Mañana, a las 2 de la tarde, tendrá lugar un “webcast” entre un grupo de acreedores de la Argentina, que concentran alrededor del 15% del total de la deuda que planea reestructurar el Gobierno. En ese encuentro buscarán evacuar dudas de otros inversores, incluyendo minoristas, sobre los detalles de la propuesta tanto desde el punto de vista técnico como legal. Pero el mensaje que transmitirán ya fue consensuado. “Este grupo cree que los tenedores de bonos deberían rechazar la oferta actual”.

Si bien hay tiempo hasta el próximo miércoles para definir si los tenedores de títulos aceptan o no la agresiva propuesta de canje de Martín Guzmán, en la práctica habría tiempo para seguir negociando hasta el 22 de mayo, que es cuando vencen USD 500 millones de intereses de los bonos que no se pagaron el 22 de abril.

Es muy posible que todo quede en un “limbo”: si bien una parte de los bonistas concurrirá al canje, una proporción importante no lo aceptará. Con lo cual la nueva deuda comenzaría a cotizar en forma normal, pero una gran proporción de bonos terminará en default. En el canje de 2005 el grado de aceptación de la propuesta (también agresiva) de la Argentina había llegado a 76,15%. Hoy esa vara luce demasiado alta.

En Wall Street descuentan que las negociaciones continuarán varios meses luego de cerrada la transacción hasta llegar a un acuerdo final. Sería una locura, interpretan, que ante la gigantesca caída que sufrirá la Argentina en medio de la cuarentena -como sucede en tantos países- se apueste a una recuperación sin acceso a los mercados.

Mientras el Gobierno camina por la cornisa y asume grandes riesgos, la decisión es tratar de “blindarse” ante el impacto negativo que significaría un nuevo default. Y todas las miradas apuntan al dólar.

Aún cuando abril es “temporada alta” para el ingreso de divisas proveniente de la cosecha de soja, igual el Central tuvo que vender alrededor de USD 50 millones diarios en la última semana. Quiere decir que las liquidaciones de los sojeros son las mínimas indispensables y que en el mercado sigue la presión por acceder al dólar oficial.

Por eso el titular de la entidad, Miguel Pesce, decidió el viernes restringir el acceso al mercado cambiario (es decir no podrán atesorar divisas) a todas las empresas que hayan accedido a alguna línea con subsidio del Estado nacional, como la que salió a tasa del 24% para pago de sueldos. Y este grupo sólo podrá comprar importar si se trata de bienes destinados a insumos necesarios para la producción.

También se limitó a bancos y casas de cambio para operar en el negocio de cambio, impidiendo que las sociedades de Bolsa ofrezcan a sus clientes esta opción. Algunas tendrán que adecuarse comprando patentes cambiarias para ofrecerlo.

La balanza turística no es un problema en medio de la cuarentena y posiblemente termine casi equilibrada el 2020. Nadie viaja pero nadie entra. Lo que originalmente se buscaba con el impuesto PAIS (recargo de 30% para todas las compras en dólares) lo “consiguió” la pandemia.

fuente: infobae

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