Por Manuel Ernesto Rivas (Director Diario Cuarto Poder). Al final, el ex gobernador, José Alperovich y el ex titular de la Dirección de Arquitectura y Urbanismo (DAU), Miguel Brito, parecen estar unidos y enredados por la misma madeja. O como dice el título de esta columna, dejaron sus huellas sobre el cemento de las obras, muchas de ellas no realizadas.

El proceso judicial que se lleva adelante por estos días, en el que Brito se encuentra sentado en el banquillo de los acusados, ha dejado pegado en varias ocasiones al ex mandatario provincial, en especial con una obra realizada en la casa de una de sus hijas y que el Estado, a través de la DAU, solventó.
Lo cierto es que esa relación con los hechos investigados, complican al actual senador nacional que se encuentra ávido de regresar lo antes posible al lugar de poder del que supo disfrutar durante doce años. En esos tres períodos de Gobierno, Alperovich disfrutó de la suma del poder público, con una Legislatura convertida en un verdadero apéndice del PE, en una escribanía, como les gustaba definir a algunos analistas de la política comarcana. El mecanismo era sencillo: el Ejecutivo enviaba proyectos o decretos, que eran convalidados sin objeciones ni debates, por una abrumadora mayoría oficialista. Los parlamentarios provinciales opositores no tenían la posibilidad de torcer esa voluntad casi omnipotente.
Entre esa minoría legislativa estaban los radicales Ariel García y Silvia Elías de Pérez, quienes son los denunciantes del llamado Caso DAU, por el cual se encuentra enjuiciado en el presente el ex titular de esa repartición.
Ambos dirigentes declararon en el proceso judicial, que se encuentra demasiado complicado y complejo para Brito. Sin embargo, la cuestión se complicó aún más para el ex funcionario con una nueva denuncia, esta vez realizada en soledad por García, actual vicepresidente segundo de la Cámara Legislativa.
En esta reciente presentación judicial se incluyen las 31 obras que fueron desestimadas por el tribunal que lleva adelante el juicio contra Brito. La decisión fue tomada en disidencia por dos votos a uno. Ello impidió que se sumarán esas irregularidades a las ya tomadas en ese proceso. Sin embargo, lejos de traer alivio al “alperovichismo”, la decisión abrió las puertas para la nueva denuncia. En esta ocasión, la presentación complica al propio José Alperovich, porque según el planteo realizado por García, sería el jefe de una asociación ilícita, junto con Brito.
El problema de Alperovich es que no puede sostener de manera convincente que estaba ajeno a las maniobras irregulares que concretaba Brito al frente de la DAU. Tampoco puede afirmar que no le dio las herramientas para facilitar la adjudicación directa y la discrecionalidad en la elección, tanto de los proveedores de materiales como de las empresas que se postularían para la concreción de las obras. También resulta que el Tribunal de Cuentas de la provincia, a través de un informe, determinó que una importante cantidad de las obras anunciadas no fueron realizadas o se comenzaron y nunca concluyeron.
El nuevo proceso seguramente llevará su tiempo, como el presente, antes de llegar a la instancia de juicio oral, pero la preocupación que puede proyectarse a esos tiempos, también podría ser más cercana, si Brito fuera condenado y encendiera, como amagó varias veces, ese temido ventilador. Al parecer, no sólo las supuestas huellas secas en el cemento de las obras -realizadas o no- los une, sino también el espanto.

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