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La derrota en algunos distritos insignias del peronismo como Chaco, San Juan y Salta, entre otros, obligan al Gobierno Nacional a retroceder y pensar en hacerse fuerte solamente en territorio bonaerense. Quiénes serán los actores clave.

Con la derrota de San Juan de este domingo todavía fresca, y un cronograma de elecciones provinciales que presenta, en un buen número, un panorama inquietante para el oficialismo, la coalición Unión por la Patria, con Sergio Massa como candidato de la unidad mayoritaria, se aferra de cara a las PASO del domingo 13 de agosto a la performance en la provincia de Buenos Aires, el distrito con mayor incidencia electoral y el territorio que marcó, puertas adentro del gobierno, una notoria puja facciosa por el cierre de listas de hace dos fines de semana.

Con esa consigna como un eje central de la estrategia electoral, el ministro de Economía debutó el sábado formalmente en su primer acto de campaña en San Martín, en el corazón de la primera sección bonaerense, el distrito en el que nació y se inició en política antes de mudarse a Tigre, y el territorio que tiene en el PJ al ministro y ex intendente Gabriel Katopodis como principal referente.

La elección del precandidato no fue casual en ese sentido. No solo por tratarse de la Provincia y del conurbano como su primera recorrida de campaña de proximidad, un formato que introdujo Cambiemos en su momento bajo el libreto del gurú Jaime Durán Barba, que este miércoles participará de la presentación del nuevo libro del catalán Antoni Gutiérrez-Rubí, el principal estratega de Massa, cuyo prólogo fue escrito por el ecuatoriano, ahora asesor de Horacio Rodríguez Larreta. Según fuentes al tanto de la campaña, el ministro ofreció, además, una señal de la autonomía política, y de comunicación, con la que prevé encarar sus recorridas: “Va a diferenciarse”, señalaron.

La derrota en algunos distritos insignias del peronismo obligan al Gobierno a hacerse fuerte en territorio bonaerense (REUTERS/Mariana Nedelcu)La derrota en algunos distritos insignias del peronismo obligan al Gobierno a hacerse fuerte en territorio bonaerense (REUTERS/Mariana Nedelcu)

En los videos oficializados a través de la plataforma TikTok -la misma que había elegido Eduardo “Wado” de Pedro para lanzar la pieza fílmica junto a Juan Manzur que nunca llegó a ser viralizada-, se lo ve tímidamente a Katopodis, solo de espalda, y se escucha por un momento su voz. Es el ministro que armó la visita y que, después de una serie de trascendidos, no integró ninguna lista, según su entorno, porque no quiso. En su territorio, el intendente Fernando Moreira, del riñón del funcionario, deberá sortear una de las primarias avaladas por el kirchnerismo, en este caso frente al Movimiento Evita.

Massa hace su juego. Este lunes, flanqueado por decenas de intendentes en Misiones, paró a su lado al canciller Santiago Cafiero, defenestrado por el kirchnerismo y, en especial, por La Cámpora. Hace dos lunes, el ministro de Economía lo había llamado por teléfono para contenerlo después de los chispazos originados tras la desactivación del proyecto Daniel Scioli, ahora sumado al equipo del precandidato presidencial.

En la cúpula de UP, a poco más de un mes y diez días de las PASO, aún no se terminaron de definir todos los roles, tampoco se oficializaron a los jefes de la campaña nacional y bonaerense. Pero en la cima de la coalición, además de Cristina Kirchner, que monitorea cada movimiento, Massa, De Pedro y el multifacético Juan Manuel Olmos tienen la mayor injerencia.

Massa ya había estado, a principios de la semana pasada, horas después de ser oficializada la fórmula junto a Agustín Rossi, en la presentación de Federico Otermín como el precandidato a intendente de Lomas de Zamora, una puesta en escena que contó, además de Martín Insaurralde, con Máximo Kirchner y el ministro del Interior. El jefe de Gabinete bonaerense se perfilaba para dirigir la campaña bonaerense de De Pedro si el funcionario camporista finalmente terminaba ungido como el postulante. El rol de Insaurralde, primer candidato a concejal de Lomas de Zamora, es ahora un interrogante.

Este martes, por caso, los intendentes de la primera y la tercera sección electoral bonaerense fueron convocados al mediodía a la gobernación provincial por Axel Kicillof, para ordenarse puertas adentro.

Es que, para la coalición peronista en general, y para Massa y Kicillof en particular, Buenos Aires se presenta como la posibilidad de torcer un rumbo electoral que, en buena parte del interior del país, empezó a mostrar una dirección opuesta a la trazada por el peronismo kirchnerista.

La derrota de la familia Uñac de este domingo en San Juan en manos del opositor Marcelo Orrego se sumó, por sorpresiva, a la de San Luis de mediados del mes pasado y la primaria de Chaco, que dejó a Jorge “Coqui” Capitanich en una situación muy comprometida de cara a las generales de septiembre después de que la provincia quedara atravesada por la macabra desaparición de Cecilia Strzyzowski. Fueron, hasta ahora, provincias de corte netamente peronista.

De cara a las PASO nacionales del 13 de agosto restan además las primarias de Santa Fe, que tendrán lugar dentro de dos fines de semana, y las elecciones generales de Chubut.

En el primer caso se descuenta que la interna más atractiva y convocante será la de la oposición, con Maximiliano Pullaro y Carolina Losada -un tanto más rezagada, pero clave por su caudal electoral de cara a la general, Mónica Fein– en paridad e inmersos en una puja cruenta. El peronismo, en ese contexto, corre serios riesgos de perder otra vez la provincia. Ofrece, para colmo, un panorama similar a Chaco y San Juan: un peronismo dividido. El resultado, se sabe, no fue el esperado en ambas provincias.

En cuanto a Chubut, la sucesión del massista Mariano Arcioni entre Juan Pablo Luque, el candidato del oficialismo, e Ignacio Torres, de Juntos por el Cambio, se perfila también pareja, aunque el intendente de Comodoro Rivadavia tendría una leve ventaja impulsada por los votos de su distrito, que concentran poco más del 30% del padrón provincial. Torres, por caso, aventaja en Trelew y el valle chubutense. Puerto Madryn, de la familia Sastre, es la gran incógnita.

Entre Santa Fe y Chubut aparece, en tanto, la elección de la capital cordobesa tras el triunfo de Martín Llaryora, mucho más ajustado de lo que se pronosticaba. En el comando de campaña de Rodrigo de Loredo están convencidos de que el intendente de la capital y electo gobernador no se puede dar el lujo de perder su ciudad y asumir el gobierno provincial con esa derrota. Será, en ese caso, una guerra de aparatos.

En ese contexto, asoma para el gobierno y para Massa otra vez con cierta ansiedad la figura de Horacio Rodríguez Larreta, que presta desde hace meses un servicio invaluable para la campaña de De Loredo -el cordobés tiene un vínculo muy fluido con Martín Lousteau y Emiliano Yacobitti y el jefe de Gobierno prevé capitalizar un eventual triunfo del radical si gana la intendencia, a pesar de que, en Córdoba, predomina el voto halcón-, que este fin de semana festejó la victoria de Orrego, que ya había hecho lo propio con Claudio Poggi en San Luis y que promociona a Pullaro para tratar de ver si puede levantarle la mano dentro de dos domingos en Santa Fe.

La estrategia del jefe de Gobierno porteño busca contrarrestar el escenario instalado de disparidad en la interna del PRO en favor de Patricia Bullrich: la ex ministra se mantiene desde hace mucho tiempo en una posición de notable expectativa, acaparó la atención del círculo rojo y de parte de la sociedad y tiene serias chances de ganar la interna.

Una verdadera pesadilla para el jefe de la Ciudad, que pretende mostrarse rodeado de un armado político mucho más robusto que el de su contrincante. Su hoja de ruta, por ejemplo, contiene además la posibilidad de alzarse con un eventual triunfo de Rogelio Frigerio en Entre Ríos, que irá a las urnas el mismo domingo de las PASO nacionales, una movida que Gustavo Bordet impulsó para tratar de torcer la balanza en favor de JxC con la promoción, no solo de la boleta entera -Massa no registra malas mediciones y el nombre del gobernador, que se postula al Congreso, tracciona votos-, si no también de la figura de Javier Milei.

Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba son tres de las provincias con mayor peso electoral junto a la Ciudad, Mendoza y Tucumán. El caso Tucumán también arroja algunas incógnitas: ¿Osvaldo Jaldo y Juan Manzur moverán en agosto todo el aparato del peronismo cómo lo hicieron para el contundente triunfo local? Es una pregunta recurrente en el oficialismo, en especial después del fallido lanzamiento del binomio De Pedro-Manzur, que no tuvo una buena aceptación en el peronismo. Raúl Jalil fue uno de los que más insistió para voltearlo, según el gobernador, por escaso peso político. Tiene lógica: es, junto a la Ciudad, la Provincia, Santa Cruz y Entre Ríos, uno de los distritos que pegó su cronograma al nacional.

En ese sentido, la presentación de Massa como el precandidato de UP renovó, en estos primeros días de campaña, las expectativas de un gobierno que necesita una buena performance en territorio bonaerense que depende, en parte, de la suerte de Bullrich, de Rodríguez Larreta y de Milei, pero fundamentalmente del voto de la sociedad bonaerense. Preocupan, por caso, la abstención y la apatía del electorado: un intendente del Gran Buenos Aires le confió a este medio que hacer campaña en este contexto, en el territorio más históricamente afín al peronismo, es una tarea insalubre.

Es que el temor a una ola opositora como la del 2015 vuelve a llenar de zozobra la playa del peronismo kirchnerista, ahora atado a la suerte del jefe del Frente Renovador.

fuente: infobae

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