De coronitas en el funcionamiento del sistema judicial y en la cuenta del bar

—¡¡¡Eduard querido!!! ¿Qué hace con esa corona en la cabeza? ¿Acaso está ensayando para representar a alguno de los Reyes Magos?

—No, mi estimado. La actuación es un capítulo que ya cerré en mi vida.

—¿Usted fue actor?

—Sipi.

—¿En dónde?

—Hice radioteatro en mi más tierna juventud.

—Por las dudas no cuente eso porque se le caerán varias sotas.

—Usted no se haga el changuito cañero que esa tintura negra no puede tapar para siempre la realidad.

—Bueno, no se me lo sulfure y largue el motivo de esa coronita.

—Hay malestar entre los empleados judiciales.

—¿Por qué?

—Porque el Ministerio de la Defensa ya está de vacaciones.

—¡¿Cómo?!

—Desde ayer, 23 de diciembre, los muchachos de esa área no van a laburar.

—¿Y los demás?

—Tienen que continuar hasta el último día.

—Deben estar recalientes.

—Como dicen ustedes los tucumanos: vo vé.

—¿Y cómo se justifica eso?

—Pegaron carteles que dicen que están trabajando en modo remoto.

—No me diga.

—Si le digo.

—¿Y si alguien necesita un defensor oficial?

—Ahí tiene. Pero no me preocupan los delincuentes sino alguna cuestión relacionada a la niñez o a la violencia de género.

—En eso tiene razón. Pero, hoy los dejó descansar a los políticos…

—Es un regalito de Navidad. Que no se les haga costumbre.

—Y hablando de regalos, ¿me regala la coronita?

—Sipi, no puedo menos después de la media docena de Coronas que me tomé a su cuenta.

—¡¡¡Ya me jodió de nuevo…!!!

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