Con un pedido de prisión perpetua por parte del Ministerio Público Fiscal, comenzó el juicio contra tres detenidos acusados de haber protagonizado uno de los episodios de violencia intramuros más estremecedores registrados en Tucumán en los últimos años.
Los imputados están señalados por la tortura y posterior muerte de un compañero de celda en la comisaría de Los Pocitos, ocurrida hace poco más de un año.
Alevosía y ensañamiento
El proceso judicial busca determinar la responsabilidad de Juan Marcelo Luna (22), Jesús Huasi Biza (28) y Nelson Emanuel Jerez (25), quienes llegan a debate oral acusados por lesiones leves y homicidio agravado por alevosía y ensañamiento. El tribunal deberá resolver si corresponde una condena a prisión perpetua o si los imputados resultan absueltos.
De acuerdo con la acusación expuesta por el auxiliar fiscal Miguel Fernández, bajo instrucciones del fiscal Carlos Sale, el hecho ocurrió el 30 de abril dentro de uno de los calabozos de la dependencia policial, donde se encontraban alojadas 44 personas en un espacio de apenas cuatro metros por cuatro.
Según la reconstrucción presentada por la Fiscalía, los tres acusados descubrieron que habían desaparecido unas pastillas psicotrópicas que consumían para drogarse y comenzaron a buscar al supuesto responsable del robo entre los demás detenidos.
Tatuado “Rata”
En una primera instancia señalaron a otro interno, identificado como Gastón Alberto Frías. Entre los tres, según la acusación, lo golpearon en el rostro. Luego Biza y Jerez lo inmovilizaron mientras Luna, utilizando una máquina de fabricación casera, le tatuó en la espalda la palabra “rata” y además realizó un dibujo ofensivo.
Sin embargo, al advertir que Frías no habría tenido relación con el faltante, dirigieron la agresión hacia Víctor Hugo Herrera.
El expediente sostiene que la víctima permanecía profundamente dormida tras haber ingerido varios de los psicofármacos que estaban en poder de los agresores y que, debido a su estado de intoxicación, se encontraba completamente indefenso.
Tortura brutal
La acusación sostiene que los tres lo tomaron de los pies y lo arrastraron hasta la letrina ubicada dentro del calabozo. Allí, según los testimonios incorporados a la causa, comenzaron una brutal secuencia de torturas.
Fernández afirmó que Herrera fue sometido a golpes de distinta naturaleza, recibió dibujos ofensivos en su cuerpo y además sufrió descargas eléctricas en sus partes íntimas mediante cables pelados que se encontraban dentro de la celda. Los testimonios de otros detenidos indican que los castigos se extendieron durante aproximadamente dos horas.
La asistencia llegó recién cerca de las 11 de la mañana, cuando otros internos reclamaron la intervención policial. Posteriormente, Herrera fue trasladado al Hospital Padilla, donde falleció al día siguiente a raíz de las lesiones sufridas.
Piden pena máxima
Durante la apertura del debate, el representante del Ministerio Público sostuvo la gravedad de los hechos y solicitó la pena máxima prevista por la legislación.
La querella, representada por Javier Lobo Aragón (h) y Juan Pablo López, acompañó el planteo fiscal y también pidió prisión perpetua para los tres acusados.
“Estamos ante un caso sin antecedentes en la historia de la provincia. Tres detenidos torturaron sin piedad a una persona que se encontraba totalmente indefensa”, sostuvieron los abogados que representan a la familia de Herrera.
Por su parte, las defensas rechazaron los cargos y solicitaron la absolución de los imputados.
Su estrategia se centró en cuestionar la identificación de los responsables, al remarcar que en el lugar había más de 40 detenidos alojados. También apuntaron contra el accionar policial, al señalar que resulta llamativo que los custodios no hayan escuchado pedidos de auxilio y que el hecho se descubriera varias horas después.
La sentencia quedará en manos de los jueces María Isabel Méndez, Augusto Paz Almonacid y Juan Pablo Di Lella, quienes deberán analizar los testimonios, las pruebas incorporadas al expediente y las declaraciones de los acusados antes de emitir un fallo.


