se confirmó que la cisterna donde fue arrojado no tenía agua. Se supo que el cadáver fue envuelto con una colcha que habría sido atado con piola. Esa cobertura podría haber evitado que los olores nauseabundos se expandieran rápidamente.

Se confirmó también que la víctima del crimen tenía puestas prótesis mamarias. Las pesquisas tratan de determinar si los implantes de siliconas tienen un número de serie para saber la posibilidad de que exista un registro sobre quién las adquirió. Es una de las posibilidades que podrían utilizar para lograr una identificación más rápida.

Otro dato que no es menor. Una sola persona no pudo haber ocultado el cuerpo. Por esa razón los pesquisas creen que el crimen fue cometido por varios o al menos, hubo alguien que colaboró con el ocultamiento del cadáver.

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