El Gobierno convocó a reflexionar sobre el mundo después de la pandemia del coronavirus a pensadores argentinos pero ninguno ubicado en la “derecha” o en el espacio “liberal”. Darán su visión sobre “El futuro después del COVID-19”, el libro es coordinado por el asesor presidencial Alejandro Grimson e incluye a Jorge Alemán, el pensador preferido de Cristina que vive en España.

“Las opiniones aquí contenidas son de los autores y no necesariamente representan la posición de Argentina Futura”, se apura en explicar el libro El futuro después del COVID-19, que compiló y dirigió Alejandro Grimson, el intelectual más cercano al Presidente, a quien acompaña en muchas reuniones para después darle ideas en materia de discurso y análisis. Argentina Futura es un programa dentro de Jefatura de Gabinete de Ministros que él dirige. Antes se llamaba Argentina 2030 y el director era Iván Petrella.

Ser asesor de Alberto Fernández, le permitió a Grimson participar como testigo de la vorágine presidencial en tiempos de pandemia, días donde urge tomar decisiones sin brújulas y con perentoria necesidad de imaginar escenarios posibles y seguros, donde no esté ajena la esperanza. Lo dice él mismo en el prólogo del libro: “Encorsetado el futuro a la catástrofe, a la imposibilidad, se despliega una maquinaria que erosiona la voluntad de acción. Que pretende doblegar deseos, sueños y construcciones colectivas. Sin embargo, el porvenir está en entredicho”.

Así fue que tuvo la idea de producir, con la misma celeridad con la que se implementaron tantas decisiones en la Argentina y la mayoría de los países del mundo, una publicación que en primera instancia sorprende por su pluralidad. Algo que, lamentablemente, no puede decirse ni en los medios públicos ni en las puestas artísticas que se exhibieron desde el Ministerio de Cultura, cuando todavía era posible la experiencia colectiva del arte.

Autores que son parte del oficialismo o están cerca como Ricardo Forster, Diana Maffía, María Pía López y Horacio González, comparten páginas con Beatriz Sarlo, Eduardo Fidanza, Andrés Malamud, Silvio Waisbord, por ejemplo. También escribió Atilio Borón, siempre crítico del peronismo por izquierda. Y Juan Gabriel Tokatlian, experto en política internacional y vicerrector de la Universidad Torcuato Di Tella que se resiste a cualquier tipo de oficialismo.

Faltó el aporte de algún intelectual ubicado en la “derecha” o en el espacio “liberal”, pero es probable que Grimson no distinga a ningún pensador valioso que provenga de esa tradición, una postura con la que no comulga -por ejemplo- González. El ex director de la Biblioteca Nacional, en uno de los artículos más apasionantes dio una especie de “bibliografía obligatoria” para pensar el futuro: Echeverría, Astrada, Ingenieros, Aníbal Ponce, Alberdi, Hudson, Mansilla, Borges, Marechal, Juan L. Ortiz, yrigoyenismo krausista, peronismo de visión humanista y cristiana, Del Barco, León Rozitchner, el Viñas sartreano.

Como sea, la postura del asesor del Presidente es clara y se refleja en los autores que convocó. “En diálogo, con acuerdos, con consensos tensos, articulando intereses diversos, todos y todas, expertos y ciudadanos, organizaciones sociales y gestores, podremos ser protagonistas de imaginar y planificar nuestro propio futuro”. Es su experiencia, lo que ve cada día en Olivos, lo que percibe cuando participa de reuniones que se dan en otras oficinas del Estado, siempre como observador no participante.

Entre citas de los filósofos de moda como el italiano Giorgio Agamben, el esloveno Slavoj Zizek y el surcoreano Byung-Chul Han, cuyos artículos corrieron en las últimas semanas por páginas académicas y los principales portales de Internet, en este “libro de emergencia, un oxímoron”, según el mismo Grimson define, se expresan intelectuales como Paula Canelo, que roza la complacencia con la llegada del COVID-19 porque “la pandemia nos igualó”, generando una “nueva estabilidad”, una “oportunidad” que “supone un Estado capaz de producir comunidad y de cuidarla”.

Diego Sztulwark, también desde el oficialismo, alerta acerca de que “la verticalización del mando en las confrontaciones bélicas fortalece la conducción de los ejecutivos, pero también, como nos lo recuerda la Guerra de Malvinas, puede volverse súbitamente en contra en caso de que fracase la empresa”. Y se preocupa por el florecimiento de lo que llama “el punitivismo pandémico”, escraches a los que no cumplan con la cuarentena o el control cibernético de la vida de las personas.

Jorge Alemán con quien termina el libro, fue algo así como darle un gustito a Cristina Fernández de Kirchner, ya que es su pensador preferido y es el único que vive fuera del país, en Madrid.

“Es casi seguro que habrá un nuevo reordenamiento mundial entre los países que eligen a la comunidad frente a los imperativos del Mercado. Pero esto solo será posible si los Estados recuperan su autoridad simbólica, que evidentemente no es lo mismo que la captura neofascista que los movimientos de ultraderecha se proponen obtener en el caos maldito de la pandemia mundial”.

Y despliega una tesis que ya está a la vista y en marcha. “Se impone una nueva relación entre los movimientos sociales, las organizaciones militantes y las fuerzas armadas y de seguridad coordinadas desde el Estado en un nuevo proyecto de soberanía popular. No existirá control de la pandemia en los lugares donde no se puede cumplir con la cuarentena sin unas fuerzas armadas integradas al gobierno popular”.

Agrega que “un Estado democrático, con el suficiente poder decisorio que muestre definitivamente que las fuerzas del orden no pertenecen a las derechas oligárquicas, tal como ha sido históricamente en muchos lugares del mundo. Si en el medio del caos que puede acontecer no surgen Estados populares capaces de generar disciplinas no represivas y creadores de una nueva conexión sensible con los movimientos populares, la situación se pondrá muy difícil”.

La última pregunta a Alemán es bien precisa. ¿Hay posibilidad de construir una nueva hegemonía respecto al rol del Estado, el valor de lo público y las salidas colectivas? La respuesta, en cambio, no lo es. “Que en medio del trabajo de duelo que esta catástrofe exige surja un proyecto transformador que recupere la sustancia ética y emancipatoria de nuestros legados históricos. No está escrito que ocurra como una ley histórica que vaya a suceder inevitablemente, pero a veces ‘solo en el peligro crece lo que nos salva’”.

fuente: infobae

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