Alejandro Vandenbroele reveló ante el juez su relación con el ex vicepresidente de la Nación. Y mencionó a Ricardo Echegaray y al banquero Jorge Brito.

Alejandro Paul Vandenbroele le dijo al juez Ariel Lijo: “Conozco a Amado Boudou, trabajé para él”. Hizo negocios con él. Y también con el millonario súbito José María Núñez Carmona, socio y mejor amigo del ex vicepresidente desde los siete años de edad. Negocios millonarios. Financiados con dinero público. Y privado.

Los fondos públicos llegaron gracias a las gestiones de Boudou, primero ministro de Economía y después vicepresidente K. Estos emprendimientos eran controlados por Núñez Carmona y ejecutados por Vandenbroele. El dinero oficial, por ejemplo, se direccionaba para el pago no oficial a uno de los políticos entonces oficialistas más importantes en esta trama, Gildo Insfrán, gobernador de Formosa.

Los fondos privados para los negocios del grupo Boudou los aportó el Banco Macro. Su dueño es Jorge Brito, uno de los banqueros con más fortuna, según la revista norteamericana Forbes.

Todo esto no es más que una parte de la información que la declaración como “arrepentido” de Vandenbroele aportó a la Justicia. El juez que investiga a Boudou, Ariel Lijo, le creyó. Y estaría adoptando medidas al respecto. Bajo secreto de sumario. Habrá novedades, aunque todavía se ignora en qué plazos esas decisiones trascendentes se harán efectivas.

Pese al hermetismo judicial, esta información llegó a Clarín desde fuentes que conocen la trastienda de esta historia. En Tribunales buscan evitar las filtraciones que podrían frustrar algunos de los desenlaces que se conocerán pronto. O más temprano que tarde. Días.

El viernes pasado el juez Ariel Lijo escuchó a Vandenbroele. Leyó la documentación que aportó a sus causas. Su declaración como testigo protegido había sido anterior, ante el fiscal Jorge Di Lello. El juez “homologó” esa confesión por escrito.

Fue entonces cuando declaró el secreto de sumario para las causas del grupo Boudou. Los casos de corrupción por los que está preso Boudou aceleraron su curso procesal. La Justicia le cree a Vandenbroele.

A partir de ahora, el hermetismo de Lijo y Di Lello sobre cómo seguirá el proceso es total.

Se pudo saber, gracias a sus fuentes, que los dichos de Vandenbroele podrían cambiar drásticamente las situaciones procesales del banquero Brito; del ex jefe de la AFIP, Ricardo Echegaray; y de al menos un gerente del Banco Macro que abandonó ese puesto para trabajar junto a Vandenbroele en Ciccone Calcográfica, Máximo Lanusse.

A Vandenbroele le aseguraron las garantías que lo transforman en un testigo protegido y por eso acordó hablar como “arrepentido”.

Abogado, y prolijo para anotar y guardar papeles, Vandenbroele con su aporte le permitiría completar al juez de los casos Boudou parte de los expedientes a las que le faltaban pruebas concretas para profundizar sobre distintas variables.

Esas nuevas revelaciones complicarían a Brito, a quien Vandenbroele habría señalado como financista de las operaciones de Boudou investigadas como ilegales.

Con su relato, el “arrepentido” también habría ayudado a consolidar la hipótesis del rol crucial que tuvo Echegaray para que la sociedad presidida por él mismo, The Old Fund, pudiera adueñarse del paquete mayoritario de acciones de la máquina de hacer dinero, Ciccone Calcográfica.

Echegaray había sido imputado por Lijo y se defendió mediante un escrito. La diputada nacional Elisa Carrió había sido una de las denunciantes más firmes sobre la participación de Brito en el caso Ciccone. El banquero también había sido citado en su momento por Lijo para que declare como testigo en una causa conexa al expediente “madre” de Ciccone. En ese caso se intentaba dilucidar de dónde, cómo y por qué salió el dinero que alimentó a esa megaimpresora privada, única en el país.

Además de testimonios sobre el tema, existía documentación en la Justicia sobre cómo una empresa ligada al grupo financiero de Brito había girado dinero a Ciccone, cuyo vicepresidente era, además, Lanusse, el ex gerente general del Macro.

Vandenbroele habría aportado ahora, además de su declaración como protagonista de sus trabajos junto a Lanusse y Brito, papeles sobre documentación de la compra de Ciccone. Esa información involucraría al estudio contable Della Roca-Almarza-Piazza, quienes controlan las cuentas del Macro.

Vandenbroele tendría papeles sobre el estudio jurídico en Uruguay vinculado a una de las tantas sociedades extranjeras que se armaron como red para ocultar a los verdaderos dueños y financistas de The Old Fund-Ciccone, llamada Dusbel S.A.

El gobernador Insfrán está imputado en una causa judicial por un negocio por fuera del circuito legal con Boudou. El mandatario le pagó a The Old Fund por un “servicio de asesoría legal” y de “desectruturación (sic) de deuda pública”. Le pagó, con fondos de una provincia lacerada desde lo social, $ 7,7 millones en mayo del 2010 (casi US$ 2 millones al cambio de entonces). Fue la primer capitalización de The Old Fund, que según aceptó ahora Vandenbroele, era la pantalla usada para vehiculizar una probable coima que cobró Insfrán a través de una transferencia que recibió el hoy presidente del banco Formosa, Martín Cortés. Este último cobró 2,2 millones de pesos de los 7,7 millones que había recibido su contratante, The Old Fund: esa cifra equivalía en el 2010 a más de 500 mil dólares.

Formosa sí renegoció su deuda pública. El ministro de Economía era Boudou. ¿Por qué contrataron a The Old Fund que tenía una sola empleada, una secretaria? Vandenbroele, ademas de su confesión, habría aportado documentación sobre esta cuestión. Insfrán, como Brito y Echegaray, ya no vivirán un sosiego judicial vinculado a estos casos.

Estas historias fueron anticipadas por el periodismo; por legisladores de la oposición como Carrió, Graciela Ocaña y Margarita Stolbizer. Y por el abogado Ricardo Monner Sans. Ahora quien las ratifica es Vandenbroele, empleado confeso de Boudou, que antes negaba todo. Mismas voces, otros ámbitos.

Fuente: Clarín

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