futbol

Se dice que el fútbol nació en 1863, con la creación de la Asociación Inglesa de Fútbol. Y es en la isla británica, más de 150 años después, cuando se está a punto de dar uno de los cambios más rotundos en la historia de este deporte: los partidos sin cabezazos.

En este siglo y medio de recorrido, el avance de la medicina no podía estar ajeno al fútbol. Y  un estudio de la Universidad de Glasgow realizado en ex futbolistas escoceses, evidenció que tenían 3,5 veces más riesgo de morir por una enfermedad neurodegenerativa que la media.

Este documento se hizo público tras la muerte del exfutbolista Nobby Stiles. El campeón del mundo en 1966 sufría demencia y falleció en octubre del año pasado, a los 78 años. Tras una serie de análisis, los expertos coincidieron que el cerebro de Stiles se había dañado por los numerosos cabezazos realizados a lo largo de su carrera.

Messi y su cabezazo icónico para el Barcelona, en la final de la Champions League 2009. Foto: REUTERS/Albert Gea.

Messi y su cabezazo icónico para el Barcelona, en la final de la Champions League 2009. Foto: REUTERS/Albert Gea.

El tema se instaló en la agenda, especialmente después de que en noviembre también se le diagnosticó demencia ​a Bobby Charlton, gloria del fútbol inglés. En total, fueron cinco los campeones del 66 que padecieron este trastorno neurológico.

La primera reacción fue prohibir los remates de cabeza en los entrenamientos para los juveniles, algo que ya había implementado Estados Unidos en 2015, país a la vanguardia en esta problemática dada su trágica experiencia con el futbol americano.

En julio de este año, la Premier League se manifestó al respecto y estableció que, a partir de la presente temporada, los futbolistas profesionales tengan solo 10 cabezazos por semana en los entrenamientos para reducir los riesgos a largo plazo de lesiones cerebrales.

Ahora, en un partido

“No me sorprendería que en 10 o 15 años no se permitan los cabezazos en el fútbol”, vaticinó en 2020 el ex futbolista Ryan Mason. El mediocampista se tuvo que retirar en 2017, a los 25 años, luego de sufrir una fractura de cráneo cuando jugaba con el Hull City, tras chocar en un partido con Gary Cahill, del Chelsea.

“No tengo muy claro que los futbolistas sean conscientes del potencial daño que tiene esto. Cuanta más investigación se haga y cuanto más se eduque a los futbolistas en este tema, mejor”, agregó Mason, que desde el retiro trata de fomentar la idea de un cambio.

El exfutbolista inglés, Alan Shearer, promueve el fútbol sin cabezazos. Lo sufrió en carne propia.

El exfutbolista inglés, Alan Shearer, promueve el fútbol sin cabezazos. Lo sufrió en carne propia.

En eso trabaja la ONG Head for change, junto a otros exfutbolistas consagrados como Gary Lineker, Alan Shearer y Kevin Keegan. La idea es preguntarse, ¿es posible jugar a este deporte sin una de sus acciones más características?

Eso tratarán de demostrar el 26 de este mes cuando se juegue el primer partido de adultos sin cabezazos. El experimento se dará en el Brewery Field de Spennymoor Town. Un pequeño estadio, de un pequeño club en una pequeña ciudad, ubicada al norte del país. Pero que puede ser el comienzo de algo grande.

El Cata Díaz, en una foto de 2012. Los defensores tienen cinco veces más riesgo que el resto de sus compañeros de sufrir trastornos neurológicos. Foto: REUTERS/Juan Medina.

El Cata Díaz, en una foto de 2012. Los defensores tienen cinco veces más riesgo que el resto de sus compañeros de sufrir trastornos neurológicos. Foto: REUTERS/Juan Medina.

Allí coincidirán dos equipos integrados por ex profesionales, con un reglamento especial: solo se podrá cabecear dentro del área y durante el primer tiempo; mientras que en el segundo tiempo no estarán permitidos los cabezazos.

La conexión entre los cabezazos y el daño cerebral es evidente, aseguran los especialistas. Y la clave pasa por convencer al mundo del fútbol, tanto a protagonistas como aficionados, que el espíritu de este deporte no se verá alterado por tamaña modificación.

Otra demostración de este fenómeno aparece en las estadísticas. Los defensores, que cabecean mucho más que el resto de los futbolistas, tienen un riesgo cinco veces mayor de sufrir demencia. En cambio, no hay registros de arqueros que a largo plazo manifiesten esta enfermedad.

 

fuente: clarin

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