Una investigación científica abrió una nueva posibilidad para identificar a la mujer que apareció casi completamente incinerada en Puerto Madero el 15 de febrero de 2015, a pocas cuadras del edificio donde había sido encontrado muerto el fiscal federal Alberto Nisman.
El análisis de tres huesos permitió establecer que la víctima podría haber vivido durante muchos años en el noroeste argentino, particularmente en Tucumán.
Fémur, una costilla y un metatarso de la mujer
El avance surgió de un estudio de isótopos estables realizado sobre un fémur, una costilla y un metatarso de la mujer, cuya identidad permanece desconocida después de más de una década de investigación.
Los resultados fueron elaborados por los investigadores Luciano Valenzuela, Luciano Loupias y Felipe Otero, integrantes del Laboratorio de Ecología Evolutiva Humana de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (Unicen).
La técnica permite analizar los isótopos de carbono y nitrógeno presentes en el colágeno de los huesos para reconstruir características de la alimentación de una persona y compararlas con patrones geográficos conocidos.
En este caso, los especialistas encontraron escasas coincidencias con los perfiles alimentarios habituales de la Ciudad y la provincia de Buenos Aires.
Sería de Tucumán
En cambio, detectaron características compatibles con poblaciones del NOA, especialmente de Tucumán, donde existe una base de referencia más sólida.
Sin embargo, los científicos aclararon que el resultado no constituye una identificación definitiva ni demuestra que la mujer haya nacido en territorio tucumano.
Uno de los aspectos más relevantes fue que los tres huesos presentaron patrones isotópicos similares, pese a que cada uno conserva información alimentaria de períodos diferentes.
Según explicó Valenzuela, esa coincidencia sugiere que la víctima mantuvo una dieta relativamente estable durante muchos años.
Hábitos alimentarios
Mientras que una costilla puede reflejar hábitos alimentarios de los últimos siete u ocho años, el fémur conserva información que puede remontarse a dos o tres décadas.
Por ese motivo, la similitud entre las muestras refuerza la hipótesis de una permanencia prolongada en una misma región o de hábitos alimentarios sostenidos en el tiempo.
La investigación se apoyó en el proyecto Bitácora, una base de información isotópica que reúne actualmente 158 muestras dentales obtenidas en 58 ciudades de 13 provincias argentinas.
El objetivo es utilizar las diferencias regionales en la alimentación como herramienta para orientar la identificación de restos humanos.
La nueva pista resulta especialmente importante porque las condiciones en las que fue encontrado el cuerpo dificultaron prácticamente todas las técnicas tradicionales de reconocimiento.
Habría tenido 50 años
La mujer tenía aproximadamente 50 años y medía entre 1,52 y 1,60 metros, según las estimaciones antropológicas realizadas a partir de sus restos óseos.
Los peritos también detectaron signos iniciales de artrosis y una venda quemada adherida a una pierna, que podría estar relacionada con problemas de várices.
Sin embargo, la destrucción provocada por el fuego impidió recuperar piezas dentales, rasgos físicos distintivos, tatuajes u otros elementos que facilitaran establecer su identidad.
El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) consiguió extraer material genético de restos musculares de las piernas, pero hasta ahora no se encontró una muestra compatible que permita determinar quién era.
Durante los primeros meses de investigación se analizaron 38 denuncias de mujeres desaparecidas. En dos oportunidades surgieron posibles coincidencias, aunque los estudios de ADN realizados con familiares descartaron ambas hipótesis.
Muerte dudosa de criminalidad
La causa, identificada con el número 39.626, fue inicialmente investigada por la fiscal Alicia Bugeiro, bajo la carátula de averiguación de muerte dudosa de criminalidad.
El cuerpo había sido encontrado en inmediaciones de avenida de los Italianos y Marta Lynch, en Puerto Madero.
En el lugar se secuestraron una botella con una etiqueta de alcohol etílico, un bidón blanco y un juego de llaves. Los recipientes estaban aproximadamente a diez metros del cadáver y no presentaban huellas digitales útiles para la investigación.
Uno de los datos que generó mayores interrogantes fue que los estudios forenses no detectaron indicios de inhalación de humo antes del fallecimiento.
Aunque los especialistas no coincidieron plenamente sobre el alcance de ese hallazgo, una de las hipótesis es que la mujer ya estuviera muerta cuando comenzó el incendio.
Homicidio o un suicidio
La investigación nunca logró determinar si se trató de un homicidio, un suicidio o una muerte ocurrida en otras circunstancias.
El caso adquirió repercusión nacional por su cercanía temporal y geográfica con la muerte de Alberto Nisman, ocurrida el 18 de enero de 2015 en el complejo Le Parc.
Esa coincidencia alimentó numerosas versiones que intentaron vincular ambos episodios, incluida la posibilidad de que la víctima fuera una empleada del fiscal o una persona relacionada con los servicios de inteligencia.
Sin embargo, esas versiones fueron descartadas o carecieron de sustento probatorio. Pese a que el expediente fue reabierto en tres oportunidades para revisar posibles conexiones, nunca se encontraron evidencias que relacionaran ambos hechos.
La búsqueda de identidad cobró nuevo impulso en 2024, cuando se recuperaron los restos de la mujer del Cementerio de la Chacarita, donde permanecían preservados por una medida judicial.
La exhumación permitió seleccionar las piezas óseas que posteriormente fueron sometidas al análisis isotópico.
En esta nueva etapa también interviene la Secretaría de Identificación y Búsqueda de Personas Extraviadas (Sifebu), dependiente de la Unidad Fiscal Especializada en Investigación Criminal Compleja (Ufecri).
Sistema NombrAr
El organismo utiliza el sistema NombrAr para cruzar información de personas fallecidas sin identificar con registros de denuncias por desaparición.
Con los nuevos resultados, los investigadores cuentan ahora con una orientación geográfica que podría permitir revisar casos de mujeres desaparecidas en Tucumán y otras provincias del norte argentino.
La posibilidad de identificar a la víctima sigue dependiendo de encontrar información compatible y, especialmente, de obtener muestras genéticas que puedan cotejarse con el ADN recuperado.
Después de más de once años, la mujer hallada calcinada en Puerto Madero continúa sin nombre y las circunstancias de su muerte permanecen sin esclarecer. Pero el estudio de sus huesos incorporó una pista concreta que podría acercar a los investigadores a resolver uno de los casos policiales más enigmáticos de la última década.
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