Por Marcelo Pérez para Diario Cuarto Poder | La vida post-pandemia podría traer cambios significativos tanto en materia laboral como escolar. Los nuevos protocolos, para evitar contagios, ya se implementan en otras partes del mundo y en nuestro país son vistos como posibilidad. Clases de 3 horas por día, teletrabajo y horario continuo.

Para abordar la problemática del coronavirus el gobierno nacional implementó a partir del 20 de marzo pasado el esquema de “cuarentena total” o aislamiento preventivo social obligatoria, medida que –en principio- iba a extenderse sólo por dos semanas, pero frente al recrudecimiento de la pandemia se decidió ampliar el tiempo de la medida afectando tanto la parte laboral, como las clases, el cierre de fronteras, la disminución de frecuencia del transporte público y suspensión de todo tipo de actividades laborales, salvo las consideradas esenciales: Salud y Seguridad.

Tucumán fase 4

Con el paso del tiempo y la menor la circulación del virus en el Interior del país –principalmente- dicha política se fue flexibilizando, al punto de que hoy en Tucumán se pasó a la fase 4, donde el aislamiento quedó atrás y el distanciamiento es lo que cuenta, por lo que se volvió a la apertura de distintas actividades productivas, comerciales y de servicios, para dinamizar de nuevo la economía, pero trabajando siempre de manera distinta, segura y acorde a la “nueva normalidad”.

En ese contexto, y mientras otras actividades aún esperan el “OK” para volver a trabajar, surgieron muchos interrogantes de cómo se va a seguir de ahora en más, teniendo en cuenta que nada es igual y que la seguridad sanitaria y bioseguridad mandan en todos los ámbitos.

Reducir la semana laboral

Así surgió la posibilidad de que para evitar aglomeraciones, compartir espacios y contactos, algunos países comenzaran a estudiar la posibilidad de reducir la semana laboral de 6 a 4 días, aprovechando además que en estos últimos 100 días, muchas empresas comenzaron a trabajar a full con el “home office”. Nueva Zelanda y Finlandia, entre otros países, ya lo plantearon y tuvo mucha aceptación.

Las jefas de estado de Nueva Zalanda y de Finlandia

En principio, se busca evitar contagios, y por otra parte, impulsar la economía mediante el aprovechamiento de los días de ocio para ayudar al turismo doméstico.

“Es un acuerdo que deben tomar entre empleador y empleado. Pero hemos aprendido mucho durante la pandemia de COVID-19, la flexibilidad de las personas que trabajan desde casa y la productividad que se puede sacar de eso”, comentó Jacinda Ardern, premier de Nueva Zelanda.

El país tiene 1.500 infectados y poco más de 20 muertes, aplanando de forma exitosa la curva en un territorio con 5 millones de habitantes y reabriendo recientemente bares y restaurantes. A pesar de estos resultados, se han producido quitas en sueldos y despidos en el país.

Experiencia en Japón

La jornada laboral de 4 días no es nueva. Microsoft, por ejemplo, aplicó la medida en sus oficinas de Japón con resultados alentadores, entre los que se destacó un 40% de incremento en ventas. Las ventajas incluyen, además, empleados más felices y productivos, con mejoras en la salud mental y física, el ambiente y en relaciones sociales; y meno gastos (ahorro) para la empresa de luz, gas, agua, telefonía e internet.

España también propone una semana laboral de 4 días y sin rebaja salarial ya que, en muchos casos, los empleados podrán seguir realizando tareas desde su casa.

La empresaria María Álvarez, una de las impulsoras, señala que la crisis generada por el Covid, el confinamiento y el cierre de escuelas, encendió una luz en los problemas de conciliación, la densidad en las grandes ciudades, la contaminación que genera del transporte y el presencialismo en la oficina, taller, etc.

La situación obliga a reflexionar sobre un sistema laboral y vital que evite aglomeraciones, que facilite la conciliación de todos, que rebaje la densidad en el transporte público y también en las oficinas. Un cambio real en torno a una jornada laboral. La propuesta reduce el 20% de la semana laboral con mantenimiento del salario en base a los criterios de productividad.

No se puede volver atrás

María Álvarez remarca que es un cambio de concepción del tiempo y de la vida misma: “no se puede volver a la nueva normalidad como si no hubiera pasado nada”. Trabajar ocho horas al día, cinco días a la semana con un nivel alto de concentración y productividad es casi imposible.

En Finlandia, la recién nombrada primera ministra, Sanna Marin, lanzó una propuesta que pretende dar un giro radical a la forma de trabajo y estilo de vida de sus ciudadanos.

La ministra pretende reducir la semana laboral a 4 días, que el día de trabajo sea solo de seis horas y que además los horarios sean flexibles. Actualmente se trabaja 8 horas diarias.

“Creo que las personas merecen pasar más tiempo con sus familias, seres queridos, pasatiempos y otros aspectos de la vida, como la cultura. Este podría ser el siguiente paso para nosotros en la vida laboral”, explicó Marin.

Los detractores

Pero la medida no está exenta de críticas. Hay quienes consideran que una reducción de las horas de trabajo sin ir acompañada de una reducción del salario supone un mayor coste para las empresas. Sin embargo, los defensores de la iniciativa aseguran que la productividad en los trabajadores aumenta, por lo que el resultado es positivo para la empresa y el trabajador.

Más al sur, el Partido Laborista del Reino Unido dijo en septiembre que, de ser elegido, implantaría una semana laboral de 32 horas en un plazo de 10 años. En Francia, la semana laboral estándar es de 35 horas.

En otro extremo se ubican los dueños de empresas de servicios (bares, restaurantes). Opinan que es muy difícil que una empresa que tiene un horario de atención al público, como un pequeño comercio o un bar, pueda asumir los costes de contratar a más personal para compensar la reducción de horas de sus trabajadores. Allí podría aparecer el Estado y ayudar a compensar con ayuda económica a las empresas que asuman el costo para favorecer la salud de sus trabajadores.

La vuelta a clase

Ésta semana el ministro de Educación Nicolás Trotta, marcó como fecha posible del regreso a las aulas agosto próximo, tras las vacaciones de invierno, en la mayor parte del país. Y aclaró que desde ese mes “será una escuela distinta”. Y es que se están analizando distintas variables para que el retorno a las aulas no sea un problema con el coronavirus aún dando vuelta en el país.

Por ejemplo, en Bueno Aires lanzaron la posibilidad de una jornada escolar de 3 horas y con estrictos controles en recreos y baños. Barbijos obligatorios para los chicos desde los 7 años; ciclos de cuatro días de clases y diez de “descanso”.

Modelo israelí

Desde el punto de vista de la organización escolar, la propuesta que más ganó terreno es el modelo israelí. Consiste en dividir a la escuela en dos. La mitad de los chicos irían cuatro días seguidos, de lunes a jueves. Después estudiarían en sus casas 10 días.

A la semana siguiente iría la otra mitad del colegio también de lunes a jueves, y luego se quedarían en casa 10 días.

La lógica del método diseñado por científicos israelíes es que, desde que una persona se contagia, el virus puede estar latente durante tres días con muy pocas chances de contagiar.

Entonces, si llegara a pasar que un chico se infecte, al momento de contagiar ese alumno ya estaría en su casa cumpliendo el aislamiento de los otros 10 días.

Clase a distancia

Siguiente este método, la idea es que aquellos maestros o profesores que no pueden asistir en forma presencial por estar dentro de los grupos de riesgo puedan dar clase, en forma virtual, a aquellos chicos que están diez días seguidos en sus casas.

Las jornadas escolares presenciales serán bastante más cortas. Nunca más de tres horas. Tanto el desayuno como la merienda se darán en las aulas, de modo de no usar los comedores.

No se va a permitir que ningún chico lleve a la escuela juguetes o pelota ni nada de la casa que no tenga que ver con las actividades escolares. Los recreos serán en tandas, con pocos chicos y se instrumentará un estricto control en el ingreso y dentro de los baños.

Sin agua, no hay escuela

Además, los pupitres serán de cada chico y no podrán cambiarse a otro, y habrá que garantizar que sea completamente desinfectado de una jornada para la otra. Lo mismo con todos los elementos de computación. Una cosa que quedó clara. De ningún modo se habilitará alguna escuela que no cuente con agua potable o tenga fallas en dicho suministro.

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