Por Hipólito Alvarado* para Diario Cuarto Poder / Se viene un nocaut literario. La publicación del libro de cuentos “Los guantes amarillos”, de Manuel Rivas, será realidad en unos días y anticipamos ese hecho con la entrevista a su autor sobre sus sensaciones.

—¿Qué sentimientos te despierta la posibilidad de tener el libro impreso en tus manos en los próximos días?

—Recibir en mis manos “Los guantes amarillos” me despierta mucha ansiedad. Para mí es la culminación de un sueño que tengo desde chico, porque siempre intuí que mi pasión por la lectura y la escritura tenían una razón de ser. En unos días, tendremos el libro en concreto, porque ya lo vimos en archivos en una virtualidad que se parece a la ecografía de un hijo que viene en camino. Esa alegría se multiplica en muchos parientes, amigos y afectos cercanos que me demuestran su acompañamiento. Al final, parece que mi sueño individual se torna en colectivo, en una medida menor pero placentera. También la nostalgia por aquellos que no están, mis padres, mis maestros y profesores. Es una mezcla que en el balance da positivo.

 

—¿Cuándo se dio la fecundación de este libro?

—(Se ríe de la pregunta) Podríamos decir que en medio de la pandemia. Curiosamente, en ese tiempo de oscuridad del encierro, hallé la luz en la escritura y en la virtualidad. Mi pertenencia al Espacio de Epicuro me ayudó a terminar de escribir la novela inédita “Cenizas del Uritorco”; en tanto que mi participación en el Mundial de Escritura me permitió conocer a seres maravillosos, otros escritores de la provincia, el país y el mundo, que me facilitaron el camino para dos libros de cuentos, “Los guantes amarillos” y “Fuego en el océano”, que por ahora seguirá inédito por unos meses más.

 

—Si tenías tres libros para publicar, ¿por qué elegiste “Los guantes amarillos”?

—Fue en una charla que tuve con Pablo Donzelli, uno de los responsables de Editorial La Papa, con la que publico el libro. Destaco la cordialidad y el respeto que en todo momento demostró ante alguien que había participado en tres antologías, dos de ellas muy lejanas en el tiempo, y que solo tenía laureles en el periodismo para mostrar. Pablo me sugirió comenzar con los libros de cuentos y dejar la novela para más adelante. Ahí se me vino a la cabeza “Los guantes amarillos”, del que ya tenía hasta el prólogo hecho (comenta con entusiasmo).

 

—¿Fue solo porque estaba escrito el prólogo?

—No fue solo por eso. Sentí que era el momento de hacer un homenaje a mi padre, Manuel Martiniano, quien amaba el boxeo y lo había practicado cuando hizo el servicio militar obligatorio en la Marina. Tengo vivos los recuerdos de las noches en que mirábamos juntos las peleas por televisión. Después de su muerte, ocurrida en 2009, me cuesta mirar boxeo. El cuento “Los guantes amarillos” narra la historia de un boxeador que tiene su última oportunidad de triunfar en una pelea por el título argentino. Lo del prólogo también era importante, porque lo escribió otra persona que admiro, la escritora Nancy Olivera. Para mí es una de las animadoras culturales de la literatura del NOA y su escritura comprometida merece trascendencia nacional e internacional. Que haya escrito el prólogo es un gran halago para mí y un honor haber escrito el de su libro “Cuentos de la selva urbana”, presentado recientemente en Jujuy.

 

—¿Tienen características comunes los cuentos que componen la obra?

—Las temáticas son diversas. Tanto Nancy Olivera como Pablo Donzelli, lo destacaron en sus comentarios. Hago uso de variados recursos para tratar de mantener la tensión propia de un cuento y buscar la sorpresa del final. En ese sentido, Donzelli les hace un reto a los potenciales lectores sobre el hecho de adivinar los desenlaces. Realmente se lo agradezco, porque tanto él como La Papa contuvieron mis ansiedades y temores. Mis cuentos tienen dosis de amor, suspenso, erotismo, algo de maravilloso, policial, terror y abordo temas de actualidad, en fin, lo que puede sucederle a cualquier persona. Son veintitrés cuentos y en la escritura de cada uno de ellos puse mi cabeza y mi corazón.

 

—¿Le tienes fe al libro?

—Hasta el momento, los que lo leyeron me dieron muy buenas devoluciones. Por ejemplo, María Belén Aguirre, Inés Cortón, Nancy Olivera, Gustavo Díaz Arias, Fabián Soberón y varios de los escritores que estamos en el grupo de mundialistas y también del Taller Repentista. La tapa es un fabuloso trabajo de David Yapur y recibió muchas alabanzas. Todos esos comentarios me dan ánimo y me hacen creer en las posibilidades de este primer hijo literario. Ya planté cientos de árboles, tuve una hermosa hija que se llama Anita Belén y me faltaba el libro propio. Ya era hora (ríe).

 

—¿Qué te dijo María Belén Aguirre?

—Me da pena decirlo yo, pero me dijo que disfrutó de la lectura de cada cuento, de lo sorprendente de los finales, del manejo de los tiempos –algunos simultáneos- y de una narración cinematográfica que les doy a los cuentos. ¿Qué más puedo pedir? Una “grosa” como ella hablando tan bien de mi libro. Para mí, ella es la nueva Lola Mora, que esculpe con palabras verdaderos monumentos literarios. Admiro su calidad poética y creo que se encuentra en un estado de gracia para la creación. Ya lleva tres libros publicados en lo que va de 2022 y no me sorprendería que esté gestando el cuarto. Supongo que tiene a varias musas secuestradas (sonríe de su ocurrencia y bebe un trago de agua).

 

—¿Qué es la literatura para vos?

—Es una tabla de salvación para los sinsabores que tiene la vida. Escribir ha marcado hitos cotidianos dentro de mi existencia. La literatura siempre estuvo presente en muchos momentos difíciles. Esos escritores que leía de chico o de joven, en la adultez y en la madurez actual, se metieron en mi corazón y en mi mente y siempre despertaron lo mejor de mí. Ahora, quiero ser un poco como ellos, en algo que quizás no tenga comparación si nos referimos a la proyección que se puede alcanzar.

 

—A pesar de eso, ¿crees que te permite trascender?

—Hace tiempo, entrevisté a Fabián Soberón y él me decía: “Mi escritura es una lucha perdida contra el olvido”. Con esa expresión caí en cuenta de lo difícil que es trascender. En una charla reciente que tuvimos, café de por medio, hablamos nuevamente de eso, de lo complejo que es entrar en el canon literario. Le dije que las puertas del canon suelen ser muy pesadas. Él me dijo que tienen que pasar 100 años después de su muerte, para saber si un escritor trasciende o no. Muchos caen en el olvido. En mi caso, recién estoy publicando mi primer y humilde libro y, como no lo sabré un siglo después de mi deceso (ríe de la ocurrencia), prefiero pensar que la literatura es eviterna o un epitafio escrito en el viento.

 

—¿Es verdad que pensaste en una “performance” para la presentación de tu libro?

—Sí, en verdad, pensé en salir de las presentaciones formales y acartonadas. Pero no es algo que haya inventado yo. Cuando Oliverio Girondo presentó “Espantapájaros Nº 11”, paseó en una carroza, por toda la ciudad de Buenos Aires, un enorme espantapájaros. Por mi parte, creí oportuno ponerme en la piel del protagonista del cuento que da nombre al libro. Ya veremos (Dice tratando de mantener el misterio sobre los detalles).

Manuel Rivas en la piel de uno de sus personajes.
—¿Qué puedes contarnos de la asociación literaria que integras?

—Recientemente fundamos, junto a los escritores Verónica González y Gustavo Díaz Arias, la Asociación Ilícita de los Poetas Muertos “Alejandra Pizarnik”. Sentíamos que habíamos cumplido un ciclo en el Espacio de Epicuro, liderado por Miguel Ángel Figueroa y Noelia Mónaco. Todo se dio de manera natural y, cuando menos nos dimos cuenta, ya teníamos la carta fundacional y los objetivos. Pronto tendremos novedades sobre nuestras actividades y la incorporación de escritores. Apostamos a la difusión de nuevos autores y a la publicación de sus obras.

 

—¿Recuerdas la primera vez que escribiste algo literario?

—Además de las composiciones que nos pedía mi maestra de 3º grado, Alicia de Romeo, recuerdo una canción que escribí para el Día del Maestro, cuando era alumno de la señorita “Bidi” en 5º grado. Después, ya en la adolescencia, los poemas de amor y las cartas, que me convirtieron en un verdadero Cyrano de Bergerac.

 

—¿Por qué un Cyrano de Bergerac?

—Porque mis compañeros me pedían que les escribiera cartas de amor a las chicas que a ellos les gustaban. Lo hacía y ellas pensaban que eran muy románticos, pero en realidad eran bastante pillos. Un día me tocó escribir una carta a una chica que me gustaba. Mi decepción fue tan grande al ver que ella cayó rendida a sus pies y él no la tomaba en serio, que me prometí nunca más escribir una carta por encargo.

 

—¿Y alguna vez la poesía funcionó para vos?

—Pocas veces. Una vez abrí las puertas de un amor que creía imposible. Pero, en la mayoría de las veces, me conformo con que una musa superior me dicte versos para que la gente se enamore, como cuando logré que un alumno recuperara a su novia con un poema que le presté, pero que en definitiva ya no era mío cuando se lo di a copiar. Me gusta la extraña sensación de escuchar un poema mío en la boca de otro y sentir que no lo escribí. Es como si lo hubiese soltado en el aire y desplegara sus alas para alejarse de mí.

 

—¿Cuál será tu próximo proyecto?

—El libro de cuentos “Fuego en el océano” o la novela “Cenizas del Uritorco”. Veremos si la gente de Editorial La Papa me renueva la confianza. Espero que sí. También tengo ganas de algo de poesía, porque generé un material, en estos últimos tiempos, que creo publicable. Pueden salir dos libros de poemas con lo que tengo que corregir.

 

—Para finalizar, si te diera la posibilidad de pedir un deseo ¿cuál sería?

—(Cierra los ojos, medita unos segundos y responde con picardía) Pagaría el rescate de alguna de las musas que tiene secuestradas María Belén Aguirre.

*Columnista y crítico literario

 

Datos del autor

Manuel Ernesto Rivas nació en Capital Federal en 1972. Se radicó en Tucumán en 1979. Es profesor de Letras e Historia, periodista y escritor. Trabajó dos décadas en escuelas públicas y privadas de la provincia. Se desempeñó como periodista en los diarios Siglo XXI (El Siglo) y El Tribuno de Tucumán, en donde llegó a Jefe de Información General y Coordinador General, respectivamente. En 2016 fundó el medio digital Diario Cuarto Poder, que dirige.

Manuel Rivas.

Condujo los programas radiales “Educación para todos”, “Primera Hora” y “Mensajes en la radio”. Publicó el libro de investigación periodística “Plan CoreANO” La causa que hundió al Plan Belgrano (2017). En lo literario, obtuvo premios en la Sociedad Sarmiento, Juegos Florales de San Miguel de Tucumán y el Círculo Sardo. Integró dos antologías de la Sociedad Sarmiento (1999-2000) y una del I Certamen Literario del NOA titulada “La casa de los enanos” (2021), con el cuento “La búsqueda”.

Fue cofundador del suplemento literario “Caballo Verde”, editado por el diario El Siglo (2005).

Fundó, junto a los escritores Verónica González y Gustavo Díaz Arias, la Asociación ilícita de los poetas muertos “Alejandra Pizarnik” (2021). Integra el Taller Repentista que dirige la escritora Inés Cortón. “Los guantes amarillos” es su primer libro individual.

Comments

Comentarios