Adriana Burgos y su cuento de atmósfera tanguera “Volvió una noche”

Un cuento sobre la soledad y las costumbres | Adriana Gladys Burgos nos acerca el cuento “Volvió una noche”, que se suma a las composiciones de muchos escritores que brillan en el ciclo “Escritores contra la pandemia”, de Diario Cuarto Poder. Muchas gracias.

VOLVIO UNA NOCHE

Hoy voy a cumplir aquello que tantas veces en sueños me pidió Elisa- se dijo a sí mismo Franz- él alto, rubio, de ojos azules; nacido en Alemania, en un pueblito del cual ya casi ni recordaba el nombre, y llegado a la Argentina a los 16 años, de esto ya hacía más de cuarenta, a la vez que comenzaba a buscar su traje negro, la camisa gris perla y la corbata ancha, al tono, que guardaba como siempre bien planchado, desde hacía un año, cuando su esposa había partido luego de una cruenta enfermedad, dejándolo solo, aunque en sueños siempre estaba a su lado. Ella morocha, de grandes ojos negros, porteña, y por supuesto llevando el tango en el alma; con ella aprendió a bailarlo, abrazado a su cintura, y así fueron pasando los años sin faltar nunca los fines de semana a ese bar de la zona de San Telmo, barrio de Buenos Aires en el que las tradiciones se mantienen para siempre.
Se preparó y salió a la calle con cierta angustia, por hacerlo solo, aunque sintiendo que ella lo seguía acompañando igual que antes.
Cuando llegó al bar “Tanguero de Ley”, así se llamaba el lugar, el dueño del mismo lo reconoció y rápidamente se acercó a saludarlo, con un buen apretón de manos, cuyo significado era qué entendía su estado de ánimo y lo comprendía, para muchas cosas no son necesarias las palabras; lo ubicó en una mesa junto a la pista de baile, como la que siempre ocupaban cuando concurrían los dos. Ya se “había armado la milonga” y algunas parejas bailaban abrazados, enredados en los acordes y figuras de un buen tango; por su memoria pasaron infinidad de imágenes, todas le acercaban dulces recuerdos, pidió una copa de vino de ése color rubí que acostumbraban a tomar, presintiendo su presencia y para no estar tan solo pidió otra copa, pero la dejo junto a la suya sin llenarla, como esperándola a ella, así se encontraba llevado de la mano por sus emociones, cuando escuchó una voz muy cálida, que a su lado y casi con timidez le preguntaba si podía sentarse también allí; la miró, era una mujer de aproximadamente su edad, morocha, de ojos negros y con un ajustado vestido negro que marcaba una muy buena silueta, él respondió que no le molestaba que se sentara, dado que estaba solo, y se puso de pie para acercarle la silla, ella pareció sorprendida y luego de las correspondientes presentaciones, Rosa, tal era su nombre le refirió que hacía más de un año que no concurría al bar porqué su hermana que la acompañaba siempre, había fallecido y ese día decidió volver sola, y recordando que antes los había visto juntos a él con su esposa, y le parecieron personas amistosas, pensó en solicitar poder sentarse junto a ellos, observó con extrañeza la copa vacía, y cuando Franz llamó al mozo y le pidió que la llenara y se la entregó a ella, entendió que le estaba ofreciendo parte de sus recuerdos, la tomó con cierto temblor en sus manos, que rozaron así las de él, sus ojos también se encontraron en la semi penumbra del lugar, luego de un rato de silencio, sin cruzar una palabra, se pusieron de pie y comenzaron a bailar un tango, entrelazados se dejaron llevar por la cadencia de esa bella música que lo dice todo por nosotros, aunque no hablemos.
Así se inició esta historia en la cual dos solitarios se confiaron en la compañía de esos acordes melodiosos que conforman esa danza sin igual que sabe más de nuestros sentimientos, que uno mismo, porque está dentro de nuestra sangre y corre por las venas de todo aquel que algún día la bailó. –

Adriana Gladys Burgos

 

Datos de la autora

Adriana Gladys Burgos nació en Capital Federal, en el Bº de La Paternal, y actualmente reside en Ezeiza, Bs.As.

Adriana-Gladys-Burgos.

Intervino con sus escritos  en 10 Antologías (2 de ellas bilingües), una Agenda Literaria y posee un libro de su autoría “Pétalos del Alma”.

Ha participado de muchos concursos, recibiendo premios y menciones en varios de ellos, como ser Club de Leones de Montevideo, (Uruguay), UPF Argentina, Centro Vasco-Frances, y otros.

Hasta el año pasado fue vicepresidente del Centro Literario “Acento Poético” de la Ciudad de Ezeiza.

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