Letras de Fuego / Ciclo Nunca Más, Literatura de la Memoria / Por Daniel Posse*. Compartimos el cuento “Su sueño”, del escritor Daniel E. Posse, un gran aporte para este ciclo que busca mantener viva la memoria sobre nuestra historia.
Su Sueño
Siempre soñó con el paraíso, pero su edén personal difería bastante del ideal común.
Llegó a General detrás de un escritorio; quiso comandar legiones, ganar frentes de batallas, cavar gloriosas trincheras, pero la fría intuición unida a una rápida inteligencia, lo convirtieron en un titiritero. Por eso no se sorprendió cuando el Estado Mayor del Ejército le dio el traslado y la responsabilidad de una misión, donde sería un certero y delicado bisturí que amputaría todo tumor creciente, toda posible revolución.
Legó en medio del caos, cuando el terror se descolgaba de los cerros, tiñendo con sangre y fuego los caminos de la selva, cuando el olor a melaza se licuaba con pólvora e impregnaba las cabezas de una generación que intentaba un cambio, quizás de una forma equivocada.
Llegó cuando el estentóreo lamento del trapiche moría y el olvido más la desesperación, se apoderaban de las plazas; cuando los brazos no conocían títulos ni honores y en masa eran estandartes pariéndose en las aulas y los sindicatos; cuando ser joven era peligroso y pensar, una sospecha.
Pero esto se acabó, sólo bastaron unas cuantas órdenes luego de llegar y el jardín floreció.
Primero vació las aulas, tapó las bocas, cortó las manos, anuló las almas, enmudeció los cerros.
Después tapió las villas.
—La miseria da mal aspecto— repetía.
Sus ojos eran certeros, lo asustaban a él mismo cuando se observaba ante el espejo de manera fija y sin pestañear.
La vida había cambiado para él, pero aún quedaba (según su propio concepto) mucho trabajo por hacer, para que éste, el que consideraba su bastión, se convirtiera en su anhelado paraíso.
Ordenó pintar los edificios, pulir las veredas; en las escuelas se estudió de memoria uno tras otro los versos de los próceres de bronce y jamás se cuestionó nada que tuviera que ver con la historia, ni la de los perdedores, y mucho menos la de los ganadores.
Era necesario crear un concepto fuerte en el que todos se sintieran hijos de una sola tradición. Fijó a fuego y bala la estructura en la que asentaría su poder y su gloría. En este paradigma, los símbolos primordiales fueron Dios, Patria y Familia.
El azul y el blanco ondearon en cada mástil, desde las plazas hasta los colegios, en los hospitales y finalmente en los cementerios.
Antes no salía, la calle en su juventud le daba pánico, ahora paseaba todas las tardes por el parque.
Las palmeras formaban un silencioso regimiento que los acompañaba a cada lado del camino.
Para que el lugar estuviera más acorde con su concepción del mundo, transformó la armonía caótica y cotidiana en un tiempo marcial, los campanarios en instrumentos de toque de queda, los amaneceres en un juego claroscuro de llamados a diana.
No más pas de deux y sí paso de ganso; no más marcha nupcial y sí fanfarrias.
Era un hombre al cual la soberbia lo convenció de tener ilimitados recursos y esto se debía (según su ciega creencia) a que su destino poseía tintes mesiánicos.
Nunca dejaba de soñar, ni cuando estaba despierto; era un hábito que jamás pudo corregir.
Se solía perder en cierta ensoñación por momentos y, de sopetón, su mente viajaba hacia un espacio donde palpaba los deseos, logrando así verlos materializados por instantes. Pero al final volvía a la realidad, esos espejismos se disolvían y le dejaban indicios de cómo quería las cosas. Estas incursiones oníricas lo situaban en un lugar donde su boca se terminaba secando, consecuencia de una ansiedad en la que la desesperación emergía a manotazos. Las pesadillas eran inexistentes en su haber de los sueños, ni al salpicar sangre de algunas de sus víctimas. Podía ser un estudiante, un obrero, o ambos, que se atrevieron a contraríalo. Así, con el arma desenfundada y con el gatillo apretado engrosaba las gruesas filas de las bajas enemigas. Ni que hablar cuando escuchaba—deleitándose— el concierto de gemidos que emanaban de los sótanos, al encenderse las picanas.
El sol se esfumó en una fracción de segundo. El día parecía tener un final gris; bebió su café del final de la tarde, estampó su firma en un nuevo decreto, que reafirmaba uno anterior, donde la mendicidad era sentenciada, donde a la vejez se le atribuía un estado de invisibilidad. A los exponentes de estas situaciones no era necesario exterminarlos, solo sacarlos de la mirada de los demás. Por eso eran enviados hacia las fronteras de la provincia; porque ojos que no ven, corazón que no siente.
Terminó el café y salió (como era su costumbre al terminar el día) a caminar. La tarde se enterraba en un mundo de soles ausentes y juguetones, en medio de una resolana inquieta. Los azahares habían invadido la plaza y las veredas. Al doblar en una esquina, un camión sin identificación se detuvo a su lado. No tuvo tiempo para decir nada, lo tomaron por las piernas y los hombros y lo cargaron detrás, sobre la caja; ahí vino la cinta sobre su boca. Cuando se acostumbró a la oscuridad, se vio rodeado de viejos, de mendigos. Abrió aún más grandes los ojos, el grito de protesta no salía, se iba hacia adentro, hacia las entrañas, nadie podía escucharlo. Observó sus manos maniatadas y se detuvo en la piel amarillenta, pecosa, llena de arrugas. Sintió su corazón acelerarse, porque entendía que él ahora también era un viejo.
Daniel Posse
(Del Libro “De Sueños y Azar” – Editorial Nuestra América 2004)
Datos biográficos del autor*
Nació en Aguilares, Provincia de Tucumán, en el Noroeste de Argentina, el 1 de septiembre de 1967. Es Licenciado en Comunicación Social, egresado de la Universidad de Quilmes. Ejerció el periodismo y la docencia. Recibió diferentes premios en su carrera literaria en Cuba, Buenos Aires y otras ciudades de Argentina. Publicó un libro de Relatos llamado “De Sueños y Azar” que lleva más de 30.000 ejemplares vendidos. Recorrió casi toda Argentina presentando su obra, como así también estuvo en La Paz, Bolivia. Estuvo cuatro veces en La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. En el 2022 la ciudad de San Miguel de Tucumán, lo declaró” Ciudadano Ilustre de La Cultura”.
Actualmente ejerce la docencia, posee un Canal de YouTube, llamado DEP COMUNICACIÓN. Publicó su poemario “Las ciénagas”. En este momento está preparando un nuevo Libro llamado “Textos Enajenados”, de Relatos.
En el año 2021 con el texto Circunstancia fue seleccionado para una Antología en Valencia, España. En el año 2022 ganó el primer premio en la Categoría Internacional Cuéntale tu Cuento a la Nota Latina en Miami, Estados Unidos integrando la Antología “Cuentos que Suman” publicada este año en Estados Unidos para el mercado hispano con el texto Alquimia. En el año 2022 también ganó el 2 Premio Internacional Viña Joven y el Premio Colateral Pérez Serantes de poesia ambos de la Fundación San Antonio María Claret de Santiago de Cuba con los poemas: Oración, Soy lo que soy y Cuantos, los que dicen de mí. En el 2022 también fue seleccionado para ser parte de una Antología de Epitafios publicada en España por la Ciudad de Zaragoza.

