Letras de Fuego / Ciclo Malvinas por Siempre / Por Gustavo Díaz Arias*. Compartimos el aporte poético de este escritor tucumano en el ciclo que busca rendir un justo homenaje a nuestros héroes de Malvinas.
LA DESINFORMACIÓN
La romantizamos: la guerra era nuestra.
Les creímos. Nos inocularon una euforia limpia, casi feliz.
Nos vendieron la victoria como quien promete un verano,
y, mientras tanto,
mordiendo las horas,
avalamos la muerte de los nuestros.
Jamás vimos las contradicciones:
una y mil palabras encendidas,
y la verdad, apagada,
a un costado.
La simplificación del conflicto
nos volvió celebrantes de lo irreparable.
Aplaudimos la Fuerza de Desembarco,
zarpando de Puerto Belgrano
un 28 de marzo que no entendía lo que llevaba.
Convencimos al otoño
de que era un verano caluroso.
Y hasta el clima nos creyó.
No bastaron los titulares grandilocuentes,
ni ese tono triunfal, precoz, casi obsceno.
No bastaron los abrazos, últimos sin saberlo,
ni los besos que ya eran despedida.
Tampoco alcanzaron
los gritos urgentes por un regreso imposible.
Porque la historia nunca termina
cuando se escribe con mentira:
se repite en la soledad,
en lo que no vuelve,
en lo que queda
temblando para siempre.
FUE REAL
Para sobrevivir,
tuve que negar el hambre.
Pensarme en un pasto verde
para no temblar.
La desorganización
engendraba otra violencia,
más honda
que la que ya me habitaba.
El mar, agresivo,
me obligaba a pensar en el amor.
Lo negué.
Lo negué todo.
Lo sigo negando.
Solo sé negar
para poder seguir.
No hacía falta ser profetas:
el silencio nos apretaba la garganta,
mientras cuerpo adentro
ardía un incendio forestal.
Yo quería la vida.
No una extremaunción anticipada.
Las órdenes sobraban.
La seguridad, no.
Los gritos, inútiles,
terminaron de romper la confianza.
El torpedo
destruyó mi fe
antes que al ARA General Belgrano.
No tengo palabras.
No puedo mentirle
a quienes me esperan:
ya los defraudé
antes de volver.
Y este dolor,
esto,
no va a pasar.
REGRESO
No hubo final feliz.
Regresaron voces seguras
de lo que nunca supieron.
La ingenuidad de los que esperaban
se derrumbó en la mirada:
una lluvia de abrazos rotos.
También hubo
no abrazos.
Y la certeza
de que la nochebuena
no volvería a festejarse igual.
Miles de dudas.
Y una madre
aferrada al retrato
de una imagen que ya no encajaba.
El cielo se retiraba.
El viento
sacudía lo poco que quedaba.
Algunos padres
volvieron solos a casa.
Por la locura de otros,
la primavera
fue arrebatada.
Nos quedaron
los sueños oxidados,
los duelos suspendidos,
una guerra que no termina.
Las no respuestas
de la carta perdida.
Un giro innecesario
que siguió matando.
En cada ciudad
hay gritos escondidos
en las esquinas.
Y desde entonces,
todo,
esto,
ha perdido sentido.
Gustavo Díaz Arias
Del libro inédito “La Guerra fue Adentro”

