dolar

Además de impulsar el consumo como sea, resulta imprescindible evitar cimbronazos cambiarios para evitar la devaluación de la moneda. Pero el salto del dólar oficial no demorará mucho más allá de fin de año.

Las devaluaciones en Argentina son sumamente predecibles. Y esta vez no será la excepción, aunque el Gobierno lo niegue una y mil veces. Las nuevas medidas adoptadas por el Banco Central, que endurecen al extremo el cepo cambiario, no hacen más que revelar las grandes dificultades para mantener la estabilidad cambiaria en este período preelectoral.

Dólar MEP

Las sorpresivas trabas impuestas complicarán mucho más aún la operatoria de “dólar MEP” y “contado con liquidación”, que son los vehículos que utilizan los inversores (tanto empresas como individuos) para dolarizarse a través de la compra venta de bonos y acciones. Recién el martes las autoridades bursátiles aclararán cómo deberá ser la operatoria de ahora en más, ante las distintas restricciones anunciadas por el Central.

Reducir el volumen operado

El objetivo es reducir todo lo posible el volumen operado en estos segmentos, que venían obligando al BCRA a llevar adelante una intervención permanente para impedir la suba del dólar financiero, que a duras penas se venía manteniendo en la zona de los $ 170. Sin embargo, el promedio de U$S 25 millones diarios de venta en este segmento era insuficiente para sostener la estabilidad hasta las PASO y mucho menos hasta las elecciones. El Gobierno se enfrentó así a una encrucijada: aumentar la intervención diaria, que impacta directamente en las reservas, o bien restringir aún más la operatoria y restarle liquidez al mercado. Eligió la segunda opción.

Dos cepos

Esto significa que existen en realidad dos cepos, uno arriba del otro. El primero es para mantener estable el dólar oficial. Pero para eso es necesario que sólo tengan acceso a él los importadores, algunas empresas que a cuentagotas pagan deudas en moneda extranjera y un selecto porcentaje de la población autorizado a comprar dólar “solidario”.

Las otras restricciones cambiarias actúan sobre el mercado bursátil, lo que obligará a los inversores a operar en mercados cada vez más informales. Claro que no todos lo pueden hacer: las grandes empresas, muchas de ellas multinacionales, no pueden “sacar los pies del plato”, es decir retirar pesos y comprar dólares en una “cueva”.

La “maquinita” a full

La fiesta del gasto ya está generando fuerte presión sobre el Central, que en lo que va de agosto ya transfirió $ 160.000 millones vía emisión monetaria pura. Y queda mucho más por emitir en los próximos meses. Esos pesos que se vuelcan a la calle procuran aumentar el consumo y posiblemente lo logren, al menos marginalmente. Pero el costo podría ser muy alto, porque se trata de dinero que nadie demanda y por lo tanto presionará sobre el tipo de cambio y la inflación a fin de año.

fuente: infobae

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