Siete abogados intervienen en la defensa de los Báez en diferentes causas. Diferencias de criterios, internas familiares y un millonario imperio embargado y en camino al cierre definitivo, rodean los siete meses de prisión que esta semana cumple el socio comercial de Cristina Kirchner.

En doce años levantó un imperio en propiedades de $ 1.373 millones, sólo en Santa Cruz. Sus empresas -más de quince- tuvieron siempre un grupo reducido de personas de confianza que hoy, sólo se reduce a su familia. “Ahora nadie nos conoce” repiten desde el entorno familiar del empresario K que en un escrito ante la Justicia que lo investiga por retención indebida de aportes previsionales, expuso que “todos han abandonado el barco”, reflejando así la soledad en la que quedó inmerso.

El entramado familiar es el más complejo. Los cuatro hijos de Báez están imputados e investigados por la presunta titularidad de cuentas en el exterior que movieron unos U$S 25 millones. “Se van enterando con la prensa de muchas cosas”, justificó un allegado a los hermanos Báez. Sus nombres, documentos, en varias empresas “fue decisión del padre”, reiteran como si fuera suficiente. Para la Justicia no lo es y en el caso de Martín -el mayor de los hijos varones- está doblemente procesado por lavado de dinero.

Con el correr de los meses, la red de negocios que creó el pater famiglia se convirtió en el principal enojo de los hijos: le reprochan el escenario judicial que vive la familia donde todos los bienes están embargados preventivamente por orden del Juez Sebastián Casanello en la Ruta del Dinero K. La familia ahora vive de los alquileres que cobran en Río Gallegos por dos edificios. Pero el dinero no lo depositan en ninguna cuenta de la empresa porque todas están supervisadas por veedores judiciales.

Los últimos meses se sumó la prohibición para salir del país que Casanello ordenó sobre los hijos de Báez. Incluso Luciana, Leandro y Melina que permanecen en Río Gallegos y donde deben notificarse semanalmente ante el Juzgado Federal N° 1, no pueden salir de la ciudad sin pedir autorización. Esto complicó el trabajo que se estaba realizando en varias estancias para supervisarlas. Muchas de ellas quedaron libradas al abandono en medio de la estepa santacruceña. “Hay que pedir autorización a la Justicia y es un lío” comentaron desde Austral Construcciones a Clarín.

Las relaciones entre los hermanos transitaron diversos momentos. Quienes permanecen en Río Gallegos tienen su propio abogado, Santiago Viola, que no tiene resguardos al momento de hablar de la relación de Báez con Cristina Kirchner, “hay miles de vínculos” repitió la semana pasada cuando la ex Presidenta negó ser socia y amiga del dueño de Austral. Esta postura divide a los hermanos, “Martín es más tranquilo y más cauto”, reiteran quienes mantienen comunicación permanente con el mayor de los hijos varones del empresario K.

Los hijos de Báez hablan con él por teléfono esporádicamente, pero en buenos términos. Algo que no ocurrió los primeros meses de Báez preso cuando ni siquiera hablaban. En la capital santacruceña los tres hermanos buscan mantener la rutina en una ciudad donde no pasan desapercibidos, donde en la salida de la escuela de sus hijos las miradas cruzadas no faltan. Pero hasta ahora no sufrieron ningún incidente. “Pero como todo pueblo chico…” resumió una persona del entorno familiar que reconoce que hay tensiones con los Báez en el Sur.

A 3.000 kilómetros y privado de su libertad está Lázaro Báez, el constructor del imperio que involucró a todos su hijos como directores, dueños y accionistas de diferentes empresas que hoy están bajo la lupa de la Justicia. Esta decisión según el empresario K se basó en un sólo argumento: “No confío en nadie más, sólo en ellos”, repitió ante la consulta reiterada de por qué involucró a sus hijos. Por esta decisión algunos de sus hijos no le hablaron por un tiempo y otros ni siquiera lo visitaron.

Con los meses el escenario cambió. La mayor de las hijas, Luciana, fue dos veces en el Penal. Es la heredera forzosa del imperio que levantó en Santa Cruz su padre. Su hijo menor, Leandro, el más combativo de todos y el que empezó con la idea de recusar al juez Casanello, también acercó posiciones y visitó a su padre. Tras lo visita, hablan por teléfono con más frecuencia. Melina, la tercera de las hijas nunca lo visitó en Ezeiza y ante la Justicia remarcó que ella es la única que no integra “ni directorios, ni es accionista” ni tiene poder de decisión en las empresas. Sólo es empleada de Austral Construcciones.

El empresario detenido Lázaro Báez llega a los tribunales de Comodoro Py para ser indagado por el juez Julián Ercolini en la causa en que se investiga la supuesta existencia de un plan para beneficiarlo con la adjudicación de obras públicas durante los gobiernos kirchneristas.
El empresario detenido Lázaro Báez llega a los tribunales de Comodoro Py para ser indagado por el juez Julián Ercolini en la causa en que se investiga la supuesta existencia de un plan para beneficiarlo con la adjudicación de obras públicas durante los gobiernos kirchneristas.
En Buenos Aires, más distanciado en el último tiempo, permanece Martín. Se quedó con los abogados que decidieron no seguir con su padre, Daniel Rubinovich y Rafael Sal – Lari que no lograron entender la estrategia de Báez. “Hubo decisiones inconsultas a la defensa” explicaron en un escrito ante la Justicia y fue el mensaje anticipado de lo que ocurriría: renunciaron a la defensa de Lázaro y permanecieron con Martín. El hijo del empresario K hace varios meses no visita a su padre, uno de los motivos de mayor angustia de Báez según señalaron quienes lo visitaron recientemente.

Quien sí viajó a verlo fue su ex esposa Norma Calismonte, estuvo tres veces en el Penal después de siete meses sin verlo y sólo mantener comunicaciones telefónicas. Vivió el allanamiento a su casa en Villarino 126 y es quien cuida de la madre del empresario K, enferma hace mucho tiempo. “Cosas de ellos” fue lo único que comentaron allegados a Báez cuando describieron de qué hablaron.

Las principales diferencias de Báez con sus hijos radican en la defensa y en su posicionamiento ante la figura de Cristina Kirchner. Ellos quieren que la entregue y cuente todo. Báez, por ahora se resiste. ​Báez la llama “la doctora Fernández” y nunca la menciona con el apellido Kirchner. “Dejó de pagar y comenzó la crisis”, suele repetir en referencia a los certificados de obra. Hace poco sólo señaló: “Yo sigo acá y otros siguen libres”. No especificó a quiénes incluía en esa frase, pero no es difícil imaginar.

La semana pasada su abogado Maximiliano Rusconi tuvo un cruce mediático con Viola, el abogado de tres de los hijos de Báez, justamente sobre los vínculos con la ex Presidenta y buscó relativizarlos, algo con lo que no acuerda la familia que permanece en Río Gallegos, “nos soltaron la mano, nos dejaron solos”, repiten cuando tienen que hablar de la familia Kirchner con quienes tejieron millonarios negocios.

Una figura más controversial divide las aguas en la familia Báez. Liliana Acosta, la abogada que también asesora a Lázaro Báez y a quien se la señala como la supuesta novia del empresario K. En la familia, nadie quiere hablar del tema pero no desconocen que muchas decisiones judiciales de los últimos meses fueron tomadas por consejo de ella.

Fuente: Clarín

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