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Las rutas del narcotráfico continúan expandiéndose en todo el NOA. Así surge del análisis de las estadísticas de los secuestros de drogas. El año pasado se decomisaron más de 12.500 kilos de estupefacientes, un 32% más que en 2024. Detrás de ese volumen de aparece otro dato que preocupa: parajes, comunas y municipios que antes no formaban parte del circuito, comenzaron a cobrar protagonismo dentro de ese mundo narco.

Cifras que dan miedo

De acuerdo con los registros de La Gaceta, elaborados a partir de informes de las distintas fuerzas de seguridad del país, en 2025 se secuestraron 9.704 kilos de cocaína, frente a los 8.509 kilos incautados en 2024, lo que representa un incremento interanual del 14%.

La suba estuvo impulsada, principalmente, por la marihuana: el año pasado se decomisaron 2.356 kilos, mientras que en 2024 habían sido 1.443, lo que implica un aumento del 63%. (Se informa por separado).

Dos preguntas

El crecimiento de los secuestros de estupefacientes abre dos interrogantes. ¿Hay más decomisos porque aumentaron los controles? Técnicamente, la respuesta es afirmativa: en 2025 se realizaron 267 operativos, contra 197 del año anterior. Pero también debe señalarse que hubo más intervenciones porque se detectaron más envíos de droga.

Otro dato es es que menos del 20% de esos procedimientos fueron producto de investigaciones previas; la mayoría se originó en hallazgos casuales que derivaron en pesquisas.

La segunda pregunta es inevitable: ¿cuánta droga circula realmente por el NOA? No hay una respuesta precisa, aunque investigadores, funcionarios judiciales y especialistas coinciden en que lo incautado representaría apenas el 30% del total que se trafica en la región.

Estrategias y recursos

En la década del 90, para explicar los problemas de inseguridad en Yerba Buena, un comisario utilizó una frase que quedó en la memoria colectiva: “La colcha es corta y el cuerpo es grande”. Con esa metáfora se refería a la falta de recursos para cubrir todo el municipio, lo que obligaba a reforzar algunos sectores y dejar otros desprotegidos. Esa misma lógica parece haberse trasladado hoy al NOA.

En 2025, la entonces ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, lanzó dos planes para frenar el narcotráfico. El primero fue el Operativo Güemes, que reforzó la presencia de fuerzas federales -incluso con el traslado de efectivos de Prefectura para controlar el río Bermejo- en las zonas más conflictivas de Salta, principal puerta de ingreso de drogas al país. Meses después, en un hecho histórico, presentó el Operativo Roca, que incluyó la participación activa del Ejército en la lucha contra el narcotráfico.

Los resultados hablan por sí solo

Los resultados pueden observarse en el origen de la cocaína secuestrada. El año pasado se detectó que 3.479 kilos habían sido enviados desde Bolivia, un 42% más que en 2024. En contraste, las tareas de prevención provocaron una fuerte caída en localidades consideradas claves de las rutas narco: Aguas Blancas pasó de 921 a 104 kilos; Salvador Mazza, de 343 a 7; y Tartagal, de 128 a 69. En otros puntos críticos, como Orán y la capital salteña, la diferencia fue mínima y no superó los 50 kilos.

El dato más preocupante, sin embargo, surge de otros puntos del mapa. Al advertir el desplazamiento de las fuerzas, las organizaciones criminales modificaron su estrategia y trasladaron sus bases a zonas más alejadas de la frontera. Así lo sugieren los secuestros registrados en 2025 en localidades salteñas como Aguaray (407 kilos), Las Lajitas (207), Cafayate (347) y Apolinario Saravia (172), donde el año anterior no se habían registrado procedimientos de relevancia.

Otro interrogante

Esto abre un nuevo interrogante: ¿cómo logran trasladar la droga a zonas más alejadas si la frontera está reforzada? Investigadores, funcionarios judiciales y especialistas coinciden en la respuesta: ante la falta de control efectivo, estaría aumentando el uso de la vía aérea, es decir, los vuelos narco.

Otros números también encendieron alertas. Pese a los operativos, crecieron los secuestros en provincias que no limitan con Bolivia. En Catamarca, que no era considerada una jurisdicción narco, en 2024 se decomisaron 32 kilos de cocaína y en 2025 la cifra trepó a 476. En Tucumán, el volumen pasó de 331 a 1.124 kilos, y en Santiago del Estero, de 679 a 1.131.

Incluso en Salta, donde se concentra la mayor cantidad de fuerzas, los datos muestran un incremento: de 3.807 kilos en 2024 a 4.905 en 2025. En Jujuy, en cambio, se registró una baja, de 1.237 a 978 kilos.

Conclusión que duele

“Los datos del último año muestran con claridad que el narcotráfico se está expandiendo territorialmente. La experiencia indica que los sistemas de control firmes obligan a las organizaciones criminales a buscar rutas alternativas, lo que explica la aparición del fenómeno en provincias que antes tenían menor exposición”, concluyó.

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