Ciclo Malvinas por Siempre: la escritora Nancy Olivera

Letras de Fuego / Ciclo Malvinas por Siempre / Por Nancy Olivera*. Compartimos el cuento de la escritora santiagueña radicada desde la década del 80 en Jujuy, quien es una de las animadoras culturales de la región con una gran producción literaria.

El silencio de Chito

Alejado del ruido y de toda presencia humana, Chito sólo habla con sus pensamientos. El brazo del río está manso; sin embargo, él sabe de sus trampas profundas. En el silencio del monte santiagueño, el silbido de los pájaros le recuerda una infancia pobre, pero alegre. La Chela, su mujer y el Cachilo, su único hijo, no quieren entender que prefiera pescar a estar entre la gente.
Silenciosas y taciturnas son sus mañanas; largas y dolientes, las tardes; las noches, eternas. Los desvelos hasta la madrugada descubren su dolor y hacen sangrar sus sueños hasta el amanecer. ¿Por cuánto tiempo más? Más de cuarenta años. A pesar del tiempo, él siente, como ayer, la piel de su rostro agrietada por el frío y los dedos de sus pies congelados por una tierra hostil.
Terminaba la primaria. Con dieciocho años recién cumplidos, partía a enrolarse en el servicio militar, andando por el lejano 1976. Todos los chicos de su edad fueron aptos para la milicia en ese año. Como soldado raso lo destinaron para ir al monte tucumano.
De ese monte de hombres drogados y de esos tiempos oscuros, había salido con vida y algo de experiencia. Tal vez, por ello o porque no tenía muchas más opciones se había quedado en el ejército, que le ofrecía una carrera y el pan de cada día. Podría ayudar a su madre.
Muchas veces, sus recuerdos se mezclaban difusos en su mente, la cual era un mar de sangre helada envuelta en rugidos de dolor y de hambre. Siempre, preferiría la soledad y el silencio. Gozaba de mojar sus pies renegridos en el barro pegajoso y las aguas oscuras y calientes de ese pedacito de río Dulce. No le hacían faltan las palabras ni la gente.
Cuando por necesidad iba a la ciudad y se topaba con esos changos, que vagaban haciéndose los cancheros con aliento a marihuana y tatuados por todo el cuerpo, recordaba su juventud sin arrepentirse de haber sido un buen milico. Cuando por las mañanas, entre mate y mate, pensaba en sus años mozos y los trabajos realizados en el batallón de ingenieros, sentía un orgullo profundo y las lágrimas le brotaban sin que se diera cuenta. Cuando en las ardientes tardes santiagueñas se bajaba al río, el primer roce con el agua lo hacía temblar al sentir nuevamente el hielo dentro de sus botas al pisar la Gran Malvina. Cuando en las noches de desvelo sus recurrentes pesadillas lo tiraban en el pozo zorro de la trinchera pegado al de su amigo, rogaba, a los gritos, volver a la vigilia. Era en vano. La imagen del Juancho pidiéndole un pucho. Su salida del hueco para ir a ishpar . Los ojos del Juancho mirándolo fijo y presintiendo un adiós. Las manos del Juancho ampolladas y duras de frío cargando el fusil. La granada cayendo en el hueco. Luces de sangre dolientes, amargas. La cabeza del Juancho volando en la noche. Sus piernas, sus brazos, sus entrañas, su corazón, salpicando de rojo unas rocas ariscas y plasmando el horror.
– ¡Despertate, Chito! Estás soñando. Despertate, por favor. Contame esa pesadilla. Gritas, aúllas pidiendo morir.
Así eran los días y las noches del cabo del batallón de ingenieros de combate, Chito Martínez. Un veterano pobre e ignorado, odiado por muchos, amado por pocos, respetado por nadie.
Siempre callado, Chito se niega una y otra vez a contar lo vivido en esas islas del sur. ¿Para qué? ¿Tendría las palabras justas o el coraje de entonces? ¿A quién le importaría, hoy, saber que él había muerto ese anochecer del 11 de junio de 1982 en el mismo maldito pozo que Juancho?

Nancy Olivera

Datos biográficos de la autora*

Nancy Olivera nació un 15 de febrero de 1961 en Santiago del Estero. Terminó la escuela primaria y la secundaria en La Banda.
Escribió su primer poema, dedicado a su padre, a los 13 años. Se recibió de profesora en el Profesorado de la Escuela Normal General Belgrano de Santiago del Estero.
Nancy Olivera en la entrevista realizada por Diario Cuarto Poder.
En 1983, se radicó en Libertador General San Martín, Ledesma, en donde se desempeñó como docente. Se recibió de Licenciada en Letras en la Universidad Nacional de Jujuy (UNJu).
Publicó en poesía, Etapas (2008) y Cuestión de vida (2013) y en cuentos breves, Tuka (2015), Cuentos de Selva urbana (2022) y Dos docenas con yapa (2025).
Sus textos aparecen en varias antologías de GRADA, (Vivencia, Nuevas vivencias y Vivencias II, Vivencias III), de la SADE filial Jujuy Las joyas del Encuentro, Nos Mester. Otras antologías: Con letra de mujer, ellas y nosotras (libro de reseñas), El cuento en Jujuy, narradores de principios del siglo XXI, Las voces de Jujuy (poesía) y otras más.

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