Los mercados dieron un susto esta semana y el Gobierno sufrió un traspié al cancelar el nuevo índice de inflación. La expectativa ahora está puesta en la reforma laboral y la misión del FMI. Caputo recibirá esta semana a la UIA.
El “affaire Indec” representó el primer sobresalto para el Gobierno en un año que había arranco muy bien desde lo financiero. El Central compra dólares todos los días, avanza la acumulación de reservas y el riesgo país cayó a los 500 puntos básicos. Sin embargo, la decisión de cancelar casi sobre la hora la nueva medición de inflación, y la renuncia de Marco Lavagna, titular del organismo estadístico, generó mucho ruido y también llevó a conclusiones precipitadas.
Más allá de algunos rumores, fue poco serio el argumento que la inflación de enero con el nuevo índice se ubicaba por encima del 3% y por eso se decidió frenar el nuevo índice. En realidad, la diferencia entre la canasta de gasto correspondiente al 2018 versus la del 2004 difirieron el año pasado unos 2 puntos porcentuales: 33,6% versus 31,5%. Así lo estimó la Universidad Di Tella a través de su índice de “inflación latente”, que pondera cada rubro de acuerdo a la encuesta de gasto de 2018, que ahora el Gobierno no quiere tomar en cuenta.
Más allá de las explicaciones de Luis “Toto” Caputo, quedó flotando algo que parece muy obvio: el nuevo índice, al calcular un mayor peso de los servicios, debería dar más alto que el actual, que le pone mucho más peso a la canasta de bienes.
Desinflación en pausa
El problema, obviamente, no es el INDEC sino el proceso de desinflación que entró en una pausa desde mediados de 2025. Ahora todas las miradas apuntan a abril. A partir de ese mes, según coinciden los analistas que participan del Relevamiento de Expectativas de Mercado, el índice perforaría el 2%.
El segundo trimestre no solo será muy relevante para el plan económico por el desafío de mostrar buenos resultados en la lucha contra la inflación. Además la expectativa está puesta en la liquidación de la cosecha gruesa y la lluvia de dólares que ingresará desde fines de abril.
El Banco Central ya compró USD 1.300 millones y se espera que acelere notoriamente el ritmo de compras diario. No solo se trata solo de fortalecer al Banco Central, sino al mismo tiempo de conseguir una caída adicional de riesgo país.
Apuesta a la construcción
Algunos, como el caso de Adcap, creen que con el paso de los meses este índice puede caer a la zona de los 300 puntos básicos desde los 500 actuales. “Si los bonos siguen en ascenso es esperable que también aumente por lo menos 15% el valor del metro cuadrado en dólares, lo que gatillaría una mayor expansión en sectores como la construcción, que además genera mucha mano de obra”, explicó Federico Filippini, head de research de la compañía.
Por lo pronto, la construcción ya empieza dar mayores señales de vitalidad, aunque todavía sigue por debajo de los niveles de 2023. El INDEC mostró un crecimiento en diciembre para el sector del orden del 2,3% y para todo el 2025 una mejora de 6,3%. Será uno de los rubros claves para empujar la actividad este año.
El bolsillo de la gente
Después de un buen arranque del año, todavía hay muchas incógnitas para develar. La primera es si el Gobierno conseguirá avanzar exitosamente en el proceso de desinflación a lo largo del 2026.
El otro gran signo de pregunta tiene que ver con el nivel de actividad. Por ahora no hay señales muy claras respecto a cómo será la expansión de la economía y en qué medida la gente la sentirá en los bolsillos. Es, sin lugar a dudas, el aspecto más desafiante que deberá encarar el equipo económico y que será abordado por los principales directivos de la UIA cuando se reúnan esta semana con Caputo.


