El crimen de Erika Antonella Álvarez, la joven de 25 años hallada sin vida en un basural de Manantial Sur, profundiza el reclamo de justicia. La autopsia preliminar confirmó que murió como consecuencia de un traumatismo craneofacial con luxación cervical, un dato clave.
“Quiero que los responsables paguen. A mi hija me la arrebataron como si su vida no valiera nada. Voy a buscarlos donde sea necesario”, expresó Claudia, la madre de la joven, con un dolor que se mezcla con indignación. La familia exige avances concretos y no descarta impulsar todas las instancias necesarias para que el crimen no quede impune.
Erika era la tercera hija de Claudia y Marcelo Álvarez. Hasta hace pocos meses vivía junto a sus padres y sus dos hermanas menores en una casa de Eudoro Aráoz al 2400, pero recientemente se había mudado a una vivienda a pocas cuadras. Según relató su madre, la última vez que la vio fue el sábado 3 de enero, cuando compartieron un asado familiar. Durante los días siguientes mantuvieron contacto habitual por WhatsApp.
“El martes a la noche fue la última vez que hablé con ella. Me escribió y me dijo que el miércoles venía a comer”, recordó Claudia. Sin embargo, ese día la joven nunca llegó.
Al notar que los mensajes ya no se entregaban, la familia decidió ir hasta la casa de Erika. El inmueble estaba cerrado y vacío, aunque con el aire acondicionado encendido, una situación que incrementó la preocupación. Volvieron horas más tarde y todo seguía igual.
El jueves, a través de redes sociales, se enteraron de que vecinos habían encontrado un cuerpo en un basural de la zona sur. “Algo me decía que era ella”, relató la madre.
Marcelo Álvarez y una de las hermanas de la víctima se dirigieron al lugar, en la intersección de William Bliss y Gerónimo Helguera, donde un importante despliegue policial y de peritos ya trabajaban. La identificación se realizó por tatuajes y rasgos físicos.
El cuerpo estaba envuelto en bolsas de consorcio y, según las primeras estimaciones forenses, la data de muerte se ubicó entre 36 y 40 horas antes del hallazgo. En el lugar también se secuestraron sogas y cintas que ahora son analizadas en laboratorio.
Luego se supo que murió de forma violenta producto de un fuerte golpe en el cráneo y una luxación cervical. En paralelo, los investigadores analizan el teléfono celular de la víctima y realizan un relevamiento de cámaras de seguridad, además de entrevistas a vecinos y posibles testigos, en busca de pistas que permitan identificar al o los responsables.
Claudia recordó a su hija como “una buena chica”, con quien mantenía una relación de mucha confianza.
Contó que Erika trabajaba como dama de compañía y que siempre avisaba cuando regresaba a su casa.
También reconoció que atravesaba un consumo problemático de sustancias y que estaba intentando recuperarse. “En Año Nuevo me prometió que iba a cambiar”, contó.


