Letras de Fuego / Noticias*. El grupo cultural GRADA, ha iniciado el festejo de sus cuarenta y dos años de existencia presentando el libro póstumo Recuerdos de infancia y Mis versos, de Yedelmira Viltes (Deye), quien en vida se desempeñó como su vicepresidente.
Verdaderos amigos del Arte
El Grupo Cultural Amigos del Arte (GRADA), fue fundado el 23 de mayo de 1984, como una necesidad de nuclear, orientar, canalizar y dar respuestas a las inquietudes artísticas de la comunidad, desarrollando una labor proyectada al bien común y al progreso cultural de la misma.
La sigla que compone su nombre indica escalón, cuyo simbolismo puede interpretarse como elevarse espiritualmente a través de las disciplinas del Arte. Desde sus inicios, desarrolla su actividad en Libertador General San Martín, en Ledesma, Jujuy.
A la fecha, el Grupo Cultural Amigos del Arte GRADA, está integrado por: Francisco Alfredo Romano Pérez, Presidente; María Magdalena Rojas, Tesorera; Nancy Magalí Olivera, Asesora Área Letras; Colaboradores: Juan Carlos Giménez, Silvia Moya de Cepeda, Ana María Tschamler, Agustina Mariani, Elena de Medina, Edgardo Ávila Sing, Silvina Brizuela, Nanci Satosán, Gabriela Canteros, Walther Cepeda, Diego Marazza y muchos amigos más.
Un justo homenaje a “Deye”
El viernes pasado, 15 de mayo, GRADA, como una forma de recordar y homenajear a la amiga fallecida presentó el libro póstumo de Yedelmira Viltes, a quien cariñosamente todos llamaban “Deye”.
Si bien al cumplirse el primer año de su fallecimiento (2025), ya se había realizado un homenaje al presentar la antología de Vivencias IV, en esta oportunidad, hay que destacar que el libro presentado en la Biblioteca Bartolomé Mitre rescata del olvido un manojo de textos narrativos y poéticos que Yedelmira Viltes había recopilado con la intención de publicar, pero que en vida no tuvo oportunidad de hacerlo.
Un valioso legado
Francisco Romano Pérez expresó que la importancia de este trabajo realizado con la colaboración económica de muchos amigos de toda la provincia y de la Secretaría de Cultura de Jujuy es valioso por haber concretado el deseo de la escritora.
Yedelmira había enviado la selección de textos de su amiga Ana Tschamler para que fuera su primera lectora y prologara el libro. También, había remitido en formato de cartilla anillada, los textos seleccionados a su otro entrañable amigo, Francisco.

Los textos llevaban el título de “Recuerdos de infancia”, el cual fue respetado. Presentado el proyecto de editar el libro póstumo a los integrantes de GRADA fue aceptado con entusiasmo. Además, se recopilaron poemas que fueron anexados al libro de relatos bajo el título de “Mis versos”. El cometario introductorio de la selección de poemas fue realizado por Nancy Olivera.
Con la anuencia y presencia de los hijos
Los hijos de la escritora, José Luis, Emilia y María Inés Noguera, dieron el permiso para la publicación y el viernes 15, en la Biblioteca Bartolomé Mitre, se presentó esta obra póstuma con la esperanza de que la palabra de Deye circule por las bibliotecas, las escuelas y las manos de muchos jujeños que se deleitarán con las historias y los poemas que describen los paisajes de las yungas.
Francisco Romano Pérez explicó el proceso de recopilación de textos y posterior publicación del libro, Ana Tschamler se refirió a las narraciones incluidas de “Recuerdos de infancia” y Nancy Olivera a los poemas de “Mis versos”.

La reunión finalizó con la entrega de las resoluciones de declaración de importancia municipal y provincial a los hijos de la escritora, José, Emilia y María Inés Noguera. Ejemplares del libro se repartieron entre los amigos que colaboraron con la publicación del mismo.
Una placa de reconocimiento
Por su parte, la presidente de la Biblioteca Popular Bartolomé Mitre, Graciela Gutiérrez, invitó a los hijos de Yedelmira a descubrir una placa en reconocimiento del accionar de la escritora como vicepresidente de la mencionada institución.

Ana Tschamler sobre “Recuerdos de infancia”
Dice la prologuista:
“La primera impresión que se tiene, al leer los relatos de Yedelmira Rosario Viltes fue encontrarse en lugares no desconocidos, cada uno de ellos, nos abre una ventana, nos hace renacer nuestras experiencias vividas, nos hace habitar en el paisaje de nuestro sencillo, y fructífero Pueblo que, en aquel entonces, mirado desde el campanario de la Iglesia se veía como un mar verde y ondulante, pincelado de exuberante vegetación que tapaban las casas bajas; en la profundidad de los verdes árboles emergían como dos gigantes las chimeneas del progreso”.
“Yedelmira a través de los relatos, da a conocer lo íntimo, aquella casa que aún habita, la casa de su niñez, esa búsqueda de recuerdos llevó a revivir la presencia de los que ya no están, permitiendo así, entrar y habitar en su mundo, conocer su familia, la casa, la escuela.(…)”
“Ledesma, es un hermoso lugar, cargado de historias y gente nueva, es el principio y el ahora en la vida, de esta “Mujercita gigante” que eligió para vivir y trascender; este lugar le permitió atravesar el límite de la niñez a la madurez y demostrar que, la vida en todas las etapas vale la pena vivirla y más aún cuando se proyecta en la descendencia”.
“…Ese cielo de mi pueblo, rojizo y brillante, de casi todas las tardes de verano
… Ese cielo que viaja llevándose el humo de las chimeneas, quién sabe a qué mundos extraños y mágicos, entre surcos y el monte.
Recordar el ayer con nostalgia, y volcarlos en relatos, es revivir el presente. “Sólo nos llevamos los recuerdos, sólo quedarán las huellas”…
Nancy Olivera sobre “Mis versos”
Dice la prologuista:
“En sus poemas, sin excepción, ella deja traslucir la admiración por el paisaje que la deslumbra, el respeto por su lugar de nacimiento que no es más que el orgullo de ser jujeña, de ser ledesmense, ese orgullo que nos interpela y nos deslumbra porque está hecho de puro amor a su tierra natal”.
“¿Cuál es el territorio definitivo que buscan sus versos? Su tierra ledesmense.
¿Dónde se acurruca ese Ledesma de su infancia y su vida entera? En sus brazos.
¿Qué es para la poetisa vivir un agosto en Ledesma? Es ser preludio de lapachos.
¿A dónde volverá una tarde cualquiera? A su casa de la infancia, al azul de las montañas, a su limonero, a sus achiras rojas y a los mangos amarillos.
¿A dónde se posa el amor según Deye? Ese amor que le seduce el alma está confundido con el paisaje de Ledesma, es el sol que quiere ser caricia, es el sueño rosa de las bauhinias y los racimos de lapacho. Está en un mar hecho de miel verde”.
“El amor fluye en ese lugar donde sus pasos divagan, donde la patria le duele, la extraña, la piensa y la define. El lugar en donde entregó su corazón, sus sonrisas, su carne, sus vestidos, sus ojeras. Su lugar amado es Ledesma, en donde su poesía cobra vida eterna.
El tiempo de Deye nunca pasará. Ella estará viva cada vez que leamos alguno de sus versos”.
Francisco Romano Pérez en la contratapa
Dice Francisco Romano Pérez en la contratapa del libro póstumo de Yedelmira:
“Recuerdo de infancia, la edad más feliz de la vida.
Y Yedelmira, con la envoltura afectiva que la caracteriza, nos acompaña en este acompasado recorrer por esos caminos que, hace tiempo, hemos transitado.
Ella, seduce con la palabra, con ese especial encantamiento y ejemplaridad.
Gracias Seño Deye, por acercarnos aquellos aromas inolvidables…”
Dice Deye en uno de sus poemas:
Mi eterno lugar
Éste es el lugar
donde mis pasos divagan
con las hojas del otoño
donde canta la sirena
donde los portones del Paraíso
dejaron caerlos infinitos
donde cada mañana
la gente, todavía, se saluda.
Éste es el lugar
donde la patria duele más
donde la extraño
la pienso
la defino.
Donde la sueño
en cataratas
de bosques húmedos
en trigales luminosos
en muchachas plenas de hijos.
Éste es el lugar
mi eterno lugar
donde entrego mi corazón
mis sonrisas
donde dejaré la carne
los vestidos
las ojeras.
Yedelmira Viltes
*Nota y fotos: Gentileza de Nancy Olivera


