Letras de Fuego / Comentario / Por Manuel Ernesto Rivas*. Desde su publicación en julio de este año el libro de cuentos “Zorro”, del escritor y periodista tucumano Alfredo Aráoz ha generado expectativa y cosechado elogios. Ninguno de ellos ha sido inmerecido.
Una tapa que genera expectativas
La tapa nos genera una incógnita inicial. ¿Qué significa ese zorro que aparece entre esos tonos celestes? Esa es, tal vez, la primera sorpresa con la que se encontrará el desprevenido lector que afronte estas páginas creadas por Alfredo Aráoz, escritor y periodista tucumano.
Sin embargo, el inicio del libro les proporcionará la visión profesional de su colega Pedro Noli, con quien tuve el placer de compartir Redacción en el Diario El Tribuno de Tucumán. Noli advertirá que se puede comenzar en cualquier página y que el libro indefectiblemente atrapará a los lectores. Noli irá más allá al señalar que el autor narra la identidad profunda de la provincia. En eso no se equivoca. En esta obra publicada por La Papa Editorial está la tucumanidad al palo.
Luego de la visión de Noli, viene un trago por demás emotivo, que son las palabras de la madre del autor, Viviana Bilotti, quien pone en marcha los recuerdos de aquel niño que ha crecido, se ha jugado por los sueños y que en este acto cumple uno de ellos, el de publicar su primer libro.
La sorpresa del primer cuento
Una vez que hemos atravesado estos textos que pretenden presentar la obra y su autor, pasamos a una sorpresa que nos deja pensando: el primer cuento es “Zorro”. Ello nos remite de nuevo a la tapa que nos ha sembrado expectativas. La mayoría de los autores coloca el cuento que da nombre al libro en la zona media o más atrás, porque se trata del mejor de los cuentos.
La jugada del escritor y su editor parece sostenerse en la opinión ya esgrimida por Noli, de abrir la obra en cualquier página seguros de la calidad de lo escrito.
Allí descubrimos que el zorrito de la tapa es una metáfora de parte de nuestra identidad tucumana. La historia de un árbitro devenido en agente de tránsito es deliciosa y con lugares fácilmente identificables por los habitantes de esta provincia. La zona de la terminal, el microcentro, las costumbres y las mañas se entrelazan.
Un conjunto sólido de textos
Una joven planera nos lleva también a sitios identificables como el boliche Metrópolis o un motel de la calle General Paz. Son de una especie de realismo mágico las escenas que se plantean en este cuento. Pero el autor no se queda solo en la geografía tucumana, también se expande en la elección de sus historias, como la convivencia entre clases sociales en un micro de larga distancia desde Buenos Aires a Jujuy. La creatividad de Aráoz nace de su entrenada mirada de periodista y se complementa con un rico despliegue de situaciones.
En “Clac” y “Las empleadas” elige situaciones que se dan en ámbitos laborales, que hablan de costumbres y desavenencias al mismo tiempo. Mientras que en “El alumno del delantal apretado” explora los cambios de la pre adolescencia y los comportamientos de los estudiantes hasta un final inesperado y cambiante.
En “A la cama con Hidalgo” la picardía tiene sus consecuencias con el engaño como eje.
La caricaturización de los políticos se logra con mucho acierto en “La dieta de un político”, en donde seguramente el ojo periodístico de Aráoz le proporcionó la materia prima para construir una ficción en la que mucho de lo que se despliega tiene asidero en la realidad.
Mientras que, en “El último beso” hay una historia de amor que se cuenta sin rodeos. Una metáfora de la soledad en plena ciudad y el hallazgo de una esperanza alejada de los prejuicios y la discriminación.
En definitiva, aquel reto inicial de Pedro Noli de abrir el libro en cualquier página es certero y está más allá de cualquier exageración. En la pluma de Alfredo Aráoz, la tucumanidad toma otro vuelo, es reconocible y atrozmente sublime.
*Director de Diario Cuarto Poder y Letras de Fuego Ediciones. Profesor, periodista y escritor.


