Tras la humillante goleada sufrida en el Parque de los Príncipes, el Barcelona recibió al PSG en el Camp Nou con la misión de revertir el 0-4 ante su gente. El complejo objetivo que afrontó el Blaugrana comenzó a percibirse más accesible con el tempranero gol de Luis Suárez a los 90 segundos de iniciado el pleito.

El exagerado esquema defensivo propuesto por Unai Emery llenó de dudas a la defensa francesa, y desde el vestuario los de Luis Enrique encendieron la llama de las esperanzas catalanas.

Si bien el grito estableció tranquilidad en el dueño de casa, el desarrollo del cotejo mermó en la intensidad y la creación ofensiva del Culé no lograba concretar el último toque con precisión. Tuvo que aparecer Andrés Iniesta, con una genialidad pocas veces vista en una cancha, para generar el 2 a 0 que terminó concretando el francés Kurzawa contra su propia valla. El temor de los galos ya no se podía ocultar y el descanso llegó en el momento justo para aclarar las pésimas ideas que presentó el ex entrenador del Sevilla.

Los vestuarios favorecieron a los españoles. En sólo 5 minutos, una insólita e irresponsable infracción de Matuidi sobre Neymar le dio la chance a Messi de gritar el tercero con una perfecta ejecución desde el punto del penal. La sensación de gesta invadió al estadio con el tanto del rosarino. Fue entonces cuando Emery se dio cuenta del grosero error de incluir a Di María entre los suplentes.

Con el Fideo en cancha (entró por Lucas Moura), el PSG tuvo más recursos en el ataque para exponer a la última línea local. Cuando la noche se pintaba de color Blaugrana, Edinson Cavani silenció al estadio con un violento remate que dejó sin posibilidades a Ter Stegen. El golpe le dejó la mandíbula floja al Barcelona, pero una ocasión desperdiciada por el ex Rosario Central dejó con vida a la potencia europea.

Con una obra hermosa de Neymar, el Culé siguió demostrando su mística. El brasileño la colgó del ángulo en un tiro libre perfecto para que las interrogantes se vuelvan a plantear en los jugadores del PSG.

La picardía de Luis Suárez para improvisar una simulación de novela encausó la euforia, dado que el alemán Aytekin compró la supuesta falta y la estrella con pasado en el Santos intercambió la pena máxima por gol.

Los 5 minutos de adición, junto con los desesperados envíos al área visitante completaron una historia que quedará en el recuerdo del mundo futbolero. La figura de la noche llamada Neymar, abasteció a Sergi Roberto y el lateral definió por encima de la integridad de Trapp: 6-1. El gigante del continente sigue vivo, y resultados como éstos lo depositan como principal candidato al título. La estrategia de Luis Enrique, relacionada al anuncio de su salida en junio brindó el resultado deseado. A pesar de la tirante convivencia entre cuerpo técnico y referentes, el Culé se anima a pelear los tres frentes que tiene a su disposición. El sueño de un nuevo Triplete está vigente en Cataluña.

Fuente: Infobae

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