De venerada en un santuario a ser interpretada por Natalia Oreiro en “Gilda, no me arrepiento de este amor”. Leyenda, millones y milagros de una maestra jardinera.

El 7 de septiembre de 1996, a las 7 de la tarde, un camión se cruzó de carril y chocó de frente el micro en el que la maestra jardinera devenida en cantante iba a Entre Ríos junto a su madre, sus dos hijos, sus músicos y el resto del staff.  Viajaba adelante. Siempre al frente. Y, en el pico máximo de su carrera, el impacto que la mató también la convirtió en “Santa Gilda”. 

El domingo, antes del estreno de “Gilda, no me arrepiento de este amor” (15 de septiembre) -protagonizada por Natalia Oreiro y la película argentina más esperada del año- el Gobierno de la Ciudad rindió tributo a la ídola tropical absoluta con un festival gratuito en Parque Centenario. Hubo más de tres cuadras de fanáticos y familias que tuvieron que escuchar desde afuera del anfiteatro colmado loscovers de Fuiste, Paisaje o Noches vacías.

“Paró de llover. Eso lo hizo ‘Gil’ para que la fiesta siga”, decían. El “mito Gilda” latió fuerte y dio inicio a un boom nostálgico que invadirá el cine, la televisión, los diarios y las redes sociales a lo largo de estas semanas. El final fue coreado por todos: No es mi despedida. Tema considerado “premonitorio”  porque hablaría de su propia muerte.

Juan Carlos “Toti” Giménez es productor musical, tecladista, compositor y la última pareja de Gilda. Quedó tirado, boca a bajo, en una zanja a metros del micro. Se reunió con Javier Drolas -quien hace su papel en la película de Oreiro- para ayudarlo a recrear algunos de los momentos más representativos de esa relación. Desde el hospital dijo que “Gil”, a último momento, había cambiado la letra de No es mi despedida y mandó a buscar la grabación. Ahí, según sostiene, “el primer milagro se produjo”: el cassette estaba al lado de la banquina, en el kilómetro 129 de la Ruta 12.

A 50 metros del santuario que allí se levantó, aún está el micro. Cada 7 de septiembre, se hace una misa y se enciende una antorcha a las 19:00 para recordarla. Y se levantaron nuevos altares por los 20 años de su muerte.

“Lo del cassette es mentira. Es ‘marketing’. Se le ocurrió a “Toti” Giménez para hacer negocio”, dice a Clarín Danny De La Cruz, trompetista de Gilda y quien iba durmiendo en una de las cuchetas del fondo al momento del accidente. Parte del equipo de sonido le trituró el codo. Pero fue uno de los tres que salieron caminando de entre los fierros retorcidos. Elvio, el chofer y dueño del micro, murió en el acto.

Una contra-teoría dice que, en realidad, letra habla de unas fans-amigas de Gilda que lloraron sin parar cuando terminó su gira por Bolivia. Sea como fuere, No es mi despedida y otros temas inéditos, sirvieron para lanzar en 1997 el disco póstumo “Entre el cielo y la tierra”. Según citó Clarín del resumen del 5 de mayo de ese año de la Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas y sus Reproducciones (CAPIF): “Gilda está primera en ventas. Esta semana, su disco post mortem está tercero detrás de Alta Suciedad de Andrés Calamaro y Blood on the Dance Floor, de Michael Jackson”.

“Hay una construcción del mito que termina de formarse cuando ella muere”, cuenta a este diario, Lorena Muñoz, la directora que logró lo que durante 10 años querían todos: convencer al hijo de Gilda, Fabricio Cagnin (28) para obtener los derechos legales de su vida.

“Ella nunca se atribuyó poderes. En vida sólo tuvo dos acercamientos con admiradores que le pidieron que los tocara para sanarlos”, señala y se anima a decir que “consciente o inconscientemente”, Gilda también aportó a su canonización popular: “Vos la escuchás en los recitales y te das cuenta de que estaba dejando un mensaje. Tenía un discurso muy amoroso, como una predicadora. Se centraba en el sufrimiento del pueblo, la salud, la falta de trabajo”.

Muñoz no se basó en ninguna biografía antes publicada. Hizo el libro del film tras un exhaustivo trabajo de investigación, propio de su expertisecomo documentalista. “Hablé con Fabricio, con las primas de Gilda, con sus amigas, con la mamá de Gustavo Babini -el bajista, muerto en el accidente- con los músicos que sobrevivieron [los dos entrevistados en esta nota aparecen en la película como parte de la banda y participaron de la grabación del disco de Natalia Oreiro tributo a Gilda], con Marcelo Inamorato, que tocaba el bajo y no viajó porque no tenía el DNI [también participa en un papel pequeño], con la mujer de Raul Larosa (tumbadoras), con su hijo Jordan, que toca [la guitarra] en la película en el lugar del padre, y con Ricardo Fuentes (sonidista), que también actuó”, destaca, entre otras entrevistas.

Y hace otro análisis del “mito” : “Yo hice una ficción, que tiene acontecimientos que escapan a la verdad [para el guión modificó la edad en la que Gilda perdió a su padre y el tiempo que pasó entre que dejó de ser maestra y se dedicó a la música] . Pero noté que en estos 20 años ‘la leyenda’ está plagada de errores e inventos”.

“La última vez que había visto a Fabricio [que tenía 8 años cuando perdió a su madre, su hermana Maniel (11) y su abuela] estaba sentado sobre uno de los asistentes de sonido. Con fracturas expuestas. Lloraba y gritaba pidiendo que ayudaran Gilda.  No puedo creer esto de reencontrarme con él y ver que en sus ojos tiene la misma humildad que ‘Gil’. Es una persona transparente, como ella. Angelado”, describe Edwin Manrique, el bongosero de la banda. El abrazo partido entre los sobrevivientes de ese micro fue hace unos días, durante un asado en la casa de la directora de la película.

En este revival  imparable de Gilda, comenzaron a aparecer en las redes videos “inéditos” de la cantante, en presentaciones, antes de ser famosa o del mismo día de su muerte tras su show en el canal América. El club de fans Adorable Gilda, depuraó esos supuestos hallazgos y en su página de Facebook destacó esta entrevista, realizada adentro del micro de la tragedia:

Meses antes de su muerte, Gilda graba su disco más exitoso: “Corazón valiente”. Recibe el disco de oro, sale de gira por América Latina y firma un contrato millonario con México para convertirse, quizás, en la sucesora de Selena, que había sido asesinada un año antes, en 1995. La ídola porteña y la nacida en Texas empezaron “de abajo” y murieron en lo más alto de su carrera. Pero las dos terminaron de consagrarse entre el mito, la música y la leyenda.

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